Fede Popgold habló de las reglas de su pareja abierta, su experiencia en una trieja y los límites de la exposición: “La traición va más allá del sexo”

2026/10/01

“La pareja abierta es más difícil que la cerrada”, afirmó Federico Popgold en Casino Deluxe, el ciclo de entrevistas de Infobae, al explicar los acuerdos que sostiene en su relación desde hace tres años.

Popgold es un comunicador, entrevistador y conductor argentino que desarrolló su carrera en redes sociales y plataformas digitales luego de dejar un trabajo corporativo. Es creador del formato de entrevistas Vivir Siendo, donde aborda historias personales y temas complejos, y forma parte de Luzu TV, donde conduce Patria y Familia. También publicó el libro Cosas que odio del mundo (y me dan ansiedad).

Durante la charla, defendió su decisión de entrevistar a personas cuestionadas, incluso cuando recibe críticas por darles espacio, y contó cuáles son las historias que más lo movilizan. Además, explicó por qué elige preservar de la exposición pública sus vínculos más íntimos y habló sobre su concepción de la infidelidad y la traición.

Casino con Federico Popgold
Federico Popgold: “Las cosas reales de mi vida no las suelo exponer”

— ¿Qué harías con un millón de dólares?

— Me compraría primero un departamento. Usaría USD 500.000 para eso. Me compraría uno muy bello. Es re aburrido decir que el resto lo invertiría, pero creo que también haría un buen viaje con mis sobrinos.

— ¿Cuántos sobrinos tenés?

— Dos: Bauti y Benja.

— ¿Sos muy apegado a ellos?

— Sí. Con toda mi familia, en realidad, pero mis sobrinos son un poco mi debilidad. Y después el resto sería para inversión. Re aburrida la respuesta, ¿no?

— Acá hubo respuestas de todo tipo. Me encanta porque es un test psicológico que le hago a todos los que vienen.

— Me imagino.

— ¿A dónde te irías con tu sobrinos?

— Los llevaría a conocer Disney, siento que les gustaría mucho. Yo lo conocí de grande, cuando me lo pude pagar, y me encantó. Ellos tienen 10 y tres años.

— ¿Y te copa tirarte de la montaña rusa y todas esas actividades?

— Tengo muchos gustos de mi infancia que los conservo hasta el día de hoy, como Harry Potter. Yo puedo ver las películas como si tuviese 10 años. Yo empecé a trabajar a los 18, 19 años y cuando pude ahorrar un poquito mi primer viaje al exterior fue a Edimburgo a conocer todos los lugares de Harry Potter. Es una gran ciudad. Muy hermosa. Así que sí, conservo eso de niño.

— Este juego tenés que darme una cifra por la que harías o no harías determinadas cosas que yo te voy a plantear.

— Dale.

— La primera dice: ¿por cuánta plata revelas tu verdadero apellido?

— Lo he dicho al aire un par de veces. Pero voy a hacerme un poco el caro. Por USD 10.000 lo revelo. Igual, lo estoy diciendo para que quede una referencia para lo que venga después (risas).

— La segunda dice: ¿por cuánta plata te chapás a Cami Mayan?

— Gratis. Ya lo he hecho y lo volveré a hacer. Le tengo que pagar yo (risas). Con Cami nos hemos besado varias veces.

— ¿Siempre en cámara o en la vida también? Porque son muy amigos ustedes, ¿no?

— Somos muy amigos y siempre en contexto show. Lo hicimos en vivo en teatro o en cámara.

— Pero tienen ese nivel de confianza. Hace poco la defendiste públicamente.

— ¡Yo la defiendo a muerte!

— ¿Sos ese amigo que va como cuchillero por las amistades?

— Sí, pero cuando estamos solos y en persona si veo que la estás pifiando en algo, te lo digo. Eso a veces te lleva a tener conversaciones medio incómodas.

— Igual a vos no te molestan mucho las conversaciones incómodas.

— No me incomodo tan fácil, quizás. Para el afuera hay que cuidar a los tuyos y para adentro tenés que decir las cosas como son y se tienen que bancar la respuesta.

— En tus entrevistas abordás temas que no suelen estar tan expuestos públicamente y que incluso pueden generar cierta incomodidad. De hecho, has recibido algunas críticas por eso.

