Desde temprano el jueves, la vereda del Centro de Residentes Chilenos Violeta Parra, en Roca, se llenó de vecinos que fueron a comprar empanadas. La escena se repitió este viernes y forma parte de los festejos por los 216 años de la Declaración de la Independencia de Chile, una celebración que la colectividad organiza con una ramada que incluye bailes y comidas tradicionales que en el país trasandino acompaña cada 18 de septiembre.
«La invitación está para todos, para que vengan a degustar nuestras empanadas o algo típico de Chile, el pisco chileno que siempre nos piden», cuenta Pedro Barría, Secretario de la institución.
Acerca del origen del Centro de Residentes Chilenos Violeta Parra: un lugar de refugio ante la dictadura y la crisis
El centro fue fundado el 26 de agosto de 1986, aunque sus orígenes se remontan a varios años antes, cuando en la ciudad funcionaba una agrupación llamada Chile Democrático. La necesidad de recibir a la gran cantidad de compatriotas que llegaban desde Chile, muchos de ellos escapando de la dictadura o de la crisis económica, llevó a un grupo de residentes a organizarse y buscar apoyo, comenta el referente.
«Muchos no tenían lugar donde llegar, no tenían trabajo, no tenían lugar donde vivir. Sentíamos que todos los días teníamos a alguien quien recibir en nuestros hogares», recuerda.
Esa urgencia derivó en una campaña de recolección de fondos que se replicó entre comuidades chilenas radicadas en Suecia y Suiza, con peñas y venta de empanadas. El dinero reunido llegó a la comisión directiva que enacabezaba Ricardo Wilde, el primer presidente de la institución, y permitió construir el edificio que hoy sigue en pie.
Tras una década de abandono, hace tres años el espacio volvió a funcionar
Sin embargo la historia del centro también tuvo dificultades. La institución permaneció cerrada durante casi 10 años, hasta que Patricio Seguel, actor nacido en Chile, y desarrolló su carreta artística en la ciudad, encabezó un proceso de normalización institucional, que regularizó al centro como persona jurídica y le permitió recuperar el edificio.
Hace tres años y medio, cuenta Pedro, la documentación quedó regularizada por completo y el salón volvió a funcionar. Al inicio se encontraron con deudas municipales, multas y un edificio sin gas, sin luz y sin agua corriente. La reactivación llegó de a poco, primero con pequeños eventos, hasta consolidar el uso comercial del salón para fiestas, cumpleaños y celebraciones religiosas.
El período de abandono también dejó marcas más difíciles de resolver. La planta alta del edificio, que supo funcionar como oficina consular, migratoria y de asesoramiento jurídico, quedó tomada durante esos años y sufrió, según Pedro, un «daño de dominio público».
Consulado a distancia: un operativo para realizar trámites de DNI, provisionales o de doble nacionalidad
Uno de los servicios que la comunidad busca recuperar es el llamado «consulado a distancia», un operativo en el que funcionarios del registro civil, de migraciones y de previsión social de Chile se trasladan hasta la región para resolver trámites que de otro modo obligarían a viajar hasta Neuquén, a la sede del Consulado General de Chile (calle La Rioja 241).
La última edición, relató Pedro, convocó a casi 400 personas que renovaron su carnet de identidad o gestionaron trámites previsionales. La intención de la institución es que el operativo se repita cada seis meses, aunque reconoció que la definición depende de la disposición del nuevo gobierno chileno y de la situación económica del país.
Entre los trámites más solicitados está la doble nacionalidad, un beneficio que alcanza hasta la tercera generación de descendientes de chilenos y que se tramita directamente en el consulado, mediante una declaración jurada de los padres, abuelos o bisabuelos. El camino inverso, la naturalización argentina de un ciudadano chileno, sigue otro circuito completamente distinto, ya que se resuelve en la justicia federal y puede demorar entre un año y medio y dos años, detalla.
Más de 40 mil chilenos en la región: «acá no nos sentimos discriminados»
Pedro también aportó una dimensión demográfica, según su estimación, en 1983 llegaron a vivir en el Alto Valle rionegrino, entre Zapala y Río Colorado, unos 200.000 chilenos, en el marco de una inmigración masiva asociada a la dictadura y también al trabajo rural (especialmente a la cosecha de frutas), pero con el retorno de la democracia a Chile, buena parte de esa comunidad decidió volver a su país de origen.
Hoy, calculó, quedan con vida entre 38.000 y 40.000 compatriotas de aquella generación, mientras que la llegada de nuevos trabajadores se redujo de la mano de la caída de la chacra frutícola y de un tipo de cambio que ya no es atractivo.

Sobre el vínculo con los rionegrinos describió: «a veces se habla de discriminación, de xenofobia, de actitudes antiinmigratorias, pero nosotros no lo podemos decir. Hemos recibido lo mejor del pueblo argentino», afirmó.
Y contrastó esa experiencia con la de compatriotas que emigraron a Europa y sí sintieron el desarraigo. «Acá tenemos todas las posibilidades de sentirnos bien acogidos por la comunidad de General Roca y por la comunidad argentina completa», agregó.
Los festejos por la independencia continuarán este viernes con la tradicional ramada a partir de las 21, que incluirá actos protocolares, la entonación de los himnos de ambos países y baile popular. La entrada tendrá un valor de 8.000 pesos.