Finalissima azulgrana

2026/07/19

Leo Messi en pantalón corto y con chaqueta de chándal mirando al quarterback Tom Brady con ojos de alucinado porque su inglés no le daba para responder a la pregunta sobre Lamine y él bañándole siendo un bebé. “Esa foto es una locura, es la vida. Me hice una foto cuando él era bebé y que estemos los dos enfrentándonos en una Copa del Mundo. Lamine uno de los mejores del mundo, le he seguido mucho, juega en el Barça un club al que amo y le deseo siempre lo mejor. Es buenísimo. Le deseo la mejor de las suertes porque su bien será el bien del Barcelona. Pero intentaremos hacer un buen partido para que él no haga su mejor versión”. Estas palabras de Leo Messi ante el mundo es una auténtica declaración de amor hacia el Barça horas antes de la Finalissima más blaugrana. La de Messi y Lamine Yamal, la de nueve canteranos del FC Barcelona. Un futbolista que es un genio irrepetible de 39 años y un chaval de 19 años que disfruta comiéndose un ‘hotdog’ en la quinta avenida junto a sus amigos y que alucina viendo su cara en las pantallas multicolores de Times Square.

España y Argentina, una final que habla castellano por segunda vez en la historia después de que en 1930 se enfrentasen Argentina y Uruguay. Será fútbol, no soccer. Se gritará ‘gol’ y el fuera de juego no tendrá que traducirse. Una final con Donald Trump en el palco junto a los Reyes de España y el presidente Pedro Sánchez. Pidió el mandatario americano a Gianni Infantino organizar otro Mundial “pero esta vez dejaremos fuera a México y Canadá”.

España ha sido la selección que mejor ha jugado a fútbol moderno, perfección absoluta, definición de lo que se puede hacer cuando se quiere, se estima, se ama el balón. Argentina respira al ritmo que marca Leo Messi, puede ser pausada, agotada, temperamental, canchera si Leo necesita tomar aire. Es una selección la albiceleste que se instala en la tensión como si fuera una clásico de Hitchcock y te mantiene aguantando la respiración hasta que Messi se rebela. Y ahí muestra parte del repertorio de un libreto indescifrable para el común de los mortales. Es Argentina inmortal. Messi ha convertido cada partido en una resurrección. Aparece Leo para sentarse a la izquierda de Dios y para recordarle al mundo que ha hecho un pacto, no digamos con el diablo, y con cada abrazo con sus compañeros rejuvenece. Digno de estudio.

España es más mortal. Más fría. Más calculadora. Rodri ha creado una selección a su imagen y semejanza, que no se altera porque sabe, es plenamente consciente, de que juega como los ángeles. Se permite España los taconazos, las rabonas, los regates endiablados, porque tiene futbolistas de la calle, del barrio, del pueblo. Lamine es el más distinto, el nacido para marcar una década, el bendecido por el más grande. Con 19 años tiene el desparpajo y el talento de una estrella, la que se quiere grabar en el pecho, colgarse del cuello convertida en brillantes. Quiere levantar el trofeo como campeón del mundo pero más aún ir a Rocafonda con el pedazo de anillo que entregarán este año por primara vez a los campeones. Al estilo NBA. Están preparados.