— No sé si es la peor crítica, pero lo que no me gusta que me digan con las entrevistas, y estoy seguro que te debe haber pasado, es cuando te dicen: “¿Por qué le das voz a esta persona? ¿Por qué le das espacio?”. No me gusta ese comentario porque para mí todos tienen la potestad de poder contar su propia historia. Después está en manos del entrevistador por dónde lleva la nota o qué pregunta hace, o si le hacés una oda al entrevistado o cuestionás lo que te está contando. A mí me tocó, por ejemplo, entrevistar a una persona que se definía a sí mismo como sicario, es decir, una persona a que le pagaban por asesinar. Obviamente, esto fue después de que cumpliera una condena, pero me han criticado mucho por hacer esa entrevista. “¿Cómo le vas a dar espacio a esta persona?”, me decían. Pero, ¿por qué no? Yo no estoy felicitándola ni aplaudiendo su pasado, le estoy haciendo una entrevista que es periodística. Y mi laburo es periodístico.

— ¿Ese fue el personaje que más te movilizó entrevistar o hay otros que sentís que atravesaron con su historia?

— Los que más me atravesaron son los que están vinculadas a cosas de la niñez. Se me viene a la mente un chico que fue víctima de una red de pedofilia, de trata. Esos casos me pegan un poquito más. Todo lo vinculado a la niñez. Porque es una persona más desamparada, más indefensa. Después, en las que el entrevistado no es víctima sino victimario, me pega por otro lado a mí. Pero también siento que han sido las entrevistas más desafiantes para hacer, porque es muy difícil. Cuando vos tenés una persona enfrente que respetás, querés o admirás es más fácil y no tenés tanta posibilidad de error. Pero cuando de enfrente tenés una persona que no te cae bien, que no te gusta o que no estás en nada de acuerdo con lo que te está contando, ahí tenés que sacar las garras como un buen entrevistador y hacer una buena nota.

— ¿Alguna vez te pasó que, después de una entrevista, el entrevistado no quedara conforme con lo que se habló y percibieras cierta incomodidad o tensión entre ustedes?

— Me ha pasado de que me pidan que no suba una entrevista, pocas veces igual, y yo ahí pegué un llamado y dije: “Veamos qué parte, qué parte se puede sacar y qué parte no”, pero tampoco me gusta que me dirijan la entrevista. Si no, no hubieses aceptado venir. Yo te respeto y si vos te mandás una cagada o dijiste algo que de pronto te puede comprometer, que es muy grave, te puedo cuidar un poco. Pero viste que hay gente que viene y quiere manejarte todo. Eso no me va.

Casino con Federico Popgold
“La pareja abierta es más difícil que la pareja cerrada”, expresó Federico en diálogo con Emilia Attias

— ¿Has jugado varias veces este juego en tu adolescencia?

— Sí, lo he jugado. Obvio.

— ¿Eras del que tomaba o el que no tomaba? ¿Con qué me voy a encontrar?

— En mi adolescencia no había hecho tantas cosas, así que no tomaba. Ahora siento que me la voy a pasar tomando (risas).

— La primera dice: Yo nunca, nunca hice una trieja.

— Bueno, sí (risas).

— ¿Cómo fue?

— Fue raro, terminó fatal. Pero fue lindo mientras duró.

— ¿Quién propuso la trieja?

— Se fue dando. Conocí una pareja una noche. Fue una noche medio de descontrol...

— ¿Una pareja de dos hombres?

— Sí, que ya estaba hace bastante tiempo juntos. Y una cosa empezó a llevar a otra cosa y nos empezamos a ver en repetidas ocasiones. Antes de darme cuenta, estábamos un viaje, en una cena, en el cine. Era raro.

— ¿Y los tres, además de esas experiencias, compartían intimidad?

— Sí.

— ¿Era el cuento completo de una pareja, pero de a tres?

— Yo a veces lo exagero un poco. Era más sexual que otra cosa. Era sexual con detallecitos extra. Lo que pasa es que ya era una pareja establecida. Yo era como un juguete que entraba y salía constantemente.

— ¿Pero fue durante un periodo largo de tiempo?

