Inrobics, la ‘startup’ que pone su ‘alma’ y sus robots al servicio de las personas: “Cubren necesidades que ahora no están cubiertas”

2026/10/09

La salud es un entorno ideal para el emprendimiento, y uno de los sectores más gratificantes para los que emprenden, pues ven cómo su idea repercute de manera directa en la vida de las personas. Muchas veces, esas ideas surgen además en el día a día de los profesionales, que ven de primera mano lo que necesitan los pacientes a los que atienden.

El problema es que a menudo una idea que podría mejorar la vida de la  persona no llega a materializarse por falta de apoyo al emprendimiento o financiación. Precisamente para impulsar este tipo de proyectos nació nace 10 años Emprende inHealth, una iniciativa de Lilly España y Fundación Unlimited para apoyar soluciones innovadoras en el ámbito sociosanitario.

A lo largo de estos años han ayudado a más de 60 empresas a hacer realidad sus ideas, una ideas que impactan directamente en la vida de personas. Este es el caso de Inrobics, una startup que, mediante la inteligencia artificial y la robótica, ayuda a cuidar a personas mayores, apoya la rehabilitación de niños y adultos, y refuerza el aprendizaje de niños con necesidades especiales.

Un programa piloto en la Comunidad de Madrid que está llevando sus robots a las aulas es la mejor muestra de los beneficios de apostar por invertir en lo social y los sanitario.

De la universidad a las salas de rehabilitación y las aulas

José Carlos Pulido, que ahora es CEO de Inrobics, y dos compañeros más, José Carlos González y Fernando Fernández, trabajaban en la Universidad Carlos III de Madrid cuando tuvieron una gran idea para su tesis doctoral: un software que diera vida a un robot humanoide para que guiara una sesión de rehabilitación pediátrica en niños con parálisis cerebral. "Nuestro objetivo era dotar al robot de suficiente inteligencia para que pudiera desarrollar una sesión a partir de unos criterios clínicos introducidos por un profesional", cuenta José Carlos González.

Hicieron un prototipo y, al ver el éxito que tuvieron, en 2014, en un viaje de vuelta en el AVE de Sevilla a Madrid, se les pasó por la cabeza crear una empresa. "Cuando recordamos las caras de los niños, las cosas que nos decían los médicos, que lamentaban que este prototipo se fuera a quedar en un cajón, pensamos que teníamos que hacer algo. Era un proyecto tan humano, tan bonito, que decidimos continuar con la idea".

Pero no fue hasta 2020 cuando por fin decidieron transferir todos esos conocimientos de la universidad a la empresa, a la sociedad, y crear una empresa. Con la ayuda de Emprende inHealth convirtieron su idea en un producto sanitario, que es lo que es su software ahora mismo. "El programa de Lilly nos ayudó a idear cómo llevar esa idea al mercado, cómo canalizar y vender estas soluciones dentro del sector sanitario, qué potencialidades teníamos, etc.", recuerda.

Era un proyecto tan humano, tan bonito, que decidimos continuar con la idea

"Este programa tiene como objetivo dar apoyo a estas ideas, que tienen origen en muchas ocasiones en profesionales sanitarios o entornos universitarios, como es este caso. A las empresas seleccionadas les damos la oportunidad de que una empresa con la experiencia en salud de Lilly les ayude. Las personas que trabajamos en Lilly actuamos de asesores y les ayudamos a desarrollarse, a solucionar problemas en cualquier momento del proceso... Es un acompañamiento, una mentorización", explica Teresa Millán, directora de Asuntos Corporativos de Lilly.

Es además, un programa que crece cada año, pues en cada edición se presentan más startups. "La salud es un entorno muy favorable al emprendimiento porque de la necesidad que los profesionales ven en los pacientes que tratan surgen ideas, y las ganas de ayudarles son muchas", asegura Millán.

Un robot con 'Alma' y con ganas de ayudar

La inteligencia artificial es, además, uno de los entornos en los que más ideas surgen, como es el caso de Inrobics, que además ha sabido diversificar su idea. Así, lo que en un inicio nació como un robot y un software destinados a ayudar a niños con parálisis cerebral, hoy tiene tres aplicaciones: Salud (en rehabilitación de niños y adultos), envejecimiento saludable (acompañamiento y estimulación en personas mayores) y educación (apoyo educativo a niños con necesidades especiales).

