La ballena que podía verse frente a la costa de España y que se extinguió en nuestro país por culpa de la caza: quedan menos de 400 ejemplares en el mundo

2026/10/17

Ejemplar de ballena franca glacial. (Allison Henry/NOAA/Wikimedia Commons)

Ejemplar de ballena franca glacial. (Allison Henry/NOAA/Wikimedia Commons)

En la actualidad, solamente tres países del mundo continúan permitiendo la caza de ballenas: Japón, Noruega e Islandia. La prohibición internacional de su captura, hace ya cuatro décadas, ha posibilitado que las poblaciones de estos grandes cetáceos se estén recuperando, aunque la amenaza sobre su extinción todavía persiste.

De hecho, aunque la tendencia es positiva, algunas especies continúan aún en situación crítica por culpa de siglos de caza masiva. Es el caso de la ballena franca glacial (Eubalaena glacialis), también conocida como del Atlántico Norte o vasca, un recuerdo del pasado ballenero de los vascos, que ya cazaban este mamífero en la Edad Media en el golfo de Vizcaya.

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En la actualidad, esta especie de ballena figura en el Listado de especies extinguidas en todo el medio natural español del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), lo que indica que, pese a contados avistamientos, ya ha desaparecido en nuestro país.

Ejemplar de ballena franca glacial. (Moira Brown y el Acuario de Nueva Inglaterra/Wikimedia Commons)
Ejemplar de ballena franca glacial. (Moira Brown y el Acuario de Nueva Inglaterra/Wikimedia Commons)

Hace siglos, la ballena franca glacial tenía un área de distribución muy amplia, a ambos lados del Atlántico Norte. Este enorme cetáceo, que puede alcanzar hasta los 24 metros, se extendía desde las islas Bahamas hasta Canadá y Groenlandia por el oeste, así como desde las costas del Sáhara Occidental hasta Islandia, Noruega y las islas Svalbard por el este.

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En la actualidad, aunque su presencia continúa en el Atlántico Noroeste, en el Atlántico Noreste ya existen muy escasas citas en los últimos años. De hecho, tal y como señala el MITECO, en esta zona ya no existe una población estable y los animales observados en estas décadas podrían proceder del oeste del Atlántico. “Por ello, la población oriental de la especie se considera extinguida”.

Desde 1960, sin embargo, se han producido algunos avistamientos de la ballena de los vascos en la península Ibérica: en Estaca de Bares (A Coruña) en el año 1993, en Cabo de San Vicente (Portugal) en 1995 o también en ese año en varias localidades de La Gomera y Tenerife (Canarias).

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Ejemplares de ballena franca glacial. (NOAA/Wikimedia Commons)
Ejemplares de ballena franca glacial. (NOAA/Wikimedia Commons)

La mayor amenaza a la que se ha enfrentado jamás esta especie ha sido la caza. Las consecuencias de esta presión han sido tales que, pese a décadas de prohibición de su captura, las poblaciones de la ballena franca del Atlántico Norte continúan sufriendo sus efectos.

Según señala el MITECO, los primeros registros de caza de esta ballena en la zona nordeste se corresponden con el golfo de Vizcaya durante el siglo XI. Hasta 1650 se capturaban cada año decenas de ejemplares y ya a lo largo del XVIII se produjo un notable descenso de la especie.

En los tres últimos siglos en los que continuó explotándose este cetáceo, los puertos vascos detectaron una disminución continuada de capturas, aunque en el norte de Europa todavía entre 1900 y 1937 se capturaron más de 130 ejemplares.

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Ejemplar de ballena franca glacial. (NOAA/Wikimedia Commons)
Ejemplar de ballena franca glacial. (NOAA/Wikimedia Commons)

La situación fue tal que en el siglo XX estuvo a punto de desaparecer por completo, lo que motivó la prohibición de su caza. En la actualidad, desde 2020, la especie está catalogada como “en peligro crítico de extinción” en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) —el riesgo de amenaza previo a la extinción en la naturaleza—, se estima que quedan 384 ballenas francas glaciares y su tendencia es ligeramente positiva tras años marcados por descensos en las poblaciones.

Según los datos de 2026 de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), este invierno se han identificado 15 nuevas crías, una cifra superior a la de otros años, pero todavía lejana a la necesaria para detener el declive de la especie y permitir que se recupere.

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Pese a que actualmente la pesca de la ballena franca glacial está prohibida en todo el mundo, las amenazas sobre la especie no han terminado. Ahora son las redes de pesca y las embarcaciones las que se erigen como principal problema para la supervivencia de este cetáceo, que puede acabar muriendo por lesiones al quedar enmallada o por colisiones con barcos o las hélices de sus motores.

“Las imágenes de fotoidentificación revelaron que la mayoría de las ballenas francas (82,9%) presentan evidencia de haber sido enredadas al menos una vez, mientras que más de la mitad (59,0%) de los individuos han sido enredados más de una vez”, señala la UICN en base a los datos de un estudio de 2012. “La evidencia sugiere que las ballenas francas adquieren nuevas cicatrices de enredo casi anualmente, siendo las ballenas jóvenes a una tasa mayor que las adultas”.

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También afecta a la ballena vasca la baja diversidad genética de la especie, lo que dificulta el éxito reproductivo, que se ve perjudicado además por la escasez en la disponibilidad de alimentos o la ingesta de materiales no naturales, los contaminantes químicos y las biotoxinas.