Investigaciones, agravios y amenazas: Trump pone a prueba la estrategia de Bruselas más allá de los aranceles

2026/07/24

La lectura en Europa, desde el primer día de la vuelta al poder de Donald Trump, siempre estuvo muy clara: pase lo que pase, hay que aguantar. Por cada ataque, insulto, desprecio o amenaza, una sonrisa y buenas palabras. La estrategia es controvertida, porque el bloque europeo, una potencia comercial, aparece siempre como un jugador de segundo nivel. Es desgastante, porque muchos ciudadanos no entienden la sumisión ante un socio y ex aliado que no para de humillar. Pero también es muy arriesgada, porque poner la otra mejilla contra quien no para de abofetear rara vez sirve para aplacar a un matón.

Sólo en ese contexto se explica, una vez más, la reacción de la Comisión Europea, que con su sobrerreacción quitando importancia pareció casi alegrarse de la última decisión del Gobierno estadounidense, que ha impuesto aranceles de entre el 10 y el 12% a las importaciones de más de 60 países. "La UE valora positivamente el hecho de que este resultado esté en consonancia con los compromisos arancelarios estadounidenses acordados en la Declaración Conjunta UE-EEUU", señaló este viernes Olof Gill, portavoz de la Comisión Europea. Lo hizo apuntando a que gracias al Acuerdo de Turnberry, sellado hace ahora un año por Trump y Ursula von der Leyen, los aranceles totales a la UE 'sólo' serán de un 15% como máximo.

Bruselas también ha dicho que esos gravámenes adicionales, que se escudan nada menos que en la presunta falta de leyes y esfuerzos por parte de los socios de EEUU para combatir los productos generadores con trabajos forzosos [la última directiva europea al respecto entrará en vigor el año que viene], "aporta un impulso positivo para seguir trabajando en la búsqueda de nuevas exenciones arancelarias y para profundizar la cooperación en una amplia variedad de ámbitos, como las materias primas fundamentales, la seguridad económica, la inteligencia artificial y las cuestiones digitales".

La tregua comercial no evita nuevas amenazas

Los problemas son muchos. Los mencionados, con los incentivos perversos para Washington, que ve cómo apenas hay reacción firme al otro lado. Pero también los que van a venir, porque la decisión de aplicar este nuevo recargo ha llegado como resultado de una investigación lanzada en febrero. Pero no será la última.

Cuando el Tribunal Supremo de EEUU tumbó en febrero el instrumento escogido por Trump para poner aranceles a todo el planeta en el mal llamado Día de la Liberación, o para castigar a China, Canadá o México con el pretexto de la entrada de drogas, la administración buscó nuevos mecanismos. Encontró enseguida uno provisional, pero que expira ahora y no puede ser renovado sin al apoyo del Congreso. Y ese proceso exigía investigaciones formales para justificar la invocación de la sección 122 de la ley comercial, algo que nunca antes se había hecho. Una disposición más que polémica, que sólo en circunstancias excepcionales, le permite castigar con hasta un 15 % a otros países cuando hay un desequilibrio comercial profundo. Y esas circunstancias deben ser demostradas y justificadas.

La apuesta de Europa es de cristal, ya que ahora mismo en Washington hay varias investigaciones adicionales abiertas, sobre el supuesto exceso de capacidad industrial, las políticas de precios para los medicamentos [Trump sostiene que Europa los paga baratos porque EEUU los paga muy caros] y alguna más, en el marco del artículo 301 de la Ley de Comercio de 1974.

Pero también hay otras invocando la Sección 232 por riesgos a la seguridad nacional centradas en productos concretos. Hasta ahora ha habido 12, sobre acero y aluminio, automóviles cobre (anunciada pero aún no en vigor), madera, semiconductores y sus equipos de fabricación, minerales críticos, farmacéuticos, camiones pesados, aviones comerciales y sus motores, drones, etc. Y nadie sabe cómo acabará.

Aranceles como arma geopolítica

Pero no es sólo eso. Después de la firma de Turnberry, y cuando varios países europeos mostraron su solidaridad a Dinamarca anunciando envíos simbólicos de tropas a Groenlandia, Trump reaccionó anunciando otros aranceles. Igual que adelantó cierres de bases y retiradas de tropas del Viejo Continente. Porque para él, todo forma parte de lo mismo y no hay ningún problema en mezclar la OTAN, la Unión Europea, el comercio, las leyes digitales o la existencia del IVA.

Cuando España no permitió el uso de bases para la Operación Furia Épica, Trump anunció sanciones comerciales e incluso pidió a su equipo que empezara a confeccionar una lista de productos concretos para penalizar el comercio con nuestro país. Algo que afecta a toda la UE, ya que la Comisión tiene todas las competencias comerciales.

Igualmente, Trump, que tiene un acuerdo vigente pero no renovado con Canadá, comunicó hace unos días que subía los gravámenes a todos los productos hasta el 50%, molesto por lo que considera falta de avances en las negociaciones bilaterales con su vecino del norte. Y lo mismo hizo con Brasil, el 15 de julio, a pesar de que EEUU tiene superávit comercial con el país latinoamericano.

La Casa Blanca es completamente impredecible en esta material y Trump ha dejado claro que le dan completamente igual los acuerdos que haya. Los aranceles son para él mucho más que un mecanismo comercial. Es su herramienta básica de política exterior para amenazar, someter, castigar. Los ha usado una y otra vez y seguirá haciéndolo.

Un acuerdo sin garantías de estabilidad

Turnberry, firmado el 27 de julio de 2025, fijó un arancel del 15% para la mayoría de las exportaciones europeas a Estados Unidos para, en teoría, eliminar el riesgo de gravámenes más elevados. Y la Unión Europea se comprometió a eliminar la mayoría de sus aranceles sobre productos industriales estadounidenses, aumentar sus compras de energía de EEUU por valor de 750.000 millones de dólares y movilizar hasta 600.000 millones de dólares en nuevas inversiones en territorio estadounidense.

Pero EEUU quiere mucho más, empezando por la retirada inmediata de la legislación digital o de las investigaciones a sus empresas. "Bruselas empuña ahora la regulación como una espada de dos filos contra el ingenio estadounidense, exigiendo a Google otros 890 millones de euros justo después de una multa de 4.100 millones de euros —una sanción que por sí sola financió el 2% de todo el presupuesto de la UE—. ¡La 'contribución' involuntaria de Google al presupuesto de la UE es ahora mayor que la de dos tercios de los Estados miembros! Ya basta. No tememos a la competencia leal; fuimos forjados por ella. Pero la Ley de Mercados Digitales, tal como se aplica hoy, no arbitra el juego: castiga a los ganadores por el delito de haber ganado (...) El compromiso de Estados Unidos sigue siendo el mismo: mercados abiertos, Estado de derecho, competencia basada en el mérito. Pedimos a nuestros socios europeos que construyan con nosotros estándares que premien a quienes construyen, no que protejan a los actores establecidos ni castiguen la excelencia como si fuera una intrusión", escribió el jueves el subsecretario de Estado norteamericano denunciando la última multa de la UE a una multinacional.