Habló la mamá de Candela Sol Rodríguez a 15 años del femicidio: “El que la mató sigue preso, pero faltan responsables”

2026/08/22

Candela Sol Rodríguez tenía 11 años cuando desapareció el 22 de agosto de 2011 en Villa Tesei, partido de Hurlingham. El 31 de agosto su cuerpo apareció dentro de una bolsa de basura al costado de la Autopista del Oeste en un crimen que conmocionó al país. 

"Cada fecha de la desaparición es volver a recordar todo; más allá de que todos los días son tristes, ese es devastador", dice a Crónica Carola Labrador a 15 años del femicidio de su hija. 

Candela Sol Rodriguez tenía 11 años cuando fue asesinada. 
Candela Sol Rodriguez tenía 11 años cuando fue asesinada. 

La coincidencia de fechas suma otra capa de angustia a su historia. "El 31 de agosto hace cuatro años murió mi hermana, a la misma hora que encontraron a Cande. Ese día es aún más desbordante", relata la mujer de 53 años. 

Para Carola, el paso del tiempo no atenúa la herida. "Cada día duele más, no es cierto que con el tiempo pasa. La herida sangra todos los días, y ese día sangra más", asegura.

"Hay días que no quiero ni levantarme de la cama. Hago esfuerzos porque la vida sigue adelante", dice Carola.

"Si no tuviese fe, me habría tirado abajo del tren; sé que nos vamos a volver a ver con mi hija. Yo tenía que sacar a sus dos hermanos adelante", afirma.

Sus otros dos hijos crecieron entre la ausencia y la memoria de su hermana. Hoy tienen 29 y 23 años; en 2011 tenían 14 y 6. Candela tendría 25.

Carola Labrador junto a su hija Candela. 
Carola Labrador junto a su hija Candela. 

"Hablamos de ella todo el tiempo con mucha alegría. Mis hijos ya viven solos y cada uno tiene en su casa cosas de Cande", cuenta la mamá. 

Con el padre de Candela, que atravesó tres ACV y estuvo detenido en el momento del crimen, construyeron una forma propia de sostenerse. "Nos acompañamos, vivimos la pérdida en distintas situaciones", explica.

Candela junto a sus padres. 
Candela junto a sus padres. 

"Era bailarina, todos los ritmos le gustaban, era alegre, un sol como su segundo nombre. Le gustaban los deportes, estar al aire libre; era muy compañera conmigo y sus hermanos", recuerda a su hija todos los días. 

Justicia sin condenas completas

"No estoy conforme con la Justicia, pero no voy a hacer nada más", afirma la mamá que hoy trabaja para ayudar a otras víctimas.   

"La Justicia se portó muy mal con nosotros.  La Justicia argentina es una vergüenza. Cuando desapareció Cande dejaron pasar 48 horas y después, durante nueve días, no la buscó nadie. "Usaron políticamente a mi hija", afirma.

Hubo dos juicios por el crimen, pero para la madre de la víctima ninguno cerró la causa de manera completa. "En el segundo juicio no estaba ninguno de los policías que tendrían que haber estado. No había pruebas, es una vergüenza", sostiene.

La última vez que Carola vio a Candela le dijo que la amaba. 
La última vez que Carola vio a Candela le dijo que la amaba. 

 "El que la violó y la mató va a seguir preso, el que se la llevó también, pero no son los únicos. Faltan responsables. Dos personas solas no pueden tener secuestrada a una nena de 11 años que buscaba el país", sostuvo.

Sin recursos propios para afrontar el proceso, Carola asegura:  "Ni antes ni ahora hubiera podido pagar un estudio como el de Fernando Burlando, y ellos me defendieron desde el primer día". 

Cuestiona la falta de asistencia estatal para las víctimas frente a los acusados. "No hay abogados para las víctimas, hay leyes de víctimas que no se cumplen en ningún lado. A los acusados sí les dan. La víctima lo tiene que pagar porque el Estado no te lo da y si no tienes plata, quedas desamparada", relata. 

Hugo Bermudéz condenado por la violación y asesinato de Candela. 
Hugo Bermudéz condenado por la violación y asesinato de Candela. 

