Los kits solares portátiles que se reparten como ayuda humanitaria están ayudando a las personas en zonas de desastre y en campos de refugiados a mantenerse frescas y conectadas.
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Cada día, Mohammed Saber coloca un único panel solar rectangular en el tejado de la chabola de bambú y lona que él y su familia han llamado hogar durante años. Fue la última etapa de su viaje tras huir de la brutal ofensiva del Ejército de Myanmar contra los rohinyás en 2017.
Desde que se lo entregaron hace seis años, el panel portátil ha sido la principal fuente de electricidad de la familia, lo que ha hecho mucho más llevadera la vida diaria en el campamento de desplazados de Teknaf, Bangaldesh.
"Ahora podemos cargar los móviles, cocinar con luz, los niños pueden estudiar por la noche y usar ventiladores durante la temporada de calor", dice Saber, de 35 años.
Desde las zonas inundadas de Nepal hasta los campos de refugiados en África, los expertos señalan que la energía solar está convirtiéndose cada vez más en parte de la respuesta humanitaria ante desastres, a medida que la tecnología mejora, los costes bajan y las organizaciones humanitarias reconocen que tener acceso a la electricidad es una necesidad fundamental.
Las soluciones de energía renovable, añaden, son más necesarias que nunca, ya que el cambio climático impulsa e intensifica los fenómenos meteorológicos extremos, mientras que las guerras, las sanciones y las convulsiones políticas mantienen volátiles los precios de los combustibles fósiles.
Los kits de energía solar son portátiles, recargables e independientes de la red eléctrica
Cuando se producen desastres y las necesidades humanitarias se disparan, los kits solares pueden convertirse en un recurso valioso, afirma Sarah Rosenberg-Jansen, investigadora del Stockholm Environment Institute, un instituto independiente de investigación y políticas especializado en desarrollo sostenible.
Estos kits solares, unidades compactas todo en uno que utilizan paneles solares y no dependen de las compañías eléctricas, son fáciles de transportar y recargar, según Rosenberg-Jansen.
"En situaciones de emergencia, los kits solares pueden desplegarse de inmediato", señala, y añade que son especialmente útiles cuando el nivel del agua de las inundaciones sube con rapidez, cambian las líneas del frente de un conflicto o hay que desplazarse por zonas donde las carreteras dañadas dificultan el tránsito.
En cuanto a su función, los kits pueden ser "desde linternas solares hasta sistemas solares domésticos, focos solares, mantas térmicas solares o cocinas eléctricas que utilizan la energía solar como fuente", explica.
La caída de los costes de la energía solar ha impulsado su papel en la ayuda en casos de desastre
Rosenberg-Jansen señala además que los paneles solares no están expuestos a sobresaltos de precios como los combustibles fósiles, que pueden resultar difíciles y costosos de transportar a una zona de desastre.
Hace apenas unas décadas, la energía solar era un lujo, añade, pero a medida que la tecnología ha evolucionado también lo han hecho la percepción y el precio. Ahora es más asequible gracias a la expansión de la producción en masa y a los avances tecnológicos.
También es mucho más fácil de utilizar, asegura Yuriy Boyechko, director ejecutivo de Hope For Ukraine, una organización sin ánimo de lucro con sede en Estados Unidos que suministra kits solares a familias que viven en la Ucrania devastada por la guerra.
"Tenemos abuelas y abuelos de unos 75-80 años... recibiendo kits", dice Boyechko. "Es simplemente cuestión de enchufar y usar."
Los paneles solares son ahora cada vez más habituales.
En las afueras de Karachi, el principal centro económico de Pakistán, una clínica de tuberculosis gestionada por Médicos Sin Fronteras utiliza energía solar. En el condado de Renk, en Sudán del Sur, la agencia de migración de la ONU ha instalado sistemas de filtración de agua alimentados con energía solar para familias desplazadas por la guerra en el vecino Sudán.
Y tras las inundaciones masivas de Nepal en agosto, que causaron 1.455 muertos y dejaron 5.285 desaparecidos, entre ellos cientos de ciudadanos extranjeros, organizaciones locales e internacionales, entre ellas la ONG australiana SolarBuddy, distribuyeron kits solares.
Los problemas de financiación y la burocracia siguen siendo obstáculos para la ayuda en desastres
Mark Gibson, de Global Platform for Action (GPA), que promueve el acceso a una energía asequible, fiable y limpia, señala que integrar la energía solar no ha estado exento de dificultades.
Las agencias de ayuda cuentan con sistemas consolidados que a menudo incluyen generadores diésel dentro de contratos y acuerdos de larga duración. Pasar a la energía solar implica confiar en sistemas nuevos y poner en marcha nuevas cadenas de distribución, en ocasiones en entornos de riesgo.
Los recientes recortes en la financiación de los donantes internacionales también han debilitado, o incluso borrado por completo, nuevas prácticas que empezaban a asentarse, afirma Aimee Jenks, responsable de programas en GPA.
"Se ha recortado buena parte de la experiencia técnica sobre energía en el sector humanitario", señala. "Eso está haciendo retroceder muchos avances."
Y aunque el coste de la energía solar ha disminuido, sigue siendo prohibitivo para muchas personas.
Boyechko, de Hope For Ukraine, indica que para finales de 2026 su organización habrá distribuido más de 3.200 kits.
"Pero hemos tardado dos años en llegar a esa cifra, por las necesidades de financiación", sostiene. "Tenemos una lista de espera de unas 20.000 familias. Simplemente no podemos atender toda la demanda."
Aunque ninguna fuente de energía es perfecta, el avance hacia las energías renovables probablemente reducirá la dependencia de los combustibles fósiles contaminantes.
Para Saber, cuya familia forma parte de más de un millón de refugiados de la minoría étnica y religiosa rohinyá de Myanmar que ahora viven en Bangaldesh, el kit significa poder mantener las luces encendidas.
"Ha mejorado la vida de mi familia", afirma.