Han pasado tres semanas, pero el cielo seguirá intacto para toda la vida. Fue entonces cuando el conjunto español de gimnasia rítmica se proclamó campeón del mundo en el concurso general en Frankfurt, un hito que tan solo se había logrado treinta y cinco años antes. Fue el triunfo de la perseverancia, el de la magia de un conjunto joven formado por Inés Bergua, Salma Solaun, Andrea Fernández, Marina Cortelles, Andrea Corral y Lucía Muñoz.
Esa victoria significó también la primera plaza olímpica del deporte español para los Juegos de Los Ángeles 2028, el último desafío que le resta a un equipo de leyenda. No en vano, también en Frankfurt, España se colgó la plata en el ejercicio mixto para poner el broche a un año de matrícula en el que ya había ganado tres oros europeos. El conjunto dirigido por Alejandra Quereda y Ana María Pelaz ha dejado su sello.
Analiza para MD una trayectoria excepcional su capitana Inés Bergua. A sus veintidós años (29-5-2004), la gimnasta oscense ya es parte de la historia del deporte español. Pero lo tiene claro: quiere más con un conjunto que engancha y que quiere seguir siendo fiel a su identidad.
Bronce mundial en 2022, bronce mundial en 2023, bronce mundial en 2025... Hacía 35 años que no se ganaba el oro en la modalidad reina. ¿Ya tocaba? Además es una guinda que faltaba en su palmarés, uno de los mejores de la historia de la gimnasia española.
No podía haber habido mejor final que el que hemos tenido. Hacía 35 años que España que no se lograba y solo había pasado una vez en su historia. Ser nosotras con este conjunto que ha vuelto a ilusionar es increíble. No es un hecho aislado porque ya el año pasado ganamos los tres oros europeos y este año los habíamos revalidado, pero en un Mundial preolímpico… Era la guinda del pastel que nos faltaba. Personalmente, si esto me lo dicen en 2017 cuando entré al conjunto júnior o en 2020 cuando llegué al sénior… Es una locura. Ojalá pueda seguir sumando para la rítmica y para el deporte español, pero estoy muy orgullosa.
Se caracterizan por tratar de transmitir una gimnasia diferente. ¿Cuál cree que es la seña de identidad de este equipo?
Nosotras queremos ganar y ser las mejores, pero marcando tendencia. Se está viendo en las competiciones que muchos países se inspiran en elementos que estamos inventando. El resto de países que nos intenten copiar dice mucho del pico de trabajo que estamos haciendo. La seña de identidad diría que es principalmente no rendirnos. Resurgir, luchar. Veníamos de quedarnos fuera de una final olímpica y a partir del año siguiente empezamos a ganar todo otra vez. Es un golpe sobre la mesa de que España no se ha ido. Muestra la ambición que tenemos. Vamos más allá, no queremos solamente medallas ni plazas olímpicas. No queremos ser de la media; nosotras queremos ser leyenda.
Habían sido plata en la Copa del Mundo de Bakú, bronce en la de Milán y oro en la Challenge de Portimao. ¿Cuál era el ‘feedback’? ¿Qué tenían que corregir?
La temporada no empezó muy bien. Se ha visto una clara evolución. Igual otros países apuestan ya por ir al máximo desde el primer momento. Nosotras vamos escalando, en forma ascendente. En la primera competición no estábamos todavía en nuestro mejor momento. Faltaba trabajo, no fue buen. A partir de la plata en la Copa del Mundo de Bakú empezó el cambio, tras más semanas de trabajo en Madrid para buscar regularidad en los ejercicios. Se vio más cambio en el de pelotas, pero sobre todo hubo una reordenación de la estrategia por parte del cuerpo técnico y el ver quién iba a salir en cada ejercicio. En el resto de temporada se ha visto que ha funcionado.
Nosotras queremos ganar y ser las mejores, pero marcando tendencia. Nuestra seña de identidad diría que es principalmente no rendirnos. Resurgir, luchar
Llegaban al Mundial tras un segundo triplete europeo seguido. ¿Cómo trabajan esa presión de verse en el foco?
Para nosotras es una motivación saber que vamos como favoritas, que todos los ojos están puestos en ti. Dice mucho de nosotras, en esa situación, confirmar ese poderío que tenemos en el tapiz. Nos enorgullece. Pero es que este equipo, desde que empezó a competir, ya tiene el foco en lo máximo, porque la primera competición del ciclo olímpico fue un oro. Sabemos que el resto de países nos miran, pero lo utilizamos a nuestro favor para potenciar nuestras virtudes, para ser un equipo más compacto.

Empezaron la final del concurso general del Mundial con el ejercicio mixto, de tres aros y dos pares de mazas. 28,950 puntos, primeras con su ‘Mambo’. ¿Qué se dicen tras el ejercicio?
Hay distintos perfiles dentro del equipo. A mí no me gusta saber la nota que tenemos ni la posición. No las supe hasta que terminamos el ejercicio de pelotas. Lo intuyes por comentarios de las entrenadoras, pero no me gusta saberlo.
