
Un departamento con vista a otro festival de música fue la primera parada de Stephen Paddock, el tirador, antes de instalarse en el hotel desde el que después disparó contra una multitud. Y asesinó decenas de personas.
Entre el 17 y el 28 de septiembre de 2017 ocupó tres condominios distintos en el edificio The Ogden, todos con vista al festival Life Is Beautiful, en pleno centro de Las Vegas. Nunca se supo si pensaba atacar ese evento o si lo usó como ensayo, según consta en el informe policial.
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Días después, el 25 de septiembre, Paddock hizo el check-in en la suite del piso 32 del hotel Mandalay Bay. Desde ahí, la noche del 1 de octubre de 2017, rompió los ventanales con un martillo y abrió fuego sobre la multitud reunida en el festival country Route 91 Harvest. Se quitó la vida antes de que la policía irrumpiera en la habitación.
El cantante Jason Aldean acababa de empezar a interpretar “When She Says Baby” cuando el primer disparo rompió el aire, alrededor de las 22:05, hora del Pacífico. La ráfaga se prolongó durante unos diez minutos, según Rolling Stone, que recabó testimonios de sobrevivientes.
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Wes Perry, un empleado de Live Nation que estaba en una habitación del mismo piso, pensó al principio que se trataba de fuegos artificiales o de una obra en construcción. Cuando entendió que era una ráfaga de un arma automática, apagó las luces, escondió sus pertenencias y se metió en la bañera. “Recuerdo estar ahí tirado y el ruido de los disparos era tan fuerte que hacía vibrar la bañera”, relató a Rolling Stone.
Paddock disparaba desde una posición elevada, a unos 500 metros de distancia del público, con armas capaces de matar a esa distancia sin necesidad de entrenamiento especial, según explicó a The Daily Beast Tony Cowden, un exsargento de las fuerzas especiales del Ejército de Estados Unidos que participó de la misión para capturar a Osama Bin Laden. “Una tribuna llena de gente es un blanco de área. No hace falta ningún entrenamiento para hacer lo que él hizo”, dijo Cowden al portal digital.
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Un guardia de seguridad del hotel se acercó a la puerta de la suite mientras la balacera continuaba y recibió un disparo que le atravesó la pierna. El episodio retrasó el ingreso de las fuerzas de seguridad al piso 32, según informó TIME.
El entonces subalguacil del condado de Clark, Kevin McMahill, precisó que el tiroteo se extendió entre nueve y once minutos. Cuando la policía finalmente entró, encontró el cuerpo de Paddock sin vida en una habitación contigua a la suite principal, conectada por una puerta interna.

El propio atacante había instalado cámaras para vigilar los movimientos en el pasillo: una en la mirilla de la puerta y otras dos ocultas, entre ellas una montada sobre el carrito de servicio a la habitación que había pedido que le dejaran adentro. “Anticipó que estaba buscando a cualquiera que viniera a detenerlo”, dijo el entonces sheriff del condado, Joseph Lombardo, sobre ese dispositivo casero, según consignó TIME.
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El tiroteo dejó 58 muertos y cientos de heridos esa misma noche. Una de las víctimas, Kimberly Gervais, falleció en 2019 a causa de las lesiones sufridas, lo que llevó el número a 59. Años más tarde, con el fallecimiento de una segunda mujer, el conteo oficial del departamento de policía llegó a 60, aunque numerosos sobrevivientes prefieren mantener la cifra original de 58.
Entre las víctimas hubo historias que se repitieron esa noche: personas que murieron protegiendo a otras. Sonny Melton, un enfermero de Tennessee, murió mientras cubría con su cuerpo a su esposa, Heather Melton, quien sobrevivió. “Cuando nos dormíamos de noche, nos tomábamos de la mano. Y ahora es tan perturbador no tenerlo ahí”, contó Heather Melton semanas después del ataque.
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Charleston Hartfield, sargento de la Guardia Nacional de Nevada y policía de Las Vegas, también murió esa noche mientras asistía al festival. Denise Burditus falleció en los brazos de su esposo, con quien llevaba 32 años de casada, y Cameron Robinson murió en los brazos de su novio.

Rhonda LeRocque, madre de una nena de seis años, fue otra de las víctimas. “Ningún padre merece recibir un llamado así sobre su bebé”, dijo su madre, Priscilla Champagne.
En la suite del Mandalay Bay se hallaron 24 armas: 23 rifles y un revólver. Entre ellas había 14 fusiles AR-15 semiautomáticos, todos equipados con culatas de resorte que simulan el disparo automático, según un informe policial citado por un diario de Las Vegas allá por 2017.
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Varias de esas armas tenían cañón flotante, una tecnología que evita que las vibraciones desvíen la trayectoria de la bala y que puede aumentar la precisión hasta en un 50%, incluso por encima de la que ofrece el fusil de reglamento del Ejército estadounidense, el M-16. Uno de los rifles llevaba además una mira EOTech de uso militar.
Durante el año previo al ataque Paddock había comprado 55 armas y más de 100 accesorios relacionados. En los 34 años anteriores solo había adquirido 29 armas, y apenas una de ellas era un rifle, de acuerdo con un informe policial.

