
Mucho antes de que el Mercedes S280 se estrellara contra la columna número 13 del túnel del Alma de París, Diana de Gales estaba plenamente convencida de que moriría entre los hierros de un coche. No se trataba de una simple corazonada ni de una superstición pasajera; la princesa dejó plasmada su propia sentencia de muerte por escrito, señalando responsabilidades concretas y anticipando un método escalofriante de sabotaje.
La existencia de estos manuscritos, redactados en los momentos más convulsos de su divorcio, alimentó décadas de sospechas sobre la implicación de los servicios secretos en la tragedia. Sin embargo, la reconstrucción documental de aquellos años revela un panorama mucho más complejo: el cruce entre una angustia genuina, la desconfianza absoluta hacia la Casa Real y una maquiavélica campaña de manipulación mediática que empujó a la princesa a vivir bajo la duda constante.
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Lejos de ser un mito urbano inventado por la prensa sensacionalista, las advertencias de Diana quedaron registradas ante abogados, autoridades y colaboradores cercanos. La revisión de los sumarios judiciales y de los informes policiales permite trazar con precisión cómo se gestó la famosa carta premonitoria, qué papel jugaron las autoridades al mantenerla oculta durante años y cómo la investigación judicial británica desentrañó la verdad detrás de los temores de Diana.
En octubre de 1996, apenas dos meses después de formalizar su divorcio del príncipe Carlos, Diana entregó un sobre cerrado a su mayordomo y confidente, Paul Burrell. Según reveló el propio Burrell en 2003 al diario Daily Mirror, la nota contenía una afirmación devastadora escrita de su propio puño y letra: “Esta fase de mi vida es la más peligrosa. Mi marido está planeando ‘un accidente’ en mi coche, un fallo en los frenos y una grave lesión en la cabeza para dejar el camino libre para casarse con Tiggy”.
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La mención a Tiggy Legge-Bourke, la niñera de sus hijos, reflejaba el nivel de confusión afectiva que atravesaba la princesa, quien añadía que Camilla Parker Bowles no era más que un “señuelo”. Según los peritajes caligráficos forenses encargados años más tarde por la justicia británica, la autenticidad de la letra de Diana quedó probada sin el menor margen de duda.
Se cumplen 29 años del trágico fallecimiento de Diana de Gales en un accidente en París. Recordamos la vida de la ‘princesa del pueblo’, su lucha humanitaria y el imborrable legado que dejó en sus hijos, los príncipes Guillermo y Harry.
Sin embargo, este no fue el único aviso. Un año antes, el 30 de octubre de 1995, Diana mantuvo una reunión secreta con su letrado, Lord Victor Mishcon. Según consta en las notas tomadas durante aquel encuentro, conocidas históricamente como la “Nota Mishcon, la princesa afirmó que “fuentes fiables” le habían advertido de que existían planes para “librarse de ella” mediante un sabotaje en los frenos de su vehículo. Tras el trágico desenlace de 1997, Lord Mishcon entregó estas notas al entonces jefe de Scotland Yard, Sir Paul Condon.
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Sorprendentemente, y según confirmaron las investigaciones judiciales posteriores, la cúpula de la policía metropolitana guardó el documento en una caja fuerte secreta durante seis años, ocultándolo tanto a los jueces franceses como a la opinión pública hasta finales de 2003.
La extrema preocupación de la princesa no surgió en el vacío. Según reveló en 2021 la investigación independiente dirigida por el juez retirado Lord Dyson, el periodista de la BBC Martin Bashir engañó sistemáticamente a Diana para conseguir su célebre entrevista en el programa Panorama. Bashir utilizó extractos bancarios falsificados y fabricó mentiras sobre supuestos espionajes de la inteligencia británica para convencer a la princesa de que su entorno la estaba traicionando.
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Este clima de engaño planificado sembró en la mente de Diana la certeza de que su vida corría un peligro inminente y que su propio vehículo sería el instrumento utilizado para eliminarla.

Para esclarecer el asunto, la justicia británica puso en marcha la Operación Paget, una exhaustiva investigación liderada por Lord Stevens, exjefe de Scotland Yard. Según el informe final hecho público en diciembre de 2006, la policía llegó a interrogar al propio príncipe Carlos sobre el contenido de la carta. La conclusión judicial fue tajante: aunque la firma de Diana era indiscutiblemente real, sus miedos eran el fruto directo de las manipulaciones sufridas y de su vulnerabilidad psicológica.
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Las pericias mecánicas y los análisis toxicológicos determinaron que jamás existió ningún sabotaje, y que el accidente fue provocado por el exceso de velocidad, el acoso de los paparazzi y la embriaguez del chófer Henri Paul, cuyo nivel de alcohol en sangre triplicaba el límite legal en Francia.