Islas Malvinas amplían sus intercambios con Chile y Uruguay en medio de la tensión

2026/10/11

(BUENOS AIRES).- “Las líneas de suministro desde el norte de Europa son muy largas y costosas; para nosotros es mejor comerciar con nuestros vecinos amigables”, dijo Mike Summers, presidente de la Cámara de Comercio de las Islas. El comercio de las Islas Malvinas con los países vecinos se amplía en medio de la escalada diplomática argentina con el Reino Unido por la soberanía, iniciada el 3 de septiembre.

El aumento de los intercambios responde a una demanda mayor de bienes y servicios. El censo de 2021 registró 3660 habitantes estables; al sumar la guarnición militar y los turistas, la población puede alcanzar 5500 personas en algunas semanas. Los cruceros llevan entre 70.000 y 80.000 visitantes por año. Después de la guerra de 1982, los isleños se acercaron a países vecinos para obtener alimentos y suministros.

Las Islas Malvinas dependen de Chile, Uruguay y Brasil para parte de sus suministros: un comerciante local explicó que los productos que no se cultivan allí llegan desde Chile y Uruguay. La producción isleña, limitada por el clima y sostenida en invernaderos, incluye tomates, pepinos, berenjenas, pimientos y algunas frutas, pero no cubre la demanda. En 2023, Uruguay exportó bienes y servicios por 970.000 dólares y compró lana isleña por entre cuatro y seis millones de dólares. Chile es el principal proveedor de leche y derivados lácteos, arándanos, verduras y tubérculos; Brasil vendió unos 200.000 dólares en café y frutos en los últimos años.

El 28 y 29 de septiembre, Punta Arenas fue sede de 800 reuniones de negocios entre 53 empresas de Magallanes y 28 corporaciones y delegados de las islas. El alcalde Claudio Radonich estimó que la ciudad podría vender hasta 20 millones de dólares anuales en insumos de primera necesidad a los isleños y confirmó un contrato entre la Corporación de Desarrollo de Islas Malvinas y la naviera chilena Easter Island para establecer un puente marítimo entre Punta Arenas y Puerto Argentino. “El encuentro empresarial de Punta Arenas solo será un éxito cuando la carga empiece a cruzar el mar”, dijo Summers. Luis Cisternas, gerente comercial de Easter Island Naviera, afirmó que el primer viaje del buque de carga Danstar zarparía por el Estrecho de Magallanes en los primeros días de diciembre y sostuvo: “No tenemos que coordinar nada con las autoridades argentinas. Es un negocio entre privados”.

El respaldo chileno y la respuesta argentina

El gobierno de José Antonio Kast respaldó explícitamente el plan comercial entre Punta Arenas y las Islas Malvinas, aunque el 3 de septiembre el mandatario chileno había firmado un acuerdo de apoyo mutuo con el presidente argentino. El ministro de Defensa Fernando Barros Tocornal calificó al Reino Unido como “país amigo”, sostuvo que tenía “200 años de soberanía en las islas” y pidió que se respetara la voluntad de los isleños. El canciller chileno Francisco Pérez Mackenna expresó: “Nuestra relación con el Reino Unido siempre ha sido buena; no va a cambiar porque el tratado que Milei firmó con Kast no es vinculatorio. El conflicto de Argentina y el Reino Unido no afecta a Chile”.

En Uruguay, el canciller Mario Lubetkin y el senador Robert Silva se pronunciaron sobre la disputa y el comercio. Lubetkin sostuvo: “Cuando inició el proceso de prospección petrolera por parte de Reino Unido, cambió la lógica de todo el tema de las Malvinas. La disputa por su soberanía cambió de naturaleza con la exploración petrolera, porque una cosa es ‘la isla invadida’ y ‘la lucha contra el colonialismo’, y otra cuando de ahí se saca mucho dinero”. Silva defendió la posición histórica de su país y afirmó: “La existencia de intercambios comerciales con las islas no debe interpretarse como un cambio de esa posición histórica”.

En la Argentina, el diputado nacional Guillermo Michel presentó un proyecto para que el Gobierno Nacional denuncie dos acuerdos con Chile sobre protección de inversiones y doble imposición, que otorgan beneficios económicos y fiscales a empresas chilenas con inversiones en el país. “El planteo es razonable, no se busca romper el diálogo ni las relaciones diplomáticas. Pero tampoco nuestro país puede mantener ventajas económicas y fiscales a Chile si sigue yendo en contra de la causa Malvinas”, dijo Michel.