En camisa de once varas
Leonesa de 41 años, la portavoz en el Congreso se ha convertido en uno de los rostros de la renovación del PP y su oratoria destaca en un partido donde ese talento no sobra. Suena como futura ministra

Actualizado Lunes, 10 agosto 2026 - 00:19
No hay vuelta atrás. Ya eres una política conocida con todo lo que implica.Sí, me di cuenta cuando me reconocieron en el Mercadona, con mis mallas del gimnasio, comprando pescado. Pero aunque la gente ya me habla por la calle, todavía no soy plenamente consciente. Sigo identificándome como la hermana de mis hermanos que hace el tonto en casa y la hija de mi madre que ayuda a poner la mesa. Aún no soy consciente de haberme convertido en alguien público, pero sé que es así y que va a ir a más y el día que me atropelle, probablemente me quede KO. ¿En qué sentido?Porque el ego no es prioritario en mi forma de entender la vida ni la política. Creo que llevar un cargo como el mío sin darle demasiada importancia te permite mantener un punto de humildad muy necesario. Es decir, no me considero La Portavoz del grupo parlamentario popular, así en mayúsculas. Me ha tocado en estos momentos ser la voz del grupo y liderar un poco, pero soy una más del PP. Es fundamental tener los pies en el suelo. En mi casa siempre han sido de agarrarme para que no me suba demasiado.¿Supone mucha presión ser la voz de un partido al que han votado 8 millones de españoles?Es una responsabilidad muy grande que llevo con mucho estudio, con mucho trabajo y siendo consciente de que no siempre voy a acertar. No me pongo un listón imposible, no pretendo ser perfecta, pero necesito saber que hago todo lo que está en mi mano y le dedico todo el tiempo posible. A partir de ahí también hay un factor suerte y un factor humano que hacen que no siempre esté acertada.En un Parlamento donde escasean los buenos oradores, destacas. Tus intercambios con Gabriel Rufián, que domina la escena como pocos, son realmente entretenidos.Me echaban mucho de clase por hablar, así que es lo mío desde pequeña y siempre he tenido capacidad de expresarme, de ser persuasiva y de convencer con argumentos. En Derecho se me daban muy bien los litigios y he sido siempre muy inquieta intelectualmente. Me interesa sinceramente saber qué piensan otros, por diferente a mí que sea, y creo que eso me ayuda en la faceta política. Ser abogada me ha ayudado a intuir qué va a decir el contrario y preparar mi respuesta antes de que lo diga. Eso en política es muy bueno. Con las ruedas de prensa, igual. Las preparo poniéndome en la piel del periodista que más caña va a darme y es difícil que me sorprendan con una pregunta. Muy difícil.¿Quién es tu oponente preferido en el Congreso?Me gusta la gente que sabe debatir, que me hace pensar e, incluso, moverme de mi posición y recapacitar. Hay muy poca gente capaz de eso. Por ejemplo, debatir con el vicepresidente Carlos Cuerpo no me genera ningún aliciente. Es una persona robótica, repetitiva e incapaz de confrontar lo que le digo. Trae su discurso preparado y fuera. Por contra, con Félix Bolaños disfruto porque, como Rufián, tiene cintura y te contesta con inteligencia. Entonces, hay un diálogo partiendo de posiciones enfrentadas que es precisamente lo que es la política.¡Ah, era eso! Cualquiera lo diría…[Risas] Ya, cada vez pasa menos. Predomina que uno repita de pe a pa lo que le han preparado sus asesores y se siente sin entrar siquiera en lo que contestas. Para mí eso no es un símbolo de inteligencia como nos quieren vender algunos, es un símbolo de que no tienes capacidad de análisis ni de debatir. Antes hablabas de Rufián. Rufián sí la tiene.