
Fuente de la imagen, Getty Images
- Autor, Tamlin Magee
- Título del autor, BBC Future *
Fecha de publicación 9 horas
Tiempo de lectura: 10 min
¿Cuándo te esconderías en una frambuesa? ¿Por qué no quieres ser un seis? ¿Y qué significa ir a la akademiya?
El ruso suele llevar la jerga a niveles complejos, como ocurre con el mat, su sistema lingüístico para las obscenidades. Pero incluso un matershchinnik (un experto en palabrotas) podría encontrar absurdas las frases anteriores, a menos, claro está, de que conozca el fenya, el idioma del colosal sistema penitenciario ruso.
Este lenguaje ha sido utilizado por figuras marginales durante siglos para despistar y burlar a las autoridades. Pero durante el siglo XX, su curiosa mezcla de doble sentido y préstamos lingüísticos se popularizó enormemente en las cárceles soviéticas.
Con influencias alemanas, griegas y yiddish, el fenya rebosa de significados ocultos y confusos.
En ruso, babki significa abuelas, pero en fenya también significa dinero. Varezhka significa guante pero también boca, mientras que jalyava, derivado del hebreo para leche, significa regalo u obsequio.
En fenya, una sola palabra puede contener códigos ocultos conocidos únicamente por quienes hablan esta jerga. Y así como en su día desconcertó a los guardias de los campos de prisioneros, sus trucos lingüísticos se utilizan ahora en internet para ocultar las intenciones de los ciberdelincuentes y confundir a las autoridades.
Mientras que las palabras rusas como мусор o musor normalmente se traducen como basura, su equivalente en fenya hoy significa un policía que puede haberse infiltrado en los foros de la web oscura donde se organizan los ciberataques.
Ante el auge del cibercrimen ruso, los investigadores se han visto obligados a familiarizarse con esta jerga para poder sorprender a los delincuentes.
El problema es que, incluso con los avances en inteligencia artificial, las máquinas pueden tener dificultades para comprender los matices en constante evolución del fenya.
¿Cómo se llegó a eso?
Si bien el fenya se murmuraba en las calles de la Rusia zarista durante siglos, fue una serie de decisiones tomadas por el sistema judicial soviético lo que provocó su irrupción en la opinión pública y, en última instancia, también en internet.
Comienzos clandestinos
En términos generales, fenya es un tipo de criptolecto: un lenguaje camuflado que se usa a menudo para confundir a los demás.
Hoy en día, se ha arraigado tanto en la cultura rusa que algunos desconocen sus vínculos con el mundo del hampa.
Sus orígenes están envueltos en misterio.
Una teoría intrigante (aunque controvertida) indica que se originó con vendedores ambulantes llamados Ofeni, quienes viajaban a pie por Rusia vendiendo objetos religiosos. Según esta teoría, un cisma eclesiástico del siglo XVII declaró heréticos sus productos, por lo que los comerciantes itinerantes adoptaron su propia forma de hablar.
De lo que sí se sabe más es de cómo se extendió.

Fuente de la imagen, Getty Images
Se cree que el vocabulario comenzó a expandirse en el siglo XIX, escribe Mark Galeotti, experto en la Rusia moderna, consultor de inteligencia y profesor honorario del University College London, en su libro de 2018, The Vory: Russia's Super Mafia.
Fue entonces, afirma, cuando gamines y delincuentes comenzaron a insertar los sonidos "fe" y "nye" en medio de las palabras.
Según Galeotti, estos tics particulares, que recordaban a un latín chapucero propio del hampa, acabaron desapareciendo. Pero no antes de que bandas de carteristas y estafadores callejeros adoptaran el fenya.
Para ingresar en sus grupos, era fundamental tener un conocimiento básico de ese argot. Palabras y frases fueron documentadas extensamente en el Diccionario Explicativo de la Gran Lengua Rusa Viviente de 1863, que intentaba categorizar el ruso tal como se vivía y se hablaba.
En fenya, las jerarquías se expresan mediante la jerga de los juegos de cartas, donde los palos y los tréboles simbolizan a ladrones de verdad. Los animales tienen una doble vida secreta como objetos, por lo que los hablantes saben que un mono es un espejo y un zorro es una navaja.
En total, se cree que el vocabulario de fenya comprende entre 10.000 y 27.000 palabras.
Entre la intelectualidad de finales del período zarista, la sugerente idea de una sociedad criminal clandestina fascinó a las figuras literarias e inspiró la llamada música vagabunda, en la que los intérpretes cantaban en fenya y romantizaban la vida en los barrios marginales.
Pero fue la enorme convulsión social de las guerras y la Revolución que estaban por venir lo que realmente consolidó su ascenso.
La explosión de fenya
Tras ganar la guerra civil rusa y crear la URSS en 1922, los bolcheviques experimentaron con la expansión de los campos de prisioneros del país.
En estos precursores del tristemente célebre sistema del gulag, todo tipo de personas se mezclaban con delincuentes comunes, lo que le permitió a todos, desde campesinos hasta intelectuales, experimentar de primera mano la crudeza de fenya.

