El regreso de Francia al crecimiento ha durado solo un mes. La actividad empresarial se ha contraído de nuevo en octubre, mientras la confianza de las empresas francesas ha caído a su nivel más bajo desde los primeros confinamientos por la COVID-19 en 2020.
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Este retroceso ha arrastrado al conjunto de la eurozona.
El índice compuesto de gestores de compras (PMI) de la eurozona, que mide la actividad en la industria y los servicios, ha bajado en octubre a 51,9 desde 53,1 en septiembre.
Ha sido la lectura más débil en cuatro meses, aunque el índice se mantiene por encima de 50, el umbral que separa el crecimiento de la contracción. Los economistas esperaban un descenso más moderado, hasta 52,7.
Los índices de servicios y de manufacturas también han quedado por debajo de lo previsto, aunque siguen señalando una expansión modesta.
La última encuesta sugiere que la recuperación de Europa está perdiendo impulso justo cuando la inflación complica que el Banco Central Europeo (BCE) abarate el coste de los préstamos.
¿Es esta una pausa en el crecimiento o el inicio de algo peor?
¿Qué ha fallado en Francia?
Francia ha registrado el mayor deterioro entre las dos mayores economías de la eurozona. Su PMI compuesto ha caído a 48,4 desde 51,1 en septiembre, muy por debajo del 50,5 que preveían los economistas.
El índice de actividad en servicios ha bajado a 48,4, mientras que el de manufacturas ha retrocedido a 49,3, su nivel más bajo en 11 meses.
Las empresas han señalado que los clientes están posponiendo proyectos y retrasando decisiones de gasto. Los nuevos pedidos han caído al ritmo más rápido desde mayo y la actividad exportadora se ha reducido por undécimo mes consecutivo.
El empleo también ha disminuido.
Las empresas francesas han recortado plantilla por sexto mes consecutivo, sobre todo dejando vacantes sin cubrir y permitiendo que expiren los contratos temporales.
Pero las cifras sobre la confianza empresarial han sido considerablemente peores. Las expectativas para los próximos 12 meses han caído a su nivel más bajo desde abril de 2020, cuando la pandemia paralizó buena parte de la economía francesa.
La encuesta también ha recogido expectativas empresariales negativas por primera vez en casi dos años.
Joe Hayes, economista sénior principal en S&P Global Market Intelligence, ha vinculado este deterioro con los problemas políticos y fiscales de Francia.
Dijo que esta lectura de confianza "refleja las preocupaciones de las empresas por lo que se perfila como unas elecciones presidenciales de 2027 muy inciertas, que se suman a las inquietudes ya existentes sobre la situación fiscal de Francia".
Esta incertidumbre política en Francia ha ido acompañada de un fuerte aumento del coste de financiación del Estado. Esto importa a las empresas, porque la subida de los tipos de interés encarece los préstamos y puede desincentivar la inversión, incluso sin nuevas subidas de tipos del BCE.
"Como era de esperar, la volátil situación política y el repunte de los costes de financiación del Gobierno hicieron que la caída del PMI compuesto francés lastrara el conjunto de la fotografía", afirmó Rory Fennessy, economista sénior en Oxford Economics.
Francia solo había vuelto a crecer en septiembre, tras meses de contracción. Los datos de octubre sugieren que esa recuperación ya se ha quedado sin fuelle.
¿Está aguantando mejor Alemania?
Alemania ha ofrecido un panorama algo más alentador, aunque el crecimiento también se ha moderado.
El PMI compuesto del país se ha reducido a 52,8 desde el máximo de 11 meses de 53,8 registrado en septiembre. Los economistas esperaban 53,3.
Las fábricas han seguido creciendo. El PMI manufacturero de Alemania ha subido a 54,2, su lectura más alta en dos meses, apoyado en los pedidos de exportación y en el gasto público en defensa e infraestructuras.
Los servicios han mostrado más debilidad, con un índice que ha caído a 51,7. Las empresas de este sector han informado de que los clientes están retrasando decisiones y conteniendo el gasto a medida que los presupuestos se ajustan.
