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AFP
19 de agosto, 2026 - 07h30
“Tuve que dejar de trabajar, no podía pensar en otra cosa”. Como millones de franceses, André, de 32 años, sufre ecoansiedad en pleno verano de olas de calor sin precedentes, incendios y sequías que alimentan una “sensación de apocalipsis”.
Europa occidental vivió el inicio de verano más cálido jamás registrado y Francia batió un récord con 52 días de ola de calor desde mediados de junio, repartidos en tres episodios, uno de los cuales todavía no terminó.
André, que prefiere mantener el anonimato por su trabajo y porque dice sentir vergüenza, tuvo que pedir la baja por enfermedad durante la ola de calor de junio, ya que estaba sufriendo “violentas crisis de angustia”.
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“Estaba completamente paralizado y era incapaz de concentrarme”, confiesa este ingeniero, a quien le preocupan especialmente los “próximos veranos”.
La investigadora belga-canadiense Véronique Lapaige definió en 1996 el término de ecoansiedad, “un fenómeno híbrido y un malestar identitario” ligado a la toma de conciencia de las alteraciones en el planeta y a la dificultad de proyectarse en él.
Según un estudio oficial de 2025, 16,6 millones de franceses presentan síntomas de malestar psicológico relacionados con el medioambiente.
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Estos están especialmente presentes entre las personas de 25 a 34 años, que tienen dificultades para proyectarse en un mundo marcado por el calentamiento global, además de sus inquietudes vinculadas al empleo y la vivienda.
André reconoce que no se sentía “particularmente afectado por la causa ecológica y las catástrofes climáticas”, hasta este verano y su sucesión de largos períodos de temperaturas extremas.
Los devastadores incendios forestales y las olas de calor “han hecho aumentar en 2,6 millones el número de personas que sufren ecoansiedad”, afirma Pierre-Éric Sutter, director del Observatorio de la Ecoansiedad, en base a los primeros resultados de un estudio que se publicará en septiembre.
“Sensación de apocalipsis”
El aumento de esta angustia climática preocupa a los poderes públicos que, a finales de julio, lanzaron una campaña titulada “¿Cómo gestionar la ecoansiedad?”.
Sutter distingue siete grados de ecoansiedad, desde la preocupación al desarrollo de ideas suicidas.
“La ecoansiedad no es una enfermedad, pero sí enferma”, explica el experto, quien recomienda en particular los grupos de apoyo, para “darse cuenta de que no se está solo”.
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Este es el objetivo de la asociación “Makesense”, que desde 2025 organiza reuniones para hablar de los temores.
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“Este verano sentí una sensación de apocalipsis, tuve que dejar las redes sociales, estaba paralizado de miedo ante la idea de ver las noticias”, cuenta entre suspiros Cyril Chedeville, de 59 años y oriundo de una región marcada por los incendios.
Estos grupos de apoyo le permitieron “dejar de sentirse solo”. Según Anne-Catherine Lanchou, doctora y conferenciante sobre ecoansiedad, el proceso de curación se apoya en cuatro ejes, entre ellos la regulación de las emociones.
Pero “en la mayoría de casos”, participar en una causa ecológica constituye una etapa clave: “Se empieza a estar mejor cuando pasamos a la acción, cuando nos decimos: ‘Yo también tengo un papel que desempeñar’”, explica.
Albane, de 39 años, orientó toda su vida profesional a esta causa tras volverse ecoansiosa “durante una clase sobre el cambio climático en 2010”, y ahora ejerce de consultora en desarrollo sostenible para empresas.
Pero reconoce que el objetivo no es hacer desaparecer ese miedo, “es aprender a vivir con él”. (I)