Juanluis Sánchez es un joven que no puede callarse ante ninguna injusticia. Es eso lo que le ha llevado (sin pertenecer a ningún movimiento sindical ni organización) a ser uno de los organizadores, portavoces y caras visibles de la acampada en contra de la crisis de vivienda en España que cumple un mes en la Puerta del Sol.
Se acercó los primeros días de acampada, como otros tantos curiosos, y empezó a conocer a la gente que pernoctaba allí. "Al tercer o cuarto día dije: «Yo quiero hacer algo de comunicación». Porque yo estudié periodismo, pero no estoy ejerciendo ahora. Además es que justo a mí casualmente me ha pasado que me se me acabó el contrato y me quedé en paro en el mes de agosto", cuenta a EL ESPAÑOL en el 'espacio de multicomisiones' dentro del campamento.
Sin quererlo, asegura, fue asumiendo roles "de manera natural" hasta verse en el centro de la organización. Hoy compagina las portavocías con reuniones, trámites con los abogados del campamento y jornadas que terminan a las cinco y media de la madrugada y vuelven a empezar a las nueve.
Juanluis, que llegó hace 11 años desde Extremadura para estudiar Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos, ha estado durmiendo en una tienda de campaña en la Puerta del Sol hasta que empezaron a llegar cada vez más personas sin hogar y muchos de los manifestantes por la vivienda, que sí tenían un techo en el que dormir, se las empezaron a ceder.
"Las personas en situación de sinhogarismo están acampando, pero no tienen nada que ver con el movimiento. Simplemente vienen porque de alguna manera están protegidos", informa Juanluis, que visibiliza la dejadez de las instituciones públicas.
De hecho, denuncia que acuden a pernoctar en la acampada bajo la recomendación de organismos públicos con el fin de "dinamitar el movimiento y gentrificarlo".
Según explica, el movimiento no se plantea ser una organización benéfica: "Para eso hay instituciones públicas que están especializadas". Aun así, aseguran darles tienda, desayuno, comida y cena cada día. El reparto de víveres se canaliza a través de 'Pulmón', el punto de la acampada desde el que se distribuyen las donaciones.
Hasta 700 tiendas menos
Este domingo, las zonas del extrarradio o la periferia de la acampada se empezaron a recoger. Desde la organización calculan que hay entre 500 y 700 tiendas de campaña menos, pero Juanlu desmiente que sea porque se esté disolviendo la acampada.
Los números, subraya Juanluis, son orientativos porque nunca han podido hacer un censo completo. Recuerda que la acampada llegó a reunir a unas 4.000 personas en asamblea y a contar casi 2.800 tiendas, un momento en el que pidieron a quienes vivían en Madrid que durmieran en casa.
"O reducíamos el número de tiendas, ¡o se nos iba de madre!", resume. Calcula que ahora hay entre 2.500 y 3.000 personas.
Rechaza además que haya tiendas vacías, como sostiene Urbanismo.
El movimiento de hacer más pequeña la acampada ha sido consensuado en una de sus asambleas generales. La idea ha sido reagruparse en el núcleo central para que algunos de los afines al movimiento dejen de acampar y empiecen a organizar actuaciones en los barrios de Madrid para preparar la huelga general convocada el 11 de noviembre.
Lo que ha hecho la organización, detalla, es reubicar dentro del cuerpo central a quienes estaban en la periferia. Quienes salen a los barrios no han sido elegidos al azar: son personas con "voz popular", con un discurso encauzado y, sobre todo, gente ya sindicada o que colabora activamente con los sindicatos para que la huelga sea efectiva.
Su labor será explicar a los vecinos "la cantidad de cosas que se pueden hacer en una huelga", acciones que, asegura, son "completamente cívicas". Entre las ideas que barajan hay incluso una manifestación bailando, para llamar la atención y reivindicar "a través de la cultura".
El resto de acampados, añade, se queda "resistiendo" para mantener la presión social y mediática. Mientras tanto, están preparando un plan de evacuación y actuación en caso de desalojo para cuando se dé el caso.
Juanluis insiste en que el foco está en la huelga y no en las elecciones. El movimiento, defiende, no está ni a favor ni en contra de ningún partido: su reivindicación "va en contra de todos los gobiernos", porque ni la Comunidad de Madrid ni el Estado han construido vivienda pública.
Por eso, la dimisión del delegado del Gobierno "ni nos va ni nos viene". Dentro de la acampada conviven, dice, desde anarquistas hasta comunistas, "incluso gente de derechas".
Esa pluralidad, y que todos tengan "voz y voto", es lo que complica redactar un manifiesto (que pronto van a dar a conocer) o emitir comunicados contundentes, porque hay que coordinarse con miles de personas.
Sobre las quejas por los malos olores y los comercios, responde que la zona "suele oler a orín" desde hace años, por la falta de baños públicos en un área de fiesta, y que la solución es que "pongan baños públicos".
Por su parte, asegura que no les han llegado quejas de hosteleros de la zona, sino lo contrario.
Aunque la acampada es más pequeña, aseguran que siguen teniendo "mucha lista de espera porque quieren estar aquí con nosotros, pero ya no tenemos más recursos. No llegamos a más. Siempre tratamos que todas las personas que vienen sean acogidas, pero al final nosotros vivimos de donaciones. Por favor, sigan haciendo donaciones, porque es la única manera que tenemos nosotras de poder visibilizar todas las cosas que estamos haciendo y mantenerlo".