Ester Muñoz: “Disfruto debatiendo con Bolaños y Rufián, tienen cintura e inteligencia, pero Carlos Cuerpo es robótico y repetitivo”

2026/08/09

En camisa de once varas

Leonesa de 41 años, la portavoz en el Congreso se ha convertido en uno de los rostros de la renovación del PP y su oratoria destaca en un partido donde ese talento no sobra. Suena como futura ministra

Ester Muñoz: "Disfruto debatiendo con Bolaños y Rufián, tienen cintura e inteligencia, pero Carlos Cuerpo es robótico y repetitivo"

Actualizado Lunes, 10 agosto 2026 - 00:19

No hay vuelta atrás. Ya eres una política conocida con todo lo que implica.Sí, me di cuenta cuando me reconocieron en el Mercadona, con mis mallas del gimnasio, comprando pescado. Pero aunque la gente ya me habla por la calle, todavía no soy plenamente consciente. Sigo identificándome como la hermana de mis hermanos que hace el tonto en casa y la hija de mi madre que ayuda a poner la mesa. Aún no soy consciente de haberme convertido en alguien público, pero sé que es así y que va a ir a más y el día que me atropelle, probablemente me quede KO. ¿En qué sentido?Porque el ego no es prioritario en mi forma de entender la vida ni la política. Creo que llevar un cargo como el mío sin darle demasiada importancia te permite mantener un punto de humildad muy necesario. Es decir, no me considero La Portavoz del grupo parlamentario popular, así en mayúsculas. Me ha tocado en estos momentos ser la voz del grupo y liderar un poco, pero soy una más del PP. Es fundamental tener los pies en el suelo. En mi casa siempre han sido de agarrarme para que no me suba demasiado.¿Supone mucha presión ser la voz de un partido al que han votado 8 millones de españoles?Es una responsabilidad muy grande que llevo con mucho estudio, con mucho trabajo y siendo consciente de que no siempre voy a acertar. No me pongo un listón imposible, no pretendo ser perfecta, pero necesito saber que hago todo lo que está en mi mano y le dedico todo el tiempo posible. A partir de ahí también hay un factor suerte y un factor humano que hacen que no siempre esté acertada.En un Parlamento donde escasean los buenos oradores, destacas. Tus intercambios con Gabriel Rufián, que domina la escena como pocos, son realmente entretenidos.
Me echaban mucho de clase por hablar, así que es lo mío desde pequeña y siempre he tenido capacidad de expresarme, de ser persuasiva y de convencer con argumentos. En Derecho se me daban muy bien los litigios y he sido siempre muy inquieta intelectualmente. Me interesa sinceramente saber qué piensan otros, por diferente a mí que sea, y creo que eso me ayuda en la faceta política. Ser abogada me ha ayudado a intuir qué va a decir el contrario y preparar mi respuesta antes de que lo diga. Eso en política es muy bueno. Con las ruedas de prensa, igual. Las preparo poniéndome en la piel del periodista que más caña va a darme y es difícil que me sorprendan con una pregunta. Muy difícil.¿Quién es tu oponente preferido en el Congreso?Me gusta la gente que sabe debatir, que me hace pensar e, incluso, moverme de mi posición y recapacitar. Hay muy poca gente capaz de eso. Por ejemplo, debatir con el vicepresidente Carlos Cuerpo no me genera ningún aliciente. Es una persona robótica, repetitiva e incapaz de confrontar lo que le digo. Trae su discurso preparado y fuera. Por contra, con Félix Bolaños disfruto porque, como Rufián, tiene cintura y te contesta con inteligencia. Entonces, hay un diálogo partiendo de posiciones enfrentadas que es precisamente lo que es la política.¡Ah, era eso! Cualquiera lo diría…[Risas] Ya, cada vez pasa menos. Predomina que uno repita de pe a pa lo que le han preparado sus asesores y se siente sin entrar siquiera en lo que contestas. Para mí eso no es un símbolo de inteligencia como nos quieren vender algunos, es un símbolo de que no tienes capacidad de análisis ni de debatir. Antes hablabas de Rufián. Rufián sí la tiene.