Una expedición científica por la selva de la República Democrática del Congo ha permitido documentar a un primate de pelaje negro, rostro llamativo y vocalizaciones inusuales que llevaba décadas fuera del registro académico. El hallazgo, descrito en la revista científica PLOS One, se apoya en observaciones de campo, fotografías, grabaciones acústicas y análisis genéticos realizados en una zona remota del Parque Nacional de Lomami.
Las primeras pistas aparecieron en 2008, cuando varios conservacionistas fotografiaron parcialmente a un mono que no lograron identificar. Una década después, una patrulla volvió a captar a un animal de aspecto similar, lo que llevó al biólogo Junior Amboko y a otros especialistas a iniciar una búsqueda sistemática. El equipo mostró las imágenes a habitantes de 52 aldeas cercanas, aunque únicamente en ocho localidades reconocieron al misterioso primate.
Los miembros del pueblo Balanga lo denominaban likweli, mientras que algunas comunidades Mituku utilizaban el nombre kasaba nkoni, una expresión que significa “el que sacude las ramas”. Esta denominación alude a su forma de desplazarse, saltando con fuerza entre los árboles. “Estas personas conocen realmente la fauna y la flora del bosque”, explicó Amboko, quien destacó que incluso los cazadores locales disponían de muy poca información sobre el animal.
Un rostro difícil de confundir
Las investigaciones desarrolladas entre 2018 y 2022 reunieron 114 avistamientos en un territorio de aproximadamente 1.700 km², delimitado de manera natural por los ríos Lomami y Lualaba. Los ejemplares suelen moverse en grupos de hasta 20 individuos y pesan alrededor de 7 kg. Su cuerpo está cubierto por un pelaje negro brillante, pero alrededor de la boca y la nariz presenta una característica zona de piel desnuda de tonalidad anaranjada o crema.
Los pómulos grises, el pelo erizado alrededor de la cabeza y una mancha blanca situada en la región posterior completan una apariencia que permite distinguirlos de otros colobos. “Nos fijamos en la cara y en la parte trasera como los dos rasgos distintivos”, señaló la antropóloga Kate Detwiler. A estas particularidades físicas se suman unos rugidos profundos y potentes, interrumpidos por resoplidos cuya firma acústica no coincide con la de otras especies conocidas.
El análisis de muestras procedentes de animales cazados para el comercio ilegal de carne silvestre confirmó que no se trataba de una población ya catalogada. La secuenciación del ADN y la comparación con colecciones de museos, cráneos, dientes, pieles y bases de datos genéticas permitieron identificar una especie desconocida, bautizada como Colobus congoensis. “Nos sorprendió lo diferente que era una región clave del genoma mitocondrial respecto a la de otros monos colobos”, afirmó Detwiler.
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Sus parientes vivos más cercanos son los colobos negros, localizados a unos 1.200 km de distancia, en Camerún, Gabón y la isla de Bioko. Ambas ramas evolutivas pudieron separarse hace entre 3,44 y 5,78 millones de años, uno de los intervalos más largos detectados dentro de este género. Debido a su distribución limitada, los escasos avistamientos, la caza y la pérdida de hábitat, los científicos proponen clasificar al nuevo mono como especie en peligro y reclaman una mayor protección para el Parque Nacional de Lomami.
Una expedición científica por la selva de la República Democrática del Congo ha permitido documentar a un primate de pelaje negro, rostro llamativo y vocalizaciones inusuales que llevaba décadas fuera del registro académico. El hallazgo, descrito en la revista científica PLOS One, se apoya en observaciones de campo, fotografías, grabaciones acústicas y análisis genéticos realizados en una zona remota del Parque Nacional de Lomami.