— Fueron cinco meses, aproximadamente. Pero como titular está bueno. Yo lo cuento así (risas).

— ¿Y no salió de ahí, de ustedes tres? ¿O hubo presentaciones sociales por parte de su mundo o tu mundo?

— Hubo alguna presentación, pero no familiar. Hubo algo.

— ¿Te queman mucho la cabeza con estas cosas? ¿Te hacen mucho este tipo de preguntas?

— No, porque yo cuento bastante estas cosas. No expongo tanto mi vida personal, pero este tipo de situaciones, que son más lúdicas y me parecen una intimidad graciosa, me importa cero contarlas. Las cuento siempre en Luzu, en Patria y Familia. No tengo demasiado problema con eso. Lo que no cuento tanto son las cosas que me importan de verdad.

— Las cosas que importan del corazón, de la fibra más íntima.

— Claro. Los vínculos reales no me gusta exponer. Mismo mis sobrinos, que los mencionaba antes, no suelo subir fotos con ellos. Además, tengo un entorno muy real en el sentido de gente que no he conocido por el medio. No digo que lo del medio no sea real, porque lo es. Pero toda mi vida está muy fuera del medio y esa parte no la expongo tanto. No lo cuento.

— A tu pareja tampoco la exponés, ¿no?

— No. No me gusta. Porque no es una persona del medio.

— ¿Le incomoda que cuentes estas anécdotas sexuales que has tenido en otro momento de tu vida?

— No, le ch*pa un huevo.

— ¿Tienen una pareja abierta?

— Sí. Pero las cosas reales de verdad no las suelo exponer. Tengo una vida privada que me gusta que sea privada. Siento que sería más rentable exponer la vida privada, pero es difícil la exposición.

— ¿No hay manera de que aparezca en Patria y Familia tu novio, por ejemplo?

— No, no lo expondría. No me gusta. Para mí, lo que yo hago, por ejemplo, en Patria y Familia es 100 por ciento mi laburo. Y yo he laburado mucho tiempo en una oficina antes y no llevaba ni a mi pareja, ni a mis padres, ni a mi sobrinos. La verdad que es una parte que yo no quiero vender aunque sé que es una parte muy rentable. De hecho, hay carreras que se han realizado en base a parejas. Y sé que probablemente si vos presentás pareja, vas a empezar a construir ahí toda una narrativa pública y a nivel comercial te va bien. Porque hay marcas que apuestan al amor y a todo eso. Yo elijo hacer negocios con otra cosa. No me gusta, no critico a quien lo hace, porque es lo más natural del mundo. Pero en lo personal, tengo la potestad de elegir y elijo no exponer. Quizás el día de mañana cambie.

— ¿Hace cuántos años que estás en pareja?

— Nos conocemos hace cinco años, aproximadamente.

— ¿Y en pareja?

— Con idas y vueltas, los últimos tres años.

— ¿Y fueron pareja abierta desde el principio?

— Sí.

— ¿Y cómo lo manejan? ¿Es algo que natural para ustedes? ¿Tuvieron que negociar? ¿Tienen reglas?

— Sí. La pareja abierta es más difícil que la pareja cerrada, porque en la pareja cerrada vos tenés las normas de antemano escritas. Todos sabemos qué podés hacer y qué no. En las parejas abiertas vos tenés que sentarte a negociar y a decir: “Che, esto sí y esto no. ¿Puedo tener una cita o no? ¿Puedo repetir o no? ¿Tengo que blanquear que estoy en pareja o no?”. Entonces implica mucha más comunicación, más verdad, poner los huevos arriba de la mesa, plantear también lo que querés y bancarte lo del otro lado. No es para todo el mundo. Yo no pondero una cosa como mejor que la otra, ¿eh? No es que digo: “Che, este es el modelo de relación que a todo el mundo le va a venir bien”.

— Es súper complejo. Me parece que hay personas que fracasarían absolutamente al primer paso.

— Por eso, depende de cada uno, de la experiencia de vida, lo que quiera cada uno y también depende de lo que le funcione a cada uno.

— ¿Y cómo son las reglas entre ustedes?