¿Es tu archienemigo?No, yo no me considero enemiga de nadie. Es verdad que dijo que iba a hacer todo lo posible para que yo no fuera ministra, pero también dijo que considera que soy una de las personas más estudiosas y que mejor habla del Parlamento, lo cual demuestra el respeto y es mutuo. Otra cosa es que ideológicamente estamos en las antípodas y, por tanto, es evidente que él va a hacer todo lo posible dentro de la política para que yo no sea ministra igual que yo trabajo para que él tampoco lo sea. Eso no quiere decir que no puedas valorar cualidades en adversarios políticos. Para mí solo hay una línea roja en cuanto a las personas y es Bildu. Con personas que justifican que se haya asesinado por unas ideas no tengo nada que hablar, ni siquiera un saludo. No significan nada para mí y me parece una anomalía que forme parte de un parlamento democrático gente que, hasta antes de ayer, ha llevado personas con delitos de sangre en sus listas. A partir de ahí, respeto a todos los adversarios con independencia de las ideas que tengamos cada uno.¿También cuando miembros de Vox defienden ideas próximas al franquismo o al racismo? Es un falso dilema comparar a Bildu con Vox. No tiene nada que ver y, por tanto, me vas a permitir que lo primero que haga sea negar ese falso mito y esa equiparación que a menudo hace la izquierda. En Vox nadie ha matado a nadie ni justifica que se mate a nadie ni nunca ha defendido ningún proyecto que signifique matar a nadie. Vox como partido no defiende el franquismo. Otra cosa es que haya habido individuos que hayan tenido intervenciones desafortunadas, como en todos los partidos porque yo quiero recordar que aquí también hay partidos que defienden dictaduras comunistas…No me puedes negar que ha habido un cambio de postura del PP hacia Vox desde que sabe que sin ellos no gobierna. Lo hemos visto en Andalucía, en Extremadura…Lo importante son las políticas que llevamos a cabo en los gobiernos que estamos con ellos. La semana del Orgullo, Sánchez grabó un TikTok, que es curioso porque está en contra de los oligarcas pero está todo el día en sus redes, diciendo que España ha subido a la primera posición de países donde mejor vive el colectivo LGTBI. Hemos alcanzado ese podio cuando el PP gobierna en el 70% del territorio español y lo hemos hecho con Vox. Si hubiera un retroceso de derechos, eso sería imposible porque, entre otras cosas, las comunidades gestionan los servicios públicos.Pero cada vez os aprietan más, han colado la prioridad nacional en el pacto andaluz.No lo creo, pero no pasa nada por afrontar una gestión racional de la inmigración. Cuando habla de ello el señor Illa, ya nos le parece mal. Hay mucho cinismo con este tema. ¿Entiendes el auge de la antipolítica y el hartazgo ciudadano?Creo que se exagera un poco, yo he vivido otras épocas parecidas. Recuerdo, cuando el PP llegó al poder en 2011, manifestaciones en contra de Rajoy. Trabajaba en Génova entonces y nos reventaron los cristales con la Ley de Educación, cuando sólo llevábamos seis meses de gobierno y era materialmente imposible que hubiéramos podido hacer algo tan terrible. El nacimiento de Podemos, y en menor medida el de Ciudadanos, trajo un populismo y un tipo de lenguaje muy agresivo. Esos años era muy difícil tener una carpa del PP en la calle y hoy eso no pasa.Te hiciste de derechas cuando no estaba de moda entre los jóvenes.Por supuesto. No se llevaba nada de nada. No sé en qué momento me convertí o me llegó el Espíritu Santo. Es verdad que he nacido en el seno de una familia conservadora y tenía ese caldo de cultivo, pero mis amigas eran todo lo contrario como casi todos los jóvenes de principios de siglo. Yo me afilié al PP en 2003, mis padres no me dejaron antes de aprobar selectividad, en plena crisis del Prestige y de la guerra de Irak. Cuando nadie creía en el PP, yo estaba ahí. Sobre todo porque veía una cacería injusta y pensé que era el momento de militar y decir: "Sí, soy del Partido Popular".
La portavoz del PP bebe una cerveza en el Congreso.

