La crisis de Ceuta pone a prueba la política fronteriza de la UE: “La cooperación no puede convertirse en dependencia”

2026/08/08

Ceuta y Melilla son los únicos territorios de la Unión Europea cuyas fronteras se encuentran en territorio africano. Esa singularidad las convierte en dos "fronteras exteriores" —es decir, con terceros países— claves en la política fronteriza del bloque comunitario. Por ello, la entrada masiva de más de 70.000 personas el 30 de julio pone el foco, una vez más, en la seguridad y la política fronteriza de las ciudades autónomas españolas en el norte de África.

Desde hace décadas, una de las principales doctrinas de la UE en esa materia se basa en la llamada 'externalización de fronteras'. Es decir, que aunque las políticas fronterizas siguen siendo competencia de los Estados, la UE firma acuerdos de cooperación con terceros países, a los que concede financiación, formación, intercambio de inteligencia, apoyo material o acuerdos de readmisión para prevenir la llegada de flujos masivos de migrantes a las fronteras de la UE, evitar su entrada en el territorio europeo o poder ser devueltos al país de origen de inmediato si consiguen entrar.

Esa cooperación con terceros países "ha funcionado parcialmente, ya que ha permitido reducir las salidas y contener determinadas rutas", explica a 20minutos Beatriz de León Cobo, directora ejecutiva del Instituto Español de Análisis Migratorio. En el caso de Marruecos, destaca, "es evidente que su colaboración ha sido decisiva para disminuir la presión sobre Canarias, la Península, Ceuta y Melilla". 

La cooperación fronteriza se ha consolidado como uno de los principales instrumentos de la UE para contener la presión migratoria. Por ejemplo, la colaboración de España y la Unión Europea con Mauritania, Senegal y Gambia, que ha reforzado la vigilancia de sus costas y contribuido a reducir las llegadas por la denominada ruta canaria. Según datos del Ministerio del Interior, las entradas irregulares al archipiélago han descendido un 60% respecto al mismo periodo del año anterior. 

"Marruecos ha demostrado que, cuando existe voluntad y coordinación, coopera tiene una gran capacidad, pero lo ocurrido en Ceuta también muestra los límites de este modelo migratorio"

En el caso de Marruecos, esa cooperación también ha permitido reducir durante determinados periodos la presión sobre la Península aunque, explica de León, parte de los flujos se han desplazado hacia otras rutas, especialmente desde las costas argelinas. Sin embargo, esta política fronteriza tampoco esta exenta de limitaciones. "Marruecos ha demostrado que, cuando existe voluntad política y coordinación operativa, coopera y dispone de una capacidad considerable para controlar las salidas. Sin embargo, lo ocurrido en Ceuta también demuestra los límites de este modelo", sostiene la directora ejecutiva del Instituto Español de Análisis Migratorio.

"Externalizar la frontera no puede suponer delegarla"

En la práctica, la vigilancia fronteriza en Ceuta y Melilla depende de España y Marruecos. Del lado español, la Guardia Civil y la Policía Nacional gestionan la frontera, mientras que del lado marroquí depende de la Gendarmería Real y sus fuerzas auxiliares. La eficiencia de los controles fronterizos, por tanto, dependen de una colaboración estrecha entre Madrid y Rabat. De hecho, depende de Marruecos controlar los flujos migratorios y la gente que puede acceder a la zona fronteriza para no desbordar a los efectivos españoles y permitir una entrada masiva e irregular en las ciudades autónomas.

"Externalizar una parte del control puede ser útil, pero no puede significar que España y la Unión Europea deleguen en un tercer Estado la capacidad efectiva de proteger sus fronteras", explica de León. "Cuando la cooperación funciona, las llegadas disminuyen; cuando falla, resulta insuficiente o deja de ser previsible, la vulnerabilidad de España aparece inmediatamente. Por tanto, el problema no es cooperar con terceros países, algo que resulta indispensable, sino convertir esa cooperación en una dependencia excesiva", añade. 

"Marruecos es un socio imprescindible en materia migratoria, pero precisamente por eso, España debe evitar que la interdependencia se transforme en dependencia"

Esa vulnerabilidad quedó patente con el cruce masivo del pasado 30 de julio, o en 2021, cuando más de 12.000 personas entraron a Ceuta desde Marruecos, en plena crisis diplomática entre Madrid y Rabat. "Cuando un país controla una parte fundamental de las salidas hacia la frontera europea, y su cooperación determina en gran medida el nivel de presión migratoria, adquiere una posición especialmente relevante en la relación bilateral", sostiene de León. "Esto no significa que Rabat utilice necesariamente esa posición de forma sistemática: Marruecos es un socio imprescindible en materia migratoria, de seguridad, comercial y de lucha contra las redes criminales. Pero precisamente porque su papel es tan importante, España debe evitar que la interdependencia se transforme en dependencia".

