
Juan Ridel Domínguez Martínez, anciano ciego que reside solo en una zona rural de Holguín, Cuba, enfrenta dificultades para alimentarse, cocinar y trasladarse a cobrar una pensión que apenas le deja recursos para el resto del mes, según un video difundido por el activista social Noly Blak.
El hombre vive en San Rafael y realiza las tareas domésticas por tacto. Duerme sobre una tabla cubierta con cartón, utiliza un cubo como recipiente sanitario y cocina con medios improvisados. Su vivienda, además, presenta filtraciones y cables eléctricos expuestos, de acuerdo con el reporte publicado por CiberCuba.
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Domínguez Martínez recibe cerca de 3,000 pesos cubanos (USD 4.48 aproximadamente) mensuales por discapacidad. Sin embargo, debe pagar 2,000 pesos (USD 2.98 aprox.) para viajar en triciclo hasta el pueblo, donde cobra el dinero. El gasto le deja unos 1,000 pesos (USD 1.40 aprox.) para comida y otras necesidades durante el mes.
En una de esas visitas, relató que llegó a la entidad bancaria tras esperar en la fila, pero el efectivo se había agotado. “Ay, Dios mío, ¿con qué yo voy a pagar los 2,000 pesos y con qué voy a comprar algo para comer?”, dijo, según recogió el medio.
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La falta de electricidad también afecta su alimentación. Cuando el activista llegó a su casa, el anciano tenía arroz y un caldo de harina, pero no había podido terminar de prepararlos debido a un apagón. “Puse a hacer un poquito de arroz esta mañana y se fue la corriente”, contó.

El hombre no tiene hijos y aseguró que perdió a sus familiares más cercanos, incluidos sus padres y un hermano. Tampoco recuerda con precisión su edad.
El caso fue difundido en un video en Facebook por Noly Blak, identificado como Norge Ernesto Díaz Blak, promovió una colecta para asistir al adulto mayor.
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La situación de Domínguez Martínez ocurre mientras numerosos jubilados cubanos enfrentan la pérdida de poder adquisitivo de las pensiones, la escasez de alimentos y medicamentos, los cortes eléctricos y la falta de redes familiares de apoyo.
Según el Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH), el 79% de las personas mayores de 70 años no consigue realizar tres comidas diarias. El régimen cubano elevó recientemente la pensión mínima a 4,000 pesos, aunque el aumento no compensa el encarecimiento de los productos básicos.
Nueve de cada diez personas mayores de 61 años dejaron de desayunar, almorzar o cenar durante los seis meses evaluados. En el conjunto de la población, solo el 19% aseguró no haber omitido ninguna comida en ese período.
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Los mayores de 60 años concentran una parte considerable de la precariedad: el 47% informó ingresos inferiores a la pensión mínima oficial de 3,056 pesos cubanos mensuales, equivalentes a USD 4.56. Este grupo representa además el 38% de quienes no pueden acceder siquiera a los bienes esenciales.
La omisión de comidas afecta tanto a quienes dependen exclusivamente de las pensiones estatales como a hogares con ingresos de distintas procedencias. Casi la totalidad de los adultos mayores que redujeron su alimentación atribuyó esa decisión a la falta de dinero o de productos disponibles.
La crisis alimentaria figura entre los tres problemas que la población considera prioritario resolver en los próximos meses, junto con los apagones eléctricos y el aumento del coste de vida. La percepción sobre las reformas económicas anunciadas también es negativa: el 84% no espera mejoras, frente a un 6% que conserva alguna expectativa favorable.
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La encuesta reunió más de 1,300 entrevistas en 79 municipios y determinó que el 63% de los hogares tiene dificultades incluso para comprar bienes esenciales. Solo el 6% de la población puede realizar adquisiciones más allá de lo básico, mientras el 30% apenas cubre sus necesidades primarias.