La portavoz del PP bebe una cerveza en el Congreso.Ángel Navarrete

¿Qué te dijeron tus amigas?Nunca lo oculté, al revés. En la universidad, la mayoría se iba de manifestación, que en realidad lo que hacían era fumarse las clases para ir al parque, y yo me quedaba en clase como símbolo de rebeldía. Al año y pico ganó Zapatero y yo conservé a mis amigas, que eran todas de izquierdas, pero cuando en 2011 entré a trabajar en Génova y ganó el Partido Popular, dejaron de hablarme.¿De golpe?Sí, sí. No les gustaba, me veían como enemiga. En ese episodio que te he contado de 2012, cuando rompieron las cristaleras de la sede del PP, en el grupo de amigas empezaron a comentar: "Poco han roto". Joder, yo estaba dentro, lo pasé mal y fue una sensación de falta de respeto y de empatía tremenda. Lo dije y… O sea que, aunque generacionalmente encajas, del 15-M no quisiste saber nada.No, no me llamó, pero creo que todas las generaciones de jóvenes a lo largo de la historia han visto que los políticos, de una manera u otra, no responden a sus necesidades. A finales del siglo XIX ya se hablaba de la casta política y si coges diarios de sesiones de la época de la Transición, también había debates chungos y fuertes discusiones. Y en la República, que algunos ensalzan tanto ahora, un diputado del Partido Socialista sacó una pistola y amenazó a otro diputado. Hemos vivido situaciones muy difíciles. Lo que pasa es que los casos de corrupción sistémica en los que ha caído el Gobierno de España, que además venía con la promesa de regenerar la política, hacen que mucha gente encienda el televisor y ya no distinga. Todos les parecemos lo mismo sin serlo. Yo entiendo que la gente esté harta. Yo también.¿Por qué debe creer el votante que, pese al historial de corrupción de los dos grandes partidos, el PP va a ser diferente si gobierna?Cuando tú gobiernas un partido tan grande y con tanto poder territorial, es imposible garantizar corrupción cero. Esa es la realidad. Tienes cientos de alcaldes, miles de concejales y de cargos públicos y la corrupción forma parte de la naturaleza humana. Lo que sí puedes garantizar es cómo actúas frente a esa corrupción cuando aparece. Para mí hay una cosa muy importante con la que espero convencer a los lectores: Feijóo no acaba de llegar a la política. Ha dedicado toda su vida adulta al servicio público, ha gestionado millones de euros en el Insalud, en Correos y como presidente de la Xunta y absolutamente nadie de sus equipos directos ha estado condenado ni imputado por corrupción. Una persona con ese bagaje, que en 30 años no ha nombrado a nadie que robe, ya no tiene que demostrar nada.¿Cuánto te facilita el trabajo el Gobierno con tanto escándalo? Un montón, pero yo hubiera preferido que no lo hiciera. Habría sido positivo para España. La imagen de exministros con décadas de cárcel por delante o de una SEPI implicada de arriba a abajo no es positiva para nuestro país. Ojalá no hubieran existido todos estos casos de corrupción en el Gobierno, lo digo de corazón.Comentabas que ahora empollas mucho, pero fuiste una mala estudiante.Sí, en el colegio, bastante. En mi defensa diré que a la vez iba al conservatorio y le dedicaba muchas horas. Siempre fui una niña lista y rápida, pero nunca le dediqué mucho tiempo a estudiar. Por suerte, tenía detrás a una madre que cuando me quedaban cinco o seis asignaturas, se levantaba a las seis de la mañana todo mayo para estudiar conmigo y que no repitiera. Y lo logró. No todos maduramos al mismo tiempo y yo lo hice más tarde que otros niños, pero en la universidad ya saqué buenas notas.