
El comienzo del curso universitario se acerca y miles de estudiantes afrontan estos días una difícil tarea, encontrar una vivienda en alquiler. Cerca de 220.000 jóvenes se trasladan cada año a otra comunidad autónoma para cursar estudios superiores, una cifra que equivale aproximadamente a uno de cada cinco alumnos matriculados en enseñanzas presenciales. Para ellos, el alojamiento se convierte en una carrera contra el calendario.
Quienes todavía no han alquilado se encuentran con un mercado en el que buena parte de la oferta ya ha sido arrendada. Los pisos mejor situados, con condiciones más atractivas y precios relativamente ajustados son los primeros en desaparecer, mientras la demanda aumenta a medida que se aproxima el inicio de las clases. La consecuencia es una menor capacidad de elección para quienes han esperado hasta el final del verano.
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“Los estudiantes que lleguen a septiembre sin piso tendrán que elegir entre pagar más, vivir más lejos o renunciar a lo que buscaban. Probablemente encontrarán alguna opción, pero difícilmente será la misma que habrían encontrado hace unos meses”, advierte Iñaki Unsain, personal shopper inmobiliario (PSI).
El mercado de la vivienda universitaria ha cambiado de manera significativa en los últimos años. Cada vez son más las familias que comienzan a buscar alojamiento durante los meses de junio y julio. Este adelanto hace que las viviendas con una mejor relación entre calidad y precio lleguen a agosto y septiembre en un número cada vez más reducido.
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“La vivienda universitaria se ha convertido en una carrera contrarreloj. A medida que se acerca el comienzo de las clases, la prioridad deja de ser encontrar el piso ideal y pasa a ser simplemente encontrar algo disponible”, declara Unsain.
La presión no procede únicamente del aumento de estudiantes que necesitan trasladarse. También influye que todos ellos tienen una fecha límite muy concreta: el inicio del curso académico. Esa circunstancia reduce el margen para esperar nuevas oportunidades y obliga a tomar decisiones en un mercado donde la oferta no crece al mismo ritmo que la demanda.
“Hablamos de decenas de miles de jóvenes que necesitan vivienda para una fecha concreta. Por ello, quienes esperan demasiado suelen acabar compitiendo por un número muy reducido de opciones” apunta el experto.
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El economista Santiago Carbó analiza la situación actual del mercado inmobiliario. Advierte sobre “subidas significativas” en los precios de compra y explica cómo la escasez y los altos costos del alquiler y las hipotecas consumen los aumentos salariales de las familias.
La escasez de viviendas disponibles y la elevada demanda hacen que el alojamiento pese cada vez más en el presupuesto de las familias. Como alternativa a los pisos de alquiler compartidos destacan las residencias universitarias y los colegios mayores, cuyos precios suelen situarse entre los 850 y los 1.400 euros mensuales, dependiendo de la ciudad, el tipo de habitación y los servicios incluidos.
Tras la subida de las rentas, los colegios mayores mantienen una diferencia cada vez menor respecto al coste de alquilar una habitación. «La media nacional en un colegio mayor es de 1.088 euros, por un dormitorio individual con baño y pensión completa. En Barcelona pueden costar 1.033 euros, en Sevilla 888 euros y en Valencia 920 euros», señalan fuentes del Consejo de Colegios Mayores Universitarios de España en declaraciones a Efe. Este curso el precio de los colegios ha aumentado un 2,1%, frente al 11% de incremento del alquiler.
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En el mercado de pisos compartidos, las rentas pueden dispararse aún más en determinadas ciudades. Unsain subraya que no son excepcionales los casos de grupos de estudiantes que alquilan viviendas por unos 4.500 euros al mes. Repartido entre cuatro personas, el coste ronda los 1.125 euros por cabeza, mientras que si el grupo es de seis estudiantes se sitúa alrededor de los 750 euros por persona, siempre antes de sumar suministros y otros gastos.
“La urgencia está llevando a muchas familias a asumir costes que hace pocos años eran impensables. Hay quienes pagan meses completos sin ocupar la vivienda simplemente para garantizarse una plaza en el mercado”, reconoce Unsain.
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Ante la falta de oferta en las principales zonas universitarias y en los centros urbanos, cada vez más estudiantes están ampliando el radio de búsqueda. Los municipios periféricos y las áreas metropolitanas con buenas conexiones de transporte se convierten en una alternativa para quienes no pueden asumir los precios de las zonas más céntricas.
Vivir más lejos puede permitir reducir el coste del alquiler, pero introduce otro factor en la ecuación: el tiempo de desplazamiento. Para muchos estudiantes, la cercanía al campus, que antes podía ser una de las principales prioridades al alquilar vivienda, ha pasado a un segundo plano frente a la posibilidad de encontrar una casa disponible y asumible para el presupuesto familiar.
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“Antes los estudiantes elegían dónde querían vivir y después buscaban vivienda. Ahora muchas veces ocurre al revés: primero encuentran una opción que pueden pagar y entonces reorganizan sus desplazamientos, sus horarios y su día a día”, reconoce Iñaki Unsain.
Respecto a los universitarios que se han retrasado en alquilar este año, el personal shopper les recuerda que “durante los primeros días de septiembre todavía hay margen para comparar alternativas, pero a finales de mes la situación será muy diferente. La mayoría de estudiantes encontrarán alojamiento, pero en muchos casos será el mercado el que decida por ellos y no al revés”.
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