Fuente de la imagen, Alamy
Cuando Iósif Stalin llegó al poder, millones de personas más fueron encarceladas, lo que provocó que el enigmático vocabulario se extendiera entre aún más prisioneros y se estandarizara, evolucionara y se convirtiera en un vocabulario de presos con términos completamente nuevos.
"El lenguaje se convirtió en una especie de herramienta comunicativa de supervivencia", afirma Martin Puchner, profesor de inglés y literatura comparada en la Universidad de Harvard en Estados Unidos, y autor de The Language of Thieves: The Story of Rotwelsch and One Family's Secret History.
En las cárceles, los delincuentes profesionales formalizaron el fenya en el vorovskoy zakon o código de ladrones, un conjunto de leyes al estilo mafioso que separaban a aquellos familiarizados con sus reglas de los plebeyos o muzhik (campesinos), que solo serían sus víctimas.
Stalin intentó erradicar la delincuencia, junto con todo aquello asociado con ella, como el fenya. Ya en 1930, las revistas oficiales soviéticas denunciaban las "canciones de ladrones" como una peligrosa afrenta a la cultura proletaria.
Los artistas populares se reinventaron adoptando posturas más aceptables desde el punto de vista ideológico.
Saliendo de las prisiones
Los días posteriores a la muerte de Stalin en 1953 trajeron un nuevo giro a la historia del fenya.
Una amnistía masiva de más de un millón de prisioneros provocó que los delincuentes de poca monta abandonaran los gulags en masa, y regresaran a casa llevándose el fenya con ellos.
Las Blatnaya pesnya —canciones de ladrones— resonaron en las tabernas de todo el país.
"En aquel entonces, existía la percepción de que la cultura criminal era una cultura popular, reprimida por el partido oficial", explica Svetlana Stephenson, profesora de sociología en la Universidad Metropolitana de Londres y autora de Gangs of Russia: From the Streets to the Corridors of Power.
"Había un coqueteo con este mundo entre la intelectualidad".
Los intentos por reprimir esas canciones solo aumentaron su popularidad.

Fuente de la imagen, Getty Images
A medida que la URSS intensificaba la censura, algunos ciudadanos emprendedores pirateaban música, cortando con tijeras láminas de rayos X en forma de disco e imprimiendo sonidos en ellas con tornos caseros.
Conocidas como "jazz en huesos", las grabaciones se podían reproducir en gramófonos. El floreciente mercado negro de esas láminas le permitió a la gente intercambiar música de emigrados rusos denunciados, así como grabar sus propias canciones, algo que de otro modo habría sido imposible.
Las grabaciones caseras de canciones de ladrones circularon ampliamente. Más tarde, con la llegada de la cinta de casete, los sonidos estridentes de artistas underground como Arkady Severny y la cantante emigrante Dina Vierny, con sus historias obscenas de sexo, robos, violencia y gulags, resonaron por toda la URSS.
Para cuando la Unión Soviética se desintegró en 1991, el estatus folclórico del fenya ya estaba consolidado, a pesar de los esfuerzos del Estado. Sin embargo, hablar fenya en sociedad seguía siendo impensable.
Pero a principios del nuevo milenio, empezó una sorprendente nueva era de aceptación.
Las élites políticas rusas, incluido Vladimir Putin, comenzaron a usar fenya en sus comunicados oficiales, afirma Larissa Ryazanova-Clarke, profesora de ruso y sociolingüística en la Universidad de Edimburgo (Reino Unido).
Este "período de agitación lingüística" se debió al "desplome de la norma", explica, reflejando los drásticos cambios de la época.
Según Stephenson, los funcionarios probablemente utilizaron este lenguaje para darle un atractivo populista, y ha descrito esta tendencia como Kremlovskaya Fenya (Fenya del Kremlin).
"Creo que expresa la cultura de la violencia, que ha calado hasta las más altas esferas de la sociedad rusa", afirma.
Paradójicamente, los funcionarios prohibieron hablar fenya en las cárceles rusas, pero ellos mismos continuaron haciéndolo.
En la web
A medida que el fenya se adentraba en el lenguaje cotidiano a principios del siglo XXI, también comenzó a evolucionar en un nuevo ámbito: la revolución digital.
En 1999, en los inicios de internet en Rusia (o "RuNet"), un usuario del foro FidoNet publicó un "Manifiesto contra la alfabetización", escribe la académica Larisa Morkoborodova.
En él arremetía contra "la supuesta corrección ortográfica en la red" e instaba a "todos los maestros de la palabra rusa" a "¡desafiar la muerte de nuestra lengua viva a manos de autómatas sin alma!".

