Un estudio sobre depredadores de nidos encontró que los mirlos de alas rojas casi nunca atacaron físicamente a serpientes de cascabel, aun cuando esas aves del oeste de Oregón probablemente no habían tenido experiencia previa con esas víboras.
La investigación, publicada en Behavioral Ecology y encabezada por Shelby Lawson, de la Universidad Estatal de Oregón, comparó la respuesta de esta especie ante arrendajos, ardillas de tierra y serpientes. Según Phys.org, los científicos usaron figuras inanimadas y realistas en plataformas cerca de los nidos.
El experimento también incluyó tordos parásitos, que ponen huevos en los sitios de crías ajenos, y gorriones cantores como especie de control porque no depredan nidos de este ejemplar. Las pruebas se hicieron en decenas de refugios; algunos tenían huevos y otros pichones.
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El resultado más marcado apareció en la comparación entre las dos clases de ofidios evaluadas. Las aves golpearon físicamente a una serpiente de cascabel solo una vez, frente a más de 80 ataques contra serpientes topo, una especie no venenosa.
Ese contraste surgió a pesar de que las reacciones generales ante ambos reptiles fueron parecidas en otros aspectos. “No sabemos si fue porque reconocieron el peligro o si hay algo en las características de la víbora o en el cascabel que hizo que las aves se detuvieran”, afirmó Lawson.
También señaló que las serpientes de cascabel son nativas del oeste de Oregón, pero su extirpación al oeste de las Cascadas en el siglo XIX hace probable que los mirlos de esa zona ya no convivan con esa especie.
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El proyecto amplía la comprensión de la teoría de la inversión parental, un concepto biológico que intenta explicar de qué forma y en qué momento los animales asumen más riesgos o destinan más energía a proteger a sus crías, frente a la alternativa de preservar su propia vida.
En ese marco, los mirlos de alas rojas ya habían sido estudiados por su agresividad como defensores del refugio. Según Lawson, estas aves ajustan sus niveles de agresión y sus tácticas de defensa en función de la vulnerabilidad del nido y el riesgo que representa para los adultos.
La investigadora explicó que pueden golpear físicamente a un arrendajo o a una ardilla que comen huevos, pero que frente a un halcón, capaz de atacar también a los padres, optan por mantenerse a distancia y emitir llamadas de alarma.
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Los científicos observaron que los mirlos respondieron más agresivos a los depredadores que a las especies de control. Sin embargo, no mostraron mayor cautela ante las serpientes, aunque suelen ser un peligro potencial más alto para los padres que otras especies.

Lawson explicó que los mirlos y otras aves paseriformes suelen actuar con más cautela frente a depredadores que también pueden atacarlas a ellas. En cambio, cuando la amenaza se concentra en el nido o en las crías, responden con ataques directos.
Durante la incubación, ninguna de las 2 especies fue golpeada. En la etapa de pichones, en cambio, los mirlos atacaron con frecuencia a las serpientes topo. Esa diferencia reforzó la idea de que el valor de la cría influye en la intensidad de la defensa.
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“Este es el primer estudio que analiza las respuestas de las aves reproductoras a serpientes venenosas y no venenosas dentro del marco de la teoría de la inversión parental, y demuestra que debemos incluir serpientes en este tipo de pruebas con más frecuencia”, sostuvo Lawson.
También afirmó que todavía no se conoce por completo cómo estos animales reconocen o toman decisiones frente a las víboras, pese a que constituyen una amenaza importante.