Guerra comercial entre EE. UU. y Canadá: lo que debes saber sobre el enfrentamiento entre Trump y Carney

2026/08/24

La ruptura del diálogo en Washington activa aranceles del 50 % por parte de EE. UU. y desata represalias inmediatas de Ottawa, evidenciando la profunda división entre Donald Trump y Mark Carney.

El pasado viernes por la noche en Washington, la relación comercial histórica entre Estados Unidos y Canadá sufrió una fractura crítica al suspenderse las negociaciones para un tratado libre de impuestos, desatando una guerra comercial directa entre sus mandatarios, Donald Trump y Mark Carney

Como consecuencia directa de esta ruptura, el gobierno de Estados Unidos activó de inmediato un impuesto de aduana (arancel) del 50 % a miles de productos canadienses valorados en 20,000 millones de dólares, lo que provocó que el primer ministro de Canadá retirara a sus negociadores y prometiera aplicar un contraataque idéntico para defender su economía y soberanía.

Este colapso en las conversaciones dejó de lado décadas de cooperación económica y dio paso a una dura estrategia de resistencia por parte de Canadá frente a las sanciones de su vecino del sur.

"Estás en guerra cuando te atacan, y nosotros fuimos atacados", afirmó el primer ministro canadiense, Mark Carney, durante una conferencia de prensa en Ottawa tras dar por concluidos los diálogos.

"No podemos aceptar lo que han ofrecido y no daremos lo que han pedido", añadió Carney, al explicar la firmeza de la posición de su país frente a las exigencias norteamericanas.

La penalización de Estados Unidos comenzó a cobrarse a la medianoche del sábado y castiga a más de 500 tipos de productos canadienses, abarcando desde materiales de construcción esenciales como la madera contrachapada, el cemento, el papel higiénico y la ropa, hasta artículos cotidianos como palos de hockey, vino, lácteos, correas para perros y bigotes de imitación.  

El detonante del fracaso: exigencias de última hora en Washington

Para entender por qué se rompió la mesa de diálogo, hay que mirar las condiciones imprevistas que los negociadores de Estados Unidos agregaron al borrador de acuerdo a última hora.

Washington exigió limitar la soberanía de Canadá prohibiéndole firmar tratados comerciales independientes con otros países, y propuso modificar las reglas de la industria automotriz para perjudicar la venta de grandes camiones fabricados en la provincia canadiense de Ontario, afectando de manera directa a modelos populares como las camionetas Ford F-350, Ford F-450 y la GM Silverado.

Además, la Casa Blanca intentó eliminar el apoyo financiero que el gobierno de Canadá otorga a sus propias industrias de cine y libros, las cuotas de música y televisión en francés en plataformas digitales, y el uso obligatorio del doble etiquetado (inglés y francés) en los envases de los productos comerciales.

Por su parte, la delegación estadounidense justificó las medidas arancelarias acusando a su socio del norte de buscar beneficios exclusivos desproporcionados en sectores estratégicos y de dar marcha atrás en consensos alcanzados con anterioridad.

La desconfianza ante los cambios súbitos de la administración republicana marcó el retiro de la comitiva canadiense de la capital estadounidense.

"Hemos reconocido desde el principio que Estados Unidos ha cambiado. Reconocemos que, a veces, su firma está escrita con lápiz", expresó Mark Carney, en referencia a la inestabilidad de los compromisos de la administración estadounidense.

Aranceles cruzados y el impacto económico inmediato

Un arancel es, básicamente, un impuesto especial o peaje que un país cobra a los productos que importa del extranjero para hacerlos más costosos y desincentivar su compra.

La penalización de Estados Unidos comenzó a cobrarse a la medianoche del sábado y castiga a más de 500 tipos de productos canadienses, abarcando desde materiales de construcción esenciales como la madera contrachapada, el cemento, el papel higiénico y la ropa, hasta artículos cotidianos como palos de hockey, vino, lácteos, correas para perros y bigotes de imitación.

Como respuesta defensiva, el primer ministro canadiense anunció que aplicará su propio contraataque cobrando impuestos idénticos a los productos estadounidenses a partir del 8 de septiembre, enfocándose en el acero, la maquinaria agrícola, los electrodomésticos, los lácteos, la celulosa y los productos electrónicos importados desde el sur.

Para aplicar este castigo de manera indefinida y eludir los límites de tiempo habituales, el presidente Trump revivió la Sección 338 de la Ley Smoot-Hawley de 1930, una herramienta legal de la época de la Gran Depresión que permite imponer cobros de hasta el 50 % a países acusados de tratar con desigualdad a los comercios estadounidenses.

Como respuesta defensiva, el primer ministro canadiense anunció que aplicará su propio contraataque cobrando impuestos idénticos a los productos estadounidenses a partir del 8 de septiembre, enfocándose en el acero, la maquinaria agrícola, los electrodomésticos, los lácteos, la celulosa y los productos electrónicos importados desde el sur.