Entonces, ¿qué sintió tras el de pelotas? Con música de Residente, 28,500 y también la nota más alta.
Estaba feliz porque nosotras, aunque con alguna imprecisión, habíamos hecho dos ejercicios buenos. No podíamos hacer más. Quedaba un grupo entero para pasar nervios, pero es que por nuestra parte ya lo habíamos hecho todo. Tras acabar el ejercicio de pelota tuve un momento de complicidad con Ana y con Alejandra. Faltaban Japón y Brasil en un ejercicio, pero cuando supe que teníamos la plaza olímpica, me puse a llorar. Se te viene todo a la cabeza tras meses duros, supone estar tranquila.
¿Tanto supone una clasificación olímpica?
Sí, sin duda. Es que los Juegos Olímpicos son lo más grande a lo que aspiro desde que tengo noción de lo que es su nombre. El tener ya esa tranquilidad de que tienes la plaza es lo mejor. Te da mucha tranquilidad el saber que el año que viene en el Preolímpico no te la tienes que jugar en ese momento, aunque estoy convencida de que la conseguiríamos igual. En 2022 lo viví con más inocencia, pero esta vez ha sido precioso porque ha venido acompañada de una medalla de oro.
Los Juegos Olímpicos son lo más grande a lo que aspiro desde que tengo noción de lo que es su nombre. El tener ya esa tranquilidad de que tienes la plaza es lo mejor
Una medalla de oro… ¿Cómo vivieron el último grupo de la competición, ya con su trabajo hecho? Faltaba Japón en él.
Comiendo ante las teles de la zona de entrenamiento, todas juntas. En las últimas rotaciones ya estábamos en la zona mixta, pendientes del último aparato de Japón. Cuando acabaron… Pensábamos que nos valía pero en rítmica no puedes dar nada por sentado nunca, porque dependes de los jueces. En el momento en el que salió la nota ya empezamos a llorar, a chillar, a abrazarnos... Ahí sí que éramos campeonas del mundo. Fue muy emotivo, compartido entre todas. Solo nos falta un título.

El objetivo estaba logrado: eran campeonas del mundo del concurso general, que solo se había ganado en 1991, y eran olímpicas. Pero faltaban dos finales el domingo. ¿Cómo se baja de la nube para afrontar la final del ejercicio mixto plata, y la de pelotas, que no salió?
No es fácil prepararse, pero por otro lado piensas que realmente lo importante era el sábado, la general y la plaza olímpica. Obviamente no lo celebramos como se merecía, pero en las finales del domingo estábamos con mucha menos tensión, más liberadas. Se trataba de disfrutar y lógicamente queríamos el triplete. Salió la plata del mixto, que tiene mucho mérito, pero se opaca por la general.
Creo que desde fuera no somos conscientes de todo el trabajo que conlleva presentar dos ejercicios así. ¿Cómo es todo el proceso?
Las cabecillas son las entrenadoras, Alejandra (Quereda) y Ana (Pelaz). Ellas lo piensan todo, aunque nosotras podamos proponer ideas. Se tarda mucho tiempo en montar los ejercicios. En septiembre empezamos la temporada, pero necesitas unas primeras semanas para coger el ritmo, aunque cada temporada es un mundo. Pero se necesitan meses para montar los ejercicios y luego los vas modificando durante toda la temporada para tratar de aumentar nota o para corregir situaciones que no encajan bien.
Este oro mundial llega dos años después de los Juegos de París. Solo Salma Solaun y usted aguantan desde esa décima plaza de 2024. ¿En qué le ha hecho más fuertes aquello? ¿Se llegó a plantear parar?
A mí me ha marcado como deportista y como persona. Con el tiempo, con más perspectiva, el entender de verdad el deporte y la vida es eso. Hay que ir con todo, en tu mejor momento y que no salga. Todo sigue. Ese espíritu de lucha siempre lo he tenido, pero se acentuó entonces. Igual, si hubiera ido bien, yo hubiera pensado que la vida es así, llegar y ganarlo todo a la primera. La vida no es eso. Yo mayor aprendizaje vital no me pude llevar.
El día del décimo puesto en París 2024, en ese momento, fue lo más doloroso que viví, el peor día de mi vida. Era injusto y cruel. Ahora relativizas, entiendes que la vida va mucho más allá. Igual gracias a eso he decidido seguir y quizá por eso estamos ganando todo esto ahora
En ese momento fue lo más doloroso que viví, el peor día de mi vida. Era injusto y cruel. Ahora relativizas, entiendes que la vida va mucho más allá. Ser medallista en París, por nuestros resultados previos, era un sueño real, no una utopía. Igual gracias a eso he decidido seguir y quizá por eso estamos ganando todo esto ahora. Los meses después de París fueron muy duros, el volver a entrenar… Sin duda, me planteé parar. Pero luego las cosas empezaron a ir bien. Empezamos a ganar y todo cambió.
Por cambiar, cambió hasta el equipo. Se retiraron Ana Arnau, Mireia Martínez y Patricia Pérez. Han llegado Andrea Fernández, Marina Cortelles, Andrea Corral y Lucía Muñoz. ¿Cómo se vive esa evolución?