— Te digo las normas generales. Una norma muy charlada es que hay que blanquear que uno está en pareja cuando te vinculás con un tercero o tercera o lo que sea. Le tenés que decir: “Che, yo tengo una pareja”. Es casi que una responsabilidad. Después, citas no. Pero la verdad es que yo no tengo.

— Es cuando se da el vínculo espontáneo...

— Son como cositas que te pueden pasar. Un día saliste a bailar y te mandaste un chascarrillo, ¿entendés? No es como juntarte a tener una cita. Tampoco tengo ganas yo de tener una cita. Me gusta así.

— Y tampoco construir un vínculo con alguien más y verlo más veces.

— No me nace. Toda la parte emocional la tengo muy bien construida con esta relación, así que no. Cero.

— ¿Te pasó de ir a un lugar a bailar, se dejaron los teléfonos y cada vez que vas a ese lugar llamás y ves a esa persona?

— No.

— ¿Qué te pasaría si te sucede y te lo blanquean un año después?

— No sé. Es que yo tengo tanta confianza que siento que no pasaría. Capaz soy un bolud*.

— Pero tal vez no lo hizo de hijo de p*ta sino que no supo manejarlo.

— Se charla. Para mí el sexo no es algo tan... Decir que no es tan importante es raro, pero no me parece que una traición en una pareja se base solamente en tener relaciones sexuales con alguien más. Ni siquiera me parece la peor traición que te pueden hacer. Para mí hay traiciones mucho peores que que te coj*s a alguien más. Muchísimas peores.

— ¿Cómo cuál?

— La traición va más allá del sexo. Que me faltes el respeto me parece más traición a que te coj*s a alguien más. Te c*gés a alguien más y encima se entera todo el mundo y lo dejaste ver y no me cuidaste. Ahí te digo: “Che, esto sí fue grave”. No fue por el sexo, fue porque no me cuidaste a mí. Fue una falta de respeto. Pero después, si una noche te pintó irte con alguien y la pasaste bien, ya está.

— Y al ser una persona pública, te puede haber pasado de estar chichoneando con alguien en un lugar público y que se haga público.

— Sí, me ha pasado. Pero no pasa nada. Yo también comparto mucho grupo de amigos, entonces salimos siempre juntos, ¿viste? No hay cosas que oculte.

— Y cuando salís con tu pareja y estás en un lugar público, ¿nunca les pasó de estar mirando a otro y que haya una interacción o deseo de estar con otra persona?

— Sí, pasa.

— ¿Y está todo bien con que esa noche se vaya cada uno por su lado?

— No. Que se vaya, no. Nosotros nos volvemos juntos. Tanto libertinaje no (risas). Nos volvemos juntos y dormimos juntos.

Casino con Federico Popgold

— Voy a hacer la última: yo nunca, nunca rechacé promocionar un sex shop. Si lo hiciste, tenés que tomar.

— (Toma).

—¿Por qué rechazaste promocionar un sex shop?

— No lo rechacé. Blanqueé que no sabía cómo hacerlo y me dijeron: “Está todo bien, no lo hagas, quedate con las cosas”.

— ¿Te habían mandado todo?

— Me habían mandado productos. Era un canje, no era una acción paga. Yo pensé que me iban a mandar, no sé, preservativos y lubricante, pero me mandaron todos...

— Juguetitos.

— Pen*s de goma gigantes y dije: “¿Cómo promociono esto en redes sociales?” (risas). Ahí lo blanqueé y les dije: “Che, te lo devuelvo, no lo voy a hacer”. Me dijeron: “No, quedátelo”. ¿Sabés qué? Se los regalé a la chica que me hizo la mudanza. Los encontró y me dijo: “Encontré tus juguetes”. Y yo le digo: “¿Qué juguetes?”. Me dice: “Tus juguetes sexuales”. Le digo: “No tengo juguetes sexuales”. Lo había eliminado completamente de mi cabeza. Y me dice: “Sí, te los dejé ahí”. Y cuando abrir la bolsa, le digo: “No, quedátelos todos”. Divertite (risas).

— Bueno, con todas las respuestas que me diste, te ganaste el millón. Acá tenés todo lo que querés hacer: tu departamento, tu viaje a Disney y las inversiones.

— ¡Mirá todo lo que tuve que inventar para ganarlo! (risas).