Catalejo
Todos los países ya están afectados por la guerra USA-Oriente Medio y su población debe adaptarse a los urgentes cambios.


Esta guerra es mundial, y no es solo militar, sino económica, como siempre. El petróleo afecta a todos los países, sobre todo occidentales, imposibilitados de detener a los países del Oriente Medio y los demás donde existen gigantescos depósitos. Un país como Guatemala —debe reconocerse— no puede hacer nada con el aumento de los precios de los derivados petrolíferos. Al entenderse con claridad, provoca cambios urgentes derivados de la adaptación a esa realidad. El cambio de época ya comenzó y la población guatemalteca, junto con la del resto del mundo, necesita adaptar su vida cotidiana a esta nueva realidad, cuya más dura palabra es escasez y elevación en los precios de todos los productos. Aplicar criterios antiguos es inútil y absurdo.
Estamos como cuando se debió dormir en calles o parques a causa del terremoto de 1976. No hay forma de saber cuándo ocurrirá el próximo, pero se trata de realidades inevitables. Ahora, un 90% de los guatemaltecos actuales no ha vivido esa experiencia y solo la conocen de oídas. Ante la guerra en Oriente Medio es el momento de tomar decisiones inesperadas, pues el petróleo es ahora el factor fundamental, aunque lo militar tenga su escenario en un espacio amplio pero no en todo el mundo. Estados Unidos, por muchas razones, deberá adaptarse aunque en su territorio no caiga ni una sola bomba o dron, y desde el punto de vista electoral todo parece indicar cambios de rumbo, pues los estadounidenses “votan con el bolsillo” en todas las elecciones.
Si Guatemala utiliza estrategias al estilo pan para hoy y hambre para mañana, como subsidiar precios, sin pensar en el factor económico, simplemente está dando largas a una crisis en realidad completa y variada. Sus efectos son el resultado directo de la irresponsabilidad de la forma de manejar el país, convertido desde hace décadas en fuente de corrupción y pillaje en todos los sectores. A esto se agrega la irresponsabilidad de hordas de infames politiqueros dispuestos a engañar a los ciudadanos, sobre todo integrantes de las clases necesitadas y alejadas de la educación indispensable para avanzar en su nivel de vida. Esta calaña malviviente ataca al gobierno porque sueña con llevar a algún integrante de su horda al Ejecutivo y a la “clica novenera” del Congreso.
Algunas realidades son añejas. La ciudad, los caminos, se paralizan todos los días por el exceso vehicular. El transporte de una persona por cada carro debería ser un lujo del pasado. El colectivo y debidamente ordenado es una manera de iniciar la reducción del superfluo exceso vehicular. Por supuesto, este tipo de transporte necesita ser seguro y también obliga a tener cuadras seguras para el uso del pasajero. Estas son medidas necesitadas de comprensión. El aumento del precio de la comida debe tener algún tipo de control porque los salarios no se han adaptado a esta realidad y, lejos de eso, los empleos están reduciéndose, aunque la macroeconomía diga otra cosa. El conflicto bélico causa una seria crisis, imposible de prever, pero de largo plazo.
El escenario de esta tragedia en desarrollo se encuentra a unos 14 mil kilómetros de Guatemala, pero sus efectos específicos ya son una realidad en todo el mundo. Vale la pena recalcar: estamos en un cambio de época relacionada con la vida humana. La insistencia en continuar acciones bélicas de miles de millones de dólares ya es irracional. Urgen armisticios, acuerdos y seriedad para cumplirlos, así como los análisis históricos desde el punto de vista de la serenidad porque la opción única es la destrucción del planeta. Sin duda, una tarea difícil, pero no imposible si se obliga a quienes hagan promesas, cumplirlas al cien por ciento. Cualquier ser humano, sin importar sus diferencias, rechaza la matanza de inocentes y verla en vivo por la televisión.
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