Cambió el código de ejercicios, pero sobre todo el equipo. Los primeros meses no fueron sencillos, porque se van las que casi son tus hermanas desde que eras una júnior y llega un equipo en el que, aparte de Salma, eran chicas más pequeñas. Hay una diferencia de edad de cuatro años o más que se nota hasta que se vuelve a cohesionar al grupo. Para eso se necesita un tiempo. Pero ahora mi sitio en el equipo es distinto, ni mejor ni peor.

Llegó a la selección en un momento complicado, en el camino hacia Tokio 2021, con muchos cambios y con una clasificación olímpica que no llegó. ¿Cómo recuerda ahora aquel momento? ¿En qué le hizo crecer?
Sinceramente, no lo considero un golpe tan grande como el de París 2024 porque no considero que esa lucha fuera la nuestra, puesto que había gimnastas más mayores que nosotras que se fueron. Acabábamos de llegar en 2021 desde el equipo júnior porque no había funcionado la estructura que había y, como última opción, fuimos al Europeo a intentar conseguir la última plaza y no salió. Así que nosotras estábamos tranquilas y orgullosas de nuestro trabajo. Era un orgullo que se confiara en nosotras, que se apostara por algo nuevo. Por entonces estaban las entrenadoras y estaba yo. Poco a poco empezamos a alcanzar finales europeas y mundiales e iniciamos algo muy bonito que ahora ha alcanzado su punto culminante.
Llegó Alejandra Quereda en ese momento, para ponerse en agosto de 2020 al frente del conjunto. ¿En qué ha cambiado la selección? ¿Qué supone estar a las órdenes de la líder del anterior gran conjunto y de Ana Pelaz?
A Ana la quiero muchísimo y me parece una gran entrenadora profesionalmente. Ella ya me había entrenado en el conjunto júnior. Desde que entré con trece años en la selección he crecido con Ana, me entiende y me conoce. Ha estado a mi lado en toda la evolución. He pasado más horas con ella que con mis padres. En 2020 cuando hubo el cambio y se apostó por el nuevo proyecto y entró Alejandra, para mí era chocante. Yo soy fiel admiradora de la capitana de ‘El Equipazo’. Al principio me chocó mucho, pero siempre con admiración. Sin ellas dos, todo lo logrado sería imposible. Han confiado en nosotras en las buenas y en las malas.
Con trece años deje atrás a mi familia en Huesca para irme a la Blume. Pero si pudiera volver a elegir, volvería a hacer el mismo camino para vivir lo que estoy viviendo, para ir a unos Juegos... Para ir a dos, si Dios quiere
Es capitana de un conjunto campeón del mundo con veintidós años, en un deporte en el que hay que renunciar a muchas cosas muy pronto. ¿Vale la pena todo tras un éxito como este?
Yo lo hago con orgullo y con mucha responsabilidad. Es algo que me nace de forma natural, el querer guiar, el querer liderar, el poder ayudar a mis compañeras e inspirar todo lo que pueda. De la misma forma en la que ellas confían en mí, es recíproco. En muchas ocasiones tengo que tirar del carro y tengo que motivar y saber hablar, saber decir, saber escuchar. Intentar que estemos cohesionadas.
Yo llegué con trece años, en septiembre de 2017, dejando atrás a mi familia en Huesca. Me he desarrollado en la Blume, para mí esto es lo normal. Claro que echas de menos no pasar tiempo con mi abuela, con mis amigos, viajar, salir… Pero si pudiera volver a elegir, lo volvería a hacer para vivir lo que estoy viviendo, para ir a unos Juegos... Para ir a dos, si Dios quiere. Es duro, más estudiando hago Derecho), pero es simplemente dejar de vivir unas cosas para vivir otras que gente de mi edad no va a poder experimentar.

Quizá es sensación personal, pero son uno de los deportes y de los equipos que más conectan con su público en España. ¿Lo sienten así? ¿Qué supone?
Es una locura. Estoy tremendamente agradecida. En Alemania, porque sabíamos que estábamos en Frankfurt, pero estaba el pabellón lleno de banderas españolas. Es increíble el apoyo que sentimos vayamos donde vayamos. La gente se vuelca mucho con nosotras. No tenemos la visibilidad que nuestro deporte merece, pero tiene muchísimo apoyo a nivel nacional. Es increíble.
La gente se vuelca mucho con nosotras. No tenemos la visibilidad que nuestro deporte merece, pero tiene muchísimo apoyo a nivel nacional. Es increíble
Ya tienen el billete olímpico, pero quedan dos años hasta los Juegos de Los Ángeles. ¿Qué le pide a este camino hacia 2028?
Pido que estos dos años sean buenos con las lesiones, que la salud me siga respetando, a pesar de mi edad, porque ya voy sintiendo que soy más mayor. Pido mantener la ilusión y la motivación y aprovechar esta experiencia y madurez. Salir y ganar medallas con mi equipo, pero sintiéndome llena, llegando al público. Disfrutar de la rítmica. Ojalá culminemos a lo grande este ciclo.