¿Cómo venció la política al violonchelo?Cuando llegó el momento de decidir, al acabar el bachillerato, vi más futuro en estudiar una carrera. La vida del músico es muy dura y yo a los 18 años no era la mejor violonchelista de España. Por tanto, entendí que no era mi camino y me decidí por Derecho, aunque en realidad quería hacer Historia. Mis padres me lo estuvieron desaconsejando hasta el último minuto y me convencieron. Soy una historiadora frustrada. Era mi pasión desde pequeña, pero hice caso a mis padres y la verdad es que el Derecho me acabó gustando mucho.¿Sigues tocando de vez en cuando?No. El problema que tienen los instrumentos de cuerda es que requieren un ejercicio diario o pierdes muy rápido el nivel. Además, un violonchelo no es una guitarra, no te lo llevas de vacaciones o a una fiesta. Entonces, cuando lo coges después de un tiempo y ves en qué nivel estás, la frustración es tal que dices: "Soy peor que con 12 años, que le den por saco al violonchelo". Te duelen los dedos, te sangran… Es terrible.Dime la verdad, ¿te ves ya como ministra?¡No!Qué contundencia.[Risas] Es verdad, te lo prometo. Para empezar, porque no veo las elecciones muy cerca y, en segundo lugar, porque Feijóo va a pensar muy bien a quién pone ya que el próximo Gobierno tiene una tarea por delante inmensa, más que cualquiera anterior. No es la habitual alternancia, es que hay que reconstruir muchas cosas que los últimos años de socialismo han destruido en nuestro país. Feijóo se rodeará de los mejores. ¿Y eso te elimina?No lo sé. Igual no, pero no es mi objetivo ahora mismo. En estos momentos sólo me veo como portavoz. Estoy en primera línea de batalla y aquí de lo que se trata es de que, antes o después, llegue el PP al Gobierno. Es mi única preocupación.¿Eres tan seria y tan dura como aparentas o son requisitos del puesto?No soy nada seria ni nada dura. Soy firme, que es distinto. En estos momentos se confunde firmeza con dureza. Soy capaz de ponerme en la piel del que piensa distinto a mí, lo he practicado toda mi vida y creo que es positivo, pero soy muy contundente y muy clara diciendo las cosas, que no es tan habitual hoy en día. Creo que eso es lo que espera la gente de la calle de los políticos, que digamos las cosas como son y con claridad. Decirle a alguien que forma parte de un Gobierno corrupto suena duro, pero también es realista. Yo no puedo cambiar la realidad. Mi equipo me dice mucho que me pongo muy seria al hablar, pero es porque estoy concentrada y mi cerebro va a mil por hora… ya pesar de eso, la cago muchas veces.¿Qué cagada tienes clavada?Varias y ninguna. Simplemente, muchas veces no estás lo suficientemente fina o haces una comparación que se puede entender mal. Es imposible decir las cosas al 100% y el Gobierno siempre lo aprovecha para montarte una cacería. Cuando es culpa mía darles esa oportunidad, me da mucha rabia.¿Cómo desconectas?En familia. Me encanta el cine, leer, un buen concierto y una cena con amigos tranquila en la que no hablemos de política.¿Lo logras?Cada vez menos. Yo necesito desconectar de mi trabajo, como cualquiera, pero mi trabajo es muy llamativo para la gente y quieren saber, hablar… Al final, mi gran desconexión es viajar. Si todo va bien, me voy una semana a Grecia.¿No te fías?Bueno, es que con este Gobierno cada día es un sobresalto y nada es descartable.