¿Es tu archienemigo?No, yo no me considero enemiga de nadie. Es verdad que dijo que iba a hacer todo lo posible para que yo no fuera ministra, pero también dijo que considera que soy una de las personas más estudiosas y que mejor habla del Parlamento, lo cual demuestra el respeto y es mutuo. Otra cosa es que ideológicamente estamos en las antípodas y, por tanto, es evidente que él va a hacer todo lo posible dentro de la política para que yo no sea ministra igual que yo trabajo para que él tampoco lo sea. Eso no quiere decir que no puedas valorar cualidades en adversarios políticos. Para mí solo hay una línea roja en cuanto a las personas y es Bildu. Con personas que justifican que se haya asesinado por unas ideas no tengo nada que hablar, ni siquiera un saludo. No significan nada para mí y me parece una anomalía que forme parte de un parlamento democrático gente que, hasta antes de ayer, ha llevado personas con delitos de sangre en sus listas. A partir de ahí, respeto a todos los adversarios con independencia de las ideas que tengamos cada uno.¿También cuando miembros de Vox defienden ideas próximas al franquismo o al racismo? Es un falso dilema comparar a Bildu con Vox. No tiene nada que ver y, por tanto, me vas a permitir que lo primero que haga sea negar ese falso mito y esa equiparación que a menudo hace la izquierda. En Vox nadie ha matado a nadie ni justifica que se mate a nadie ni nunca ha defendido ningún proyecto que signifique matar a nadie. Vox como partido no defiende el franquismo. Otra cosa es que haya habido individuos que hayan tenido intervenciones desafortunadas, como en todos los partidos porque yo quiero recordar que aquí también hay partidos que defienden dictaduras comunistas…No me puedes negar que ha habido un cambio de postura del PP hacia Vox desde que sabe que sin ellos no gobierna. Lo hemos visto en Andalucía, en Extremadura…Lo importante son las políticas que llevamos a cabo en los gobiernos que estamos con ellos. La semana del Orgullo, Sánchez grabó un TikTok, que es curioso porque está en contra de los oligarcas pero está todo el día en sus redes, diciendo que España ha subido a la primera posición de países donde mejor vive el colectivo LGTBI. Hemos alcanzado ese podio cuando el PP gobierna en el 70% del territorio español y lo hemos hecho con Vox. Si hubiera un retroceso de derechos, eso sería imposible porque, entre otras cosas, las comunidades gestionan los servicios públicos.Pero cada vez os aprietan más, han colado la prioridad nacional en el pacto andaluz.No lo creo, pero no pasa nada por afrontar una gestión racional de la inmigración. Cuando habla de ello el señor Illa, ya nos le parece mal. Hay mucho cinismo con este tema. ¿Entiendes el auge de la antipolítica y el hartazgo ciudadano?Creo que se exagera un poco, yo he vivido otras épocas parecidas. Recuerdo, cuando el PP llegó al poder en 2011, manifestaciones en contra de Rajoy. Trabajaba en Génova entonces y nos reventaron los cristales con la Ley de Educación, cuando sólo llevábamos seis meses de gobierno y era materialmente imposible que hubiéramos podido hacer algo tan terrible. El nacimiento de Podemos, y en menor medida el de Ciudadanos, trajo un populismo y un tipo de lenguaje muy agresivo. Esos años era muy difícil tener una carpa del PP en la calle y hoy eso no pasa.Te hiciste de derechas cuando no estaba de moda entre los jóvenes.Por supuesto. No se llevaba nada de nada. No sé en qué momento me convertí o me llegó el Espíritu Santo. Es verdad que he nacido en el seno de una familia conservadora y tenía ese caldo de cultivo, pero mis amigas eran todo lo contrario como casi todos los jóvenes de principios de siglo. Yo me afilié al PP en 2003, mis padres no me dejaron antes de aprobar selectividad, en plena crisis del Prestige y de la guerra de Irak. Cuando nadie creía en el PP, yo estaba ahí. Sobre todo porque veía una cacería injusta y pensé que era el momento de militar y decir: "Sí, soy del Partido Popular".

La portavoz del PP bebe una cerveza en el Congreso.Ángel Navarrete