Phil Smith, director asociado de economía en S&P Global Market Intelligence, ha señalado que la ralentización "pone de relieve que la recuperación de la mayor economía de la eurozona sigue siendo frágil".
Las fábricas alemanas también se enfrentan a un problema que podría agravarse en los próximos meses. Los fabricantes han registrado el incremento más rápido de los costes de insumos desde mayo, especialmente en petróleo, materias primas y componentes electrónicos.
El crudo Brent cotizaba el viernes en torno a 114 dólares por barril, lo que añade presión a las industrias intensivas en energía.
La confianza de los fabricantes ha caído a su nivel más bajo desde julio.
"Un nuevo repunte de las presiones de costes ha rebajado las expectativas en todo el sector, y es probable que ambos factores sigan intrínsecamente vinculados en los próximos meses", explicó Smith.
Alemania se está beneficiando de una mejora de los pedidos industriales, pero las empresas muestran una preocupación creciente por cuánto les costará atenderlos.
¿Por qué la subida de precios se está convirtiendo en un problema para el BCE?
El aumento de los costes va más allá de Alemania. En toda la eurozona, los fabricantes han informado de precios más altos de la energía, el combustible y el transporte, mientras que los plazos de entrega de los proveedores se han alargado al ritmo más rápido en cuatro meses.
Chris Williamson, economista jefe de empresas en S&P Global Market Intelligence, ha señalado que la encuesta sigue apuntando a un crecimiento trimestral del PIB de alrededor del 0,3%. Pero "los tipos de interés más altos también empiezan a pasar factura, frenando la demanda", dijo.
Con una inflación que sigue mostrando resistencia a moderarse, Williamson indicó que las cifras "probablemente alimenten nuevas especulaciones sobre un endurecimiento de la política del BCE más agresivo".
Eso podría traducirse en un mayor coste de financiación para empresas y hogares, incluso mientras la economía pierde ritmo.
Las acciones y los bonos franceses siguen bajo presión
El CAC 40 francés ha caído un 0,7% en la mañana del viernes, hasta alrededor de 7.750 puntos, más de un 11% por debajo de su máximo de cierre del 10 de agosto.
El FTSE MIB italiano se ha mantenido prácticamente plano tras el descenso del 2,5% registrado este jueves, y también se sitúa más de un 10% por debajo de su pico de agosto.
Los bonos del Estado francés han sufrido una corrección aún más acusada. El rendimiento a 10 años alcanzó el jueves el 5,14%, su nivel más alto desde 2002, antes de relajarse hasta alrededor del 5,04% este viernes.
La brecha con respecto a los rendimientos alemanes a 10 años se situaba en 170 puntos básicos, más del doble de los 78 puntos básicos registrados a comienzos de agosto.
Francia paga ahora unos 45 puntos básicos más que Italia para endeudarse a diez años. El euro también se encontraba bajo presión, en torno a 1,12 dólares, más de un 4% por debajo de su máximo de agosto.
Un euro más débil puede encarecer la energía importada, añadiendo otra fuente de inflación en un momento en que los fabricantes europeos ya pagan más por el combustible y las materias primas.
¿Se encamina Europa hacia otra recesión?
Las encuestas empresariales de octubre son decepcionantes, pero todavía no apuntan a que la eurozona esté abocada a una recesión.
Sin embargo, hay motivos para la cautela.
Las empresas francesas se enfrentan a la incertidumbre política y al aumento de los costes de financiación. Los fabricantes alemanes lidian con precios de la energía más altos, mientras que las empresas de toda la región informan de una demanda más débil.
El BCE debe decidir ahora hasta qué punto puede seguir elevando el coste de los préstamos para contener la inflación sin causar más daño al crecimiento.
Las sólidas encuestas empresariales de septiembre habían alimentado la esperanza de que la recuperación de Europa empezaba por fin a consolidarse.
Las cifras de octubre han puesto en duda esa idea, especialmente en Francia, donde las empresas ya están recortando empleo y registran sus expectativas más débiles en más de seis años.