El momento del reconocimiento del cuerpo quedó grabado en su memoria. "Creía que la iba a encontrar con vida. Cuando me llamaron para reconocerla, decía que no era ella. Hasta que le vi una manchita de nacimiento que tiene toda la familia paterna y tuve que asumir que era mi hija", recuerda. 

"Tuve ataques de pánico por mucho tiempo, pensaba que me iban a matar a mis otros hijos", dice la mamá. 

Ayuda mutua y crítica a la exposición mediática

Otros casos resonantes reavivaron su angustia. Sobre lo ocurrido con Agostina Vega, adolescente de 14 años asesinada en Córdoba, sostiene: "Escuchar las barbaridades que decían de su mamá, lloré un montón, es una aberración. A mí me pasó lo mismo y no cambió nada".

Tanto en la búsqueda como cuando fue hallada asesinada Candela, su madre fue cuestionada y señalada públicamente. También se dijeron barbaridades de la víctima. 

Carola Labrador yendo a reconocer el cuerpo de su hija. 
Carola Labrador yendo a reconocer el cuerpo de su hija. 

" Tuve que luchar mucho para curarles la cabeza a mis hijos. Fue un gran daño psicológico las aberraciones que se dijeron de Cande, que tenía 11 años. Lo mismo pasó con Agostina, las chicas del triple crimen, en distintos contextos. Estamos viviendo en una sociedad agresiva. Retrocedimos millones de años. Se dice cualquier cosa de la víctima. Yo sigo haciendo juicio a cada uno de los que hablaron mal de mi hija", señala.

La vida después del crimen

"Cada cosa que hago, pienso si ella estaría, qué diría. Ella está; si no, yo no estaría acá parada, ella me sostiene", afirma Carola.

"Hay señales; cuando su papá tuvo los tres ACV, los médicos me dijeron que se iba a morir, que solo lo podía salvar un milagro. A las setenta horas se despertó como si nada", señala. 

"Yo la sueño mucho. Una vez  vi unas sandalias que me gustaron como para una adolescente de 16 años. Y después se las vi puestas en sueños.  Ahora tendría 25 años. Yo creo que ella está en todo lo que hacemos nosotros, en la gente que tuvo la dicha de cruzarse con ella. Esos 11 años que vivió fueron para algo. Todos los que la conocieron recuerdan algo lindo con ella. Era especial; después me di cuenta de eso. Me queda la tranquilidad de que en esos 11 años no estuvo un solo día sin mí", sostiene la mujer que nunca dejó de luchar. 

"Cuando Dios quiera que me vaya, sé que ella me va a estar esperando, por eso no le tengo miedo a la muerte", afirma y cuenta que tiene todas sus cosas guardadas y fotos por todos lados. 

"Cada uno lleva su dolor como puede. Yo no voy al cementerio; sé que mi marido y mis hijos van. Yo prefiero ir a un monolito que le hicieron en Luján, tomo mate, la siento cerca. También cuando voy al mar, a natación, a ella le gustaba mucho el agua como a mi", relata.

"La última vez que la vi le dije: 'Te amo Pocha'. 'Yo también' me respondió. A ella no le gustaba que le dijera Mi Pocha. Ella quería ser como Lali, por eso creo que me gusta tanto", recuerda y se le quiebra la voz.

Habló la mamá de Candela Sol Rodríguez a 15 años del femicidio: "El que la mató sigue preso, pero faltan responsables"

"La siento cerca. Se aprende a vivir con el dolor o el dolor te entierra. El dolor de perder a un hijo no tiene nombre. Perdes a tus padres, sos huérfana; perdes a tu marido, sos viuda. A un hijo no hay cómo nombrarlo. Es desgarrador. No tiene duelo. No se termina nunca, hay que aprender a vivir con eso; es mucho esfuerzo", sostiene. 

"La fe en Dios a mí me ayudó a no convertirme en una persona oscura. Tampoco podía quedarme tirada en la cama; ¿qué hubiera sido de mis dos hijos?, que además estaban siendo maltratados. El más grande podría haber sido jugador profesional, pero dejó de jugar por tantas cosas que le hacían.  Son dos chicos trabajadores, buenas personas. Quiero verlos felices", afirma la mamá.

Carola piensa en voz alta: "Que pase rápido agosto".