Al mismo tiempo, el líder de la provincia de Ontario, Doug Ford, ha sugerido ir más allá y colocar trabas impositivas a la exportación de petróleo, gas, electricidad y minerales raros, recursos energéticos fundamentales de los que depende la red eléctrica y el suministro de combustible de los estados norteamericanos de la frontera.

Esta confrontación aduanera tendrá consecuencias palpables en la economía cotidiana de ambas naciones, alterando el Producto Interior Bruto (PIB), que mide la riqueza total producida por un país.

Un estudio proyectado por el Royal Bank of Canada (RBC) estima que estos nuevos aranceles estadounidenses le restarán unas cuatro décimas al crecimiento de Canadá.

Asimismo, la Federación Canadiense de Empresas Independientes (FCEI) alertó que el 40 % de los pequeños exportadores sufrirá pérdidas directas, y un tercio de ellos calcula que sus ingresos caerán a la mitad por no poder pagar este nuevo recargo en la frontera
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En el lado estadounidense, las consecuencias las pagarán los propios ciudadanos, ya que las empresas importadoras suelen trasladar el costo del impuesto directamente al precio de venta en las tiendas.

"Estos aranceles actúan como un aumento de impuestos para las familias y empresas de Michigan al elevar los precios en el supermercado y en la gasolinera", escribió la gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer, a través de su cuenta en la red social X.

Según reveló en exclusiva la agencia de noticias Bloomberg citando a fuentes del gobierno, el equipo de Carney considera muy poco probable que se retomen las negociaciones antes de las elecciones legislativas de mitad de mandato en Estados Unidos, por lo que el plan de auxilio financiero está pensado para durar años si es necesario.  

Choque de liderazgos: la rivalidad personal entre Trump y Carney

La disputa comercial es también el reflejo de una intensa rivalidad personal entre Donald Trump y Mark Carney, dos líderes con visiones del mundo completamente opuestas.

Carney llegó al poder en Canadá el año pasado tras una campaña electoral basada en la promesa de plantar cara a la agresiva agenda económica de Trump, quien ha sugerido de forma provocadora que Canadá debería ser anexado como el "estado 51" de Estados Unidos por medio de la presión financiera.

La tensión aumentó cuando Carney declaró en el foro de Davos en enero que Estados Unidos ya no era un socio confiable para la estabilidad global, lo que desató la molestia inmediata del mandatario estadounidense
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El mandatario estadounidense utilizó sus redes sociales para expresar su descontento con la postura defensiva del gobierno de Ottawa.

"¡¡¡Canadá quiere los beneficios de ser un estado, sin serlo!!! Además, durante muchos años han impuesto enormes aranceles a nuestros magníficos agricultores. ¡¡¡Se acabó!!!", publicó el presidente estadounidense, Donald Trump, en su red social Truth Social la madrugada del domingo
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Desde el círculo cercano al presidente estadounidense se han emitido declaraciones muy críticas que buscan restarle peso a la capacidad de resistencia del gobierno de Canadá.

"Es un país que no tiene ejército. Tienen tasas récord de eutanasia. Así que pensar que van a ir a la guerra contra Donald Trump y realmente ganar esa guerra contra los Estados Unidos, me parece que es una locura por su parte", aseveró Sean Duffy, secretario de Transporte de Estados Unidos, al referirse al liderazgo canadiense.

Incertidumbre comercial y la estrategia de resistencia canadiense

A pesar del fuerte impacto económico que se avecina, la decisión del primer ministro canadiense de no ceder ante las demandas estadounidenses ha logrado unir a la política de su país, recibiendo el apoyo de sindicatos del sector de autos como Unifor, gobernadores provinciales e incluso de su principal rival de la oposición, el conservador Pierre Poilievre, quien calificó las tarifas aduaneras de injustificadas.

La única voz discordante fue la de la primera ministra de la provincia petrolera de Alberta, Danielle Smith, quien apoyó levantarse de la mesa pero se opuso a aplicar impuestos de represalia.  El primer ministro de Columbia Británica, David Eby, respaldó la suspensión de los diálogos al considerar que aceptar las demandas de Trump hubiese sido una rendición inaceptable.

Para resistir los efectos de esta parálisis, el gobierno de Ottawa está diseñando un fondo de ayuda económica interna enfocado en proteger a los trabajadores y empresas afectadas. 

Según reveló en exclusiva la agencia de noticias Bloomberg citando a fuentes del gobierno, el equipo de Carney considera muy poco probable que se retomen las negociaciones antes de las elecciones legislativas de mitad de mandato en Estados Unidos, por lo que el plan de auxilio financiero está pensado para durar años si es necesario.

"Apoyaremos a estas empresas durante el tiempo que sea necesario, en otras palabras, más allá de la vida de esta administración de los Estados Unidos", declaró Mark Carney, al ser consultado por periodistas sobre la duración del amparo gubernamental.


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