La macroeconomía y el PIB crecen. E, incluso, los pronósticos económicos de entes como el Fondo Monetario Internacional (FMI) son favorables para España. Sin embargo, la confianza de los empresarios en la marcha de las finanzas está en su nivel más bajo desde 2023.
Así lo indica el Indicador de Confianza Empresarial, que elabora el Instituto Nacional de Estadística (INE) y que ha descendido un 1,8% en el cuarto trimestre de este año.
De hecho, se trata del peor cuarto trimestre, según este indicador, desde 2023.
En estos momentos, un 20,5% de los empresarios son optimistas respecto a cómo irá su negocio durante la recta final de año. Esta cifra supone una reducción de dos puntos y medio respecto al tercer trimestre de este 2026.
En cambio, en este mismo periodo, los empresarios pesimistas han aumentado casi un punto trimestral, hasta el 14,8%.
Se trata de un fenómeno generalizado en toda España. Sólo hay dos regiones en las que la opinión empresarial mejora: Canarias (sube un 2,3% amparada en el inicio de la temporada turística) y Galicia, en donde la confianza empresarial mejora un leve 0,5%.
En el resto de los territorios, todo son caídas, especialmente graves en Murcia (una reducción del más del 5%) y Navarra (con un desplome del 4,4%).
Este empeoramiento no es casual. Se produce en medio de una nueva crisis internacional, la que está causando la guerra de Estados Unidos contra Irán.
El conflicto en el Golfo Pérsico está disparando los precios de la energía, en particular por el encarecimiento del petróleo y del gas.
Esto, obviamente, impacta en la inflación general, que lleva instalada por encima del 3% desde marzo y en septiembre llegó al 4,9%, máximos que no se veían desde principios de 2023.
Además, los empresarios españoles sufren más este fenómeno que los de otros países. La inflación está varios puntos por encima de la media de la Unión Europea (UE) y es la más alta entre los grandes países del euro.
Esto lleva a que las empresas españolas sean menos competitivas y, en este sentido, padezcan costes más elevados.
Todo ello en un contexto en el que la economía se va a ir ralentizando paulatinamente y un horizonte lleno de incertidumbre.
Una incertidumbre que, además, se acrecienta ante el adelanto electoral decidido por Pedro Sánchez.
En cualquier caso, las actitudes del presidente del Gobierno tampoco ayudan al optimismo de los empresarios.
Lo cierto es que en el último año Sánchez, candidato a volver a ser presidente por el PSOE tras las elecciones del 29N, ha retomado sus ataques al sector privado.
En sus discursos ha insistido en que el Gobierno "ha combatido a élites económicas muy poderosas" y ha presumido de "frenar" y "poner pie en pared" a los fondos buitre con los decretos-ley de vivienda.
Fondos buitre que el Gobierno ha identificado con los grandes fondos de inversión que también han sufrido los ataques de la ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez.
Por otro lado, y de vuelta a Pedro Sánchez, el presidente del Gobierno fue especialmente crítico con la patronal española, la CEOE, con motivo de la última subida del salario mínimo interprofesional (SMI) .
Le reprochó que se "borrarse" del incremento salarial y le instó "a cumplir su parte" y "pagar más" subiendo los sueldos en convenio "de manera generalizada".
Pagar más
Concretamente, reclamó a las empresas que "paguen más, que se sienten con los sindicatos en las mesas de negociación colectiva y que vayamos a un aumento generalizado de los sueldos".
En cualquier caso, en poco más de un mes se celebran elecciones en España. Veremos cómo reaccionan los empresarios a su resultado.