Actualizado Domingo, 18 octubre 2026 - 01:17
Lo ha dicho en el pasado y lo ha repetido ya en la actual precampaña. El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, se ha comprometido, si llega al poder, a lanzar "una auditoría del sanchismo" y "saber en qué se ha gastado el dinero el señor Sánchez los ocho años que lleva al frente del país y por qué los servicios públicos están peor que nunca". Eso lleva al loable objetivo de levantar alfombras y verificar si ha hecho bien su trabajo la Intervención General del Estado, a las órdenes estos años de los ministros de Hacienda, María Jesús Montero y Arcadi España.
Feijóo sospecha que puede haber déficit oculto tras cuatro años haciendo malabares sin presupuestos en los que, además, el Instituto Nacional de Estadística ha hecho revisiones al alza del PIB en los últimos años no han sido comprendidas en el Banco de España ni en otros órganos. El problema es que, solo con los datos que declara oficialmente el Gobierno, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal y el Banco de España dan por seguro que conducirán a un incumplimiento de la regla europea de gasto y acercan la obligación de adoptar medidas de ajuste tarde o temprano.
Si, además, esos datos son peores en realidad y los aflora un eventual nuevo Gobierno, España puede entrar en un foco de atención en los mercados que está actualmente centrado, con fundamento, en Francia. Eso no ha supuesto que España haya sido inmune a la actual tensión en los mercados de deuda, por eso el Tesoro tiene que retribuir con más del 4% de interés por el bono a 10 años, cuando le bastaba el 3% a principios de año. Eso sí, no llega al 5% que ha rondado ya Francia.
"Feijóo debe levantar alfombras, pero con cuidado, porque los mercados van a estar muy pendientes en los próximos meses de las cuentas de los países del euro", afirma uno de los economistas que habla habitualmente con el gallego. Ya solo con lo que está pasando en otros países, el horizonte se complica. El director general de Economía del Banco de España, David López Salido, señala en su informe de este mes que "el deterioro de las perspectivas de las finanzas públicas en varias economías avanzadas podría elevar las rentabilidades de su deuda soberana y endurecer las condiciones de financiación en España". Y la AIReF resalta en su último Observatorio de Deuda que, en un supuesto de aumento de la tensión, el gasto por intereses pasaría a ser en 2030 de entre 67.200 y 73.200 millones de euros, frente a 58.300 millones en el escenario base, "con un sobrecoste anual de entre 9.000 y 15.000 millones de euros". Eso implicaría detraer recursos de otras partidas, como el gasto social o el militar, para pagar el servicio de la deuda.
¿Hay precedentes de déficit oculto que aflora tras un cambio de Gobierno? Demasiados, y afectan a los dos grandes partidos. En 1996, el entonces nuevo Gobierno de José María Aznar afloró lo que llamaron "facturas en los cajones" y el déficit público de 1995 se cerró en el 6,79%, frente al 5,87% declarado por el de Felipe González. El entonces comisario europeo Yves Thibault de Silguy criticó la ocultación, pero resaltó que eso no iba a suponer más flexibilidad para España en el cumplimiento de las condiciones para entrar en el grupo de cabeza del euro. Cuando llegó José Luis Rodríguez Zapatero al poder, volvió al Ministerio de Economía Pedro Solbes y se vengó de lo sucedido ocho años antes. Solbes reveló en 2004 que el Gobierno del PP le había dejado más déficit del que decía, de modo que 2003 no se cerró en equilibrio, sino con un 1,87% de déficit. No tuvo consecuencias graves, porque España se había adentrado ya en una ola de crecimiento y alta recaudación que absorbió sin problemas el desfase.
Lo peor llegó en 2012. El déficit público legado por el Gobierno de Zapatero fue finalmente del 9% en 2011, muy superior al 6% comprometido por su ministra Elena Salgado. El nuevo dato, revelado por Cristóbal Montoro, aumentó la desconfianza de los mercados y acentuó la presión sobre la prima de riesgo de España, situándola en la rampa de salida hacia el rescate, como ya habían sufrido Grecia, Portugal e Irlanda.
¿Y ahora? "Un contagio generalizado [de Francia] implicaría mayores primas de riesgo de otros países europeos, incluidos los de fundamentos económicos más sólidos, como España y Portugal", afirma Jeff Mueller, de Morgan Stanley. Eso, creyendo que las cuentas son sólidas y no hay déficit oculto, pero si lo hay... Decir la verdad es un deber con duro coste a corto plazo, pero rentable a largo. Lo peor es que las cuentas varíen aún, según quien las mire.