Desde mayo de 2017, Paddock buscó en internet los predios de conciertos al aire libre más grandes de Estados Unidos y consultó cuánta gente suele juntarse en la playa de Santa Mónica. En septiembre indagó sobre la asistencia esperada al festival Route 91 Harvest y también preguntó cuán alto es el Mandalay Bay.
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También rastreó información sobre tácticas del grupo SWAT de Las Vegas y sobre si la policía usa explosivos. En total, tras el ataque, los investigadores recuperaron 1.057 vainas servidas en las dos suites conectadas del hotel, según el recuento de Rolling Stone.
La policía nunca determinó por qué Paddock decidió disparar. No se encontró nota de suicidio ni manifiesto, y los investigadores no hallaron indicios de radicalización ni vínculos con grupos de odio o con organizaciones terroristas.
El grupo terrorista Estado Islámico llegó a definir a Paddock como un “soldado del califato”, pero el FBI descartó cualquier conexión con esa organización. “No puedo meterme en la mente de un psicópata en este momento”, admitió el sheriff Joseph Lombardo ante la prensa.
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La información policial también señaló que Paddock no tenía deudas: había cancelado todas sus apuestas antes del ataque. En una segunda laptop que le secuestraron encontraron cientos de imágenes de abuso sexual infantil, cuyo origen quedó bajo investigación.
El excriminólogo del FBI Jim Clemente especuló con que existió algún disparador en la vida de Paddock: una gran pérdida, una ruptura o el diagnóstico de una enfermedad terminal. “La genética carga el arma, la personalidad y la psicología la apuntan, y las experiencias aprietan el gatillo”, dijo Clemente a la revista TIME.
Paddock tenía 64 años, vivía en Mesquite, Nevada, y no tenía antecedentes penales más allá de infracciones de tránsito. Contador retirado y apostador de alto nivel, se había mudado a esa localidad en junio de 2016 luego de vivir en Reno. Tenía licencia de piloto y de caza, y era dos veces divorciado.

Se recibió de contador en la Universidad Estatal de California en Northridge y trabajó como cartero, agente del Servicio de Impuestos Internos y auditor del Departamento de Defensa, antes de emplearse en una empresa contratista de esa cartera.
Su padre había sido asaltante de bancos y llegó a integrar la lista de los diez más buscados del FBI. Lo golpeaba con frecuencia, y su madre debió criar sola a los cuatro hijos varones de la pareja.
Su hermano Eric Paddock aseguró que la familia quedó tan sorprendida como el resto del país. “Le gustaba jugar al video póker. Se iba de crucero. Le mandaba galletitas a la madre”, dijo a la prensa, y agregó: “Steve cuidaba a la gente que quería. Ayudó a que mi familia y yo fuéramos ricos. Es la razón por la que pude retirarme”, relató Eric Paddock.

Una exvecina de Mesquite, Diane McKay, lo describió como una persona reservada. “Era raro. Se guardaba para sí mismo. Era como vivir al lado de nada”, contó McKay a los medios.
La novia de Paddock, Marilou Danley, de 62 años y ciudadana australiana, se encontraba en Filipinas cuando ocurrió el ataque. Días antes, Paddock le había transferido 100.000 dólares a ese país, un movimiento de dinero que los investigadores intentaron rastrear.
Alrededor de dos horas y media después de los primeros disparos, Danley modificó la configuración de privacidad de su cuenta de Facebook. Poco antes de las 3 de la madrugada la eliminó por completo, casi una hora antes de que la policía difundiera públicamente el nombre de Paddock como autor del ataque, de acuerdo con documentos judiciales desclasificados.

Entre esos documentos había un intercambio de correos electrónicos de julio de 2017 en el que se mencionaban rifles AR y culatas de resorte con cargadores de 100 balas, que los investigadores creyeron vinculados al ataque. Danley regresó a Estados Unidos y fue recibida por agentes del FBI en el aeropuerto de Los Ángeles. Nunca fue acusada de ningún delito.
En 2020, MGM Resorts, dueña del Mandalay Bay y del predio del festival, acordó pagar 800 millones de dólares a las víctimas del ataque. La mayoría de los afectados aceptó ese resarcimiento, aunque un sobreviviente rechazó el dinero y llevó su propio reclamo hasta la Corte Suprema de Nevada.
El Departamento de Policía Metropolitana de Las Vegas, por su parte, debió pagarle 250.000 dólares al diario de esa ciudad, luego de que la publicación lo demandara por falta de transparencia durante la investigación.

La legisladora estadual Sandra Jauregui, que también estaba en el festival esa noche, impulsó desde entonces varios proyectos de ley sobre control de armas en Nevada. El estado terminó aprobando una norma que permite retirar armas a personas consideradas de alto riesgo y otra que prohíbe las llamadas armas fantasma, ambas, de acuerdo con la cobertura de Rolling Stone cuando se cumplió el quinto aniversario del ataque.
La discusión sobre cómo recordar lo sucedido también generó tensiones entre los propios sobrevivientes. Un jardín conmemorativo con 58 árboles ya se construyó a pocos kilómetros del lugar del ataque, mientras que el memorial oficial del condado de Clark, sobre el propio predio del festival, continúa en etapa de concreción.