Y todo ello con la ayuda de su software, de nombre Alma. "Siempre hemos querido que nuestra tecnología tienda a la ‘humanización’, queremos que sea humana, de ahí que a nuestra inteligencia artificial social decidiéramos llamarla ‘Alma’, que es el software que da vida a los robots", explica el CEO de Inrobics.

De hecho, desde su empresa luchan contra esa estigmatización que aún tienen los robots. "Existe la idea de que la robótica viene a quitarnos el puesto de trabajo, y nada más lejos de la realidad, porque no buscamos sustituir personas, sino que ganen capacidades y puedan trabajar mejor, aumentar sus capacidades. En nuestro caso, por ejemplo, nunca hablamos de sustituir terapeutas sino de aumentar el ratio de personas a las que se puede atender o atenderlas mejor".

Nunca hablamos de sustituir terapeutas sino de aumentar el ratio de personas a las que se puede atender o atenderlas mejor

Y su modelo ‘con alma’ funciona, como ya ha demostrado un proyecto piloto que la Comunidad de Madrid inició hace dos cursos en un colegio de educación especial y en un colegio con niños con necesidades educativas especiales. "Tuvimos unos resultados tan buenos que iniciamos un periodo de escalado, ahora estamos presentes en 10 centros, y esperamos ampliar nuestra presencia, tanto dentro de Madrid como en otras comunidades. En este proyecto, el robot humanoide hace de apoyo educativo, se trabaja la parte de motricidad y entrenamiento físico, la parte cognitiva (atención, lenguaje…) y la parte social, porque los robots están preparados tanto para conversaciones abiertas como estructuradas", asegura.

En cuanto a su presencia en programas de envejecimiento, donde hay una gran demanda, tanto en residencias como en centros de día, el robot trabaja como un dinamizador social, sirve apoyo a los profesionales en sesiones grupales… y su siguiente paso es entrar en ayuda a domicilio a través de avatares virtuales en dispositivos móviles. "Este avatar acompaña al mayor en su día a día, lo mantiene activo, participativo, monitorea su salud con datos, etc.".

Tecnología sociosanitaria para afrontar los retos que vienen

En los próximos años, vamos a enfrentarnos a grandes retos que hay que empezar a afrontar ya: el envejecimiento, el crecimiento de las patologías crónicas y el aumento de las personas dependientes. Además, en el entorno educativo, en las últimas décadas se han multiplicado los alumnos que necesitan apoyos específicos. Los medios humanos son escasos, por eso, sí o sí, vamos a tener que apoyarnos en la tecnología. 

"Ante este hecho, se plantea el reto de cómo vamos a poder cuidar y atender a tanta gente. Para afrontarlo, la tecnología va a ser imprescindible. Por ejemplo, puede ayudar a prevenir porque estos sistemas de acompañamiento nos recuerdan que tenemos que tomarnos la pastilla, que tenemos que salir con amigos, que tenemos que hacer ejercicio… Con su ayuda, se podría retrasar la institucionalización de la persona", explican.

Y en educación pasa lo mismo, pues ya se ha demostrado que determinados perfiles, como niños dentro del espectro autista, pueden beneficiarse mucho de su presencia en las aulas. "Estos pequeños conectan muy bien con la tecnología y a veces incluso este tipo de robots sirven de puente, de canalizador para que el terapeuta o profesor llegue al niño…·. Todo ello, tanto en el caso de personas mayores como en las aulas, "siempre muy controlado por los profesionales y con unos criterios éticos".

No se trata de poner un robot en cuidar a una persona y olvidarnos, sino de cubrir necesidades que ahora no se están cubriendo

Una cosa quiere dejar clara José Carlos González: "Un robot nunca va a sustituir a una persona, a un profesional, porque la robótica no tiene sentido si no tiene una aplicación con sentido, valga la redundancia. En los medios vemos a robots bailando y dando volteretas y, aunque el show está muy bien, es muy impresionante, lo que realmente da valor a este robot es el software que permite que ese humanoide ayude, acompañe, estimule…".

La tecnología, queramos o no, está aquí para quedarse, pero siempre "con una responsabilidad ética de quien la diseña y de quien la usa, y para complementar a las personas. No se trata de poner un robot en cuidar a una persona y olvidarnos, sino de cubrir necesidades que ahora no se están cubriendo", insiste.

Ideas como la de Inrobics surgen de las personas para ayudar a otras personas, y programas como Emprende inHealth ayudan a que esas ideas se hagan realidad.