Fuente de la imagen, Getty Images
Sus faltas de ortografía deliberadas y sus ingeniosos juegos de palabras dieron origen a una nueva jerga conocida como padonki, también llamada irónicamente olbanian.
Millones de personas hablan padonki cada mes en línea, escribe Morkoborodova, y se ha extendido a la sociedad en general. Esto significa que muchos rusos están familiarizados con el padonki, aunque solo una pequeña parte de ellos son delincuentes.
Aun así, su semántica creativa puede causar dolores de cabeza a los detectives cibernéticos.
La jerga rompe deliberadamente con las convenciones del idioma ruso, haciendo hincapié en las consonantes dobles y las palabras escritas fonéticamente, con préstamos del inglés que se desvían de sus significados originales.
Por ejemplo, los hablantes de ruso podrían escribir 'correo electrónico' como 'mylo' —literalmente, "jabonera"— porque en los albores de la cultura digital en Rusia simplemente no existía una palabra para correo electrónico, explica Roman Sannikov, experto en ciberseguridad que trabajó como lingüista para el FBI.
La palabra rusa para jabonera sonaba fonéticamente parecida. "Si usas la traducción automática, a veces obtendrás 'jabón' en lugar de 'correo electrónico'", añade.
"Muchos términos provenían del inglés, porque esas palabras simplemente no existían en ruso", dice Sannikov. "A un disco duro se le solía llamar 'winch', porque muchos de ellos llevaban la marca Winchester".
'Ciber-Fenya'
"La mayoría de las personas que crearon la jerga cibernética eran niños o jóvenes", dice Sannikov.
Y luego empezaron a aparecer palabras en fenya.
Para Fyodor Yarochkin, investigador de la empresa de ciberseguridad Trend Micro, podría tratarse de un tipo de polinización cruzada: delincuentes tradicionales que entraron en el ámbito de los ciberdelincuentes de cuello blanco, quizás para hablar de delitos más físicos.
O quizás, tras haber aprendido frases de películas de gánsteres, podrían estar simplemente intentando impresionar y parecer duros, utilizando fenya como símbolo de estatus o referente cultural.
Sin embargo, cuando en 2022 se filtraron los registros de chat de la banda rusa de ciberdelincuentes Conti, entre la logística, las obscenidades y la palabrería en general, había palabras que se pueden rastrear hasta el fenya.
Investigadores de la empresa global de ciberseguridad Check Point observaron que algunas conversaciones parecían incomprensibles, ya que la traducción automática fallaba cuando se decían frases como: "Mis jabones no se bañan. Llevo meses calentándolos". En realidad, los delincuentes hablaban de cómo evitar las listas negras de correo electrónico.
Los foros de los llamados "intermediarios de acceso inicial" -empleados o colaboradores que facilitan la entrada de ciberatacantes en las organizaciones- también suelen usar una mezcla de fenya y mat para encubrir sus actividades.
"El fenya y la jerga del cibercrimen son casi como una forma de evolución convergente", afirma Sannikov, "conformando juntos un intrincado entramado semántico difícil de desentrañar".
"Podríamos llamar a este revoltijo de jerga criminal en línea 'ciberfenya'", añade.
Este uso de internet es solo el ejemplo más reciente de cómo la jerga criminal se sigue modificando y, en ocasiones, incorporando al ruso.
Pero el alcance actual del fenya se debe, en última instancia, a Stalin y los gulags, que lo convirtieron en uno de los lenguajes clandestinos más extendidos del mundo.
Muchos de los prisioneros de allí podrían haberte dicho que una frambuesa era una guarida secreta, que un "seis" estaba en lo más bajo de la jerarquía criminal, y que la akademiya, o prisión, era donde nunca querrías terminar, aunque ciertamente te habría dado una buena educación en fenya.
* Si quieres leer éste u otros artículos de BBC Future en inglés, haz clic aquí

Descarga la nueva app del BBC World Service. Elige BBC News Mundo y recibe alertas de noticias, documentales y análisis, todo en un solo lugar. Importante: la nueva aplicación no está disponible en Reino Unido ni Estados Unidos.