La experta del IEAM destaca que los lazos de cooperación fronteriza con Marruecos son esenciales en la frontera de Ceuta y Melilla, pero esa cooperación, expone, debe ser "leal, transparente, previsible, verificable y eficaz, especialmente cuando está en juego el control de una frontera exterior de la Unión Europea". De hecho, de León apunta a que esa fuerte influencia de Rabat en la seguridad fronteriza debe contrarrestarse desde una perspectiva europea y no solamente española: "Cuanto más bilateral sea la respuesta, mayor será la capacidad de presión del tercer país. Una posición europea coordinada reduce esa asimetría".

Las fronteras de Ceuta y Melilla no son las únicas exteriores de la UE. En el extremo este de la Unión, en la frontera entre Grecia y Turquía, el bloque comunitario ya aplicó el modelo de 'externalización fronteriza' firmando un acuerdo con Ankara: una vigilancia intensiva de sus fronteras a cambio de financiación, apoyo logístico y cooperación política entre Bruselas y el gobierno de Erdoğan. Otra de estas fronteras exteriores es la de Polonia con Bielorrusia: allí, en 2021, el régimen de Lukashenko facilitó la llegada de miles de migrantes, la mayoría procedentes de Oriente Medio, a la frontera polaca. Varsovia interpretó el movimiento como una estrategia de guerra híbrida contra Polonia y Europa, y endureció las leyes migratorias, incluso restringiendo obligaciones internacionales en materia de asilo. Decisiones controvertidas a las que Polonia alegó estar defendiendo la frontera exterior de la UE. 

"España debe disponer de capacidad operativa propia"

Del último incidente en el espigón del Tarajal, pueden extraerse varias lecciones para el futuro, empezando por dar una dimensión europea a una problemática en las fronteras de Europa. "La respuesta debe ser europeaEl respeto a la soberanía y a la integridad territorial de España es también una cuestión de soberanía e integridad territorial europea. Ningún Estado miembro situado en la frontera exterior debería afrontar solo una presión de estas dimensione", explica de León.

En episodios como el de Ceuta, una lección importante es que "la anticipación resulta mucho más eficaz, más segura y más humana que la reacción": "Una vez que miles de personas se concentran y comienzan a atravesar simultáneamente una frontera, la situación se vuelve casi imposible de gestionar sin poner en riesgo a los migrantes, a los agentes y a la población local", sostiene la experta del IEAM. "En 2026 ya ha habido señales previas: las entradas a nado habían aumentado, los sistemas de acogida comenzaban a desbordarse, circulaban convocatorias e informaciones falsas en las redes sociales. Era necesario activar antes un dispositivo reforzado, explicar el verdadero contenido de la sentencia del Supremo y preparar equipos de identificación, asilo, determinación de edad y retorno", añade.

"La cooperación con Marruecos no puede ser la única barrera de protección: se necesitan mecanismos de alerta temprana, seguimiento de redes, intercambio de inteligencia y protocolos"

De León explica, además, que España "debe disponer de capacidad operativa propia" para reducir esa dependencia de la acción marroquí. "La cooperación con Marruecos es indispensable, pero no puede ser la única barrera de protección. Se necesitan mecanismos permanentes de alerta temprana, seguimiento de redes, intercambio de inteligencia en tiempo real y protocolos automáticos de actuación ante concentraciones próximas a Ceuta y Melilla".

Una vez se haya producido una entrada masiva, una clave es disponer de mecanismos para "resolver rápidamente la situación jurídica de quienes entran". "Las personas que necesiten protección internacional deben recibirla, pero las solicitudes de asilo no pueden convertirse en un mecanismo para paralizar indefinidamente todos los retornos", expone la investigadora del IEAM. "Del mismo modo, deben existir procedimientos rigurosos para determinar la edad de quienes afirman ser menores. Los menores reales deben ser protegidos, pero también debe estudiarse su retorno acompañado a Marruecos cuando existan familiares identificados", añade.

La capacidad de retorno, sostiene de León, "es una cuestión de seguridad y de credibilidad" del sistema fronterizo. "En esta ocasión, la mayoría de los llegados eran marroquíes, lo que facilita la identificación y la readmisión. Pero una llegada equivalente de ciudadanos subsaharianos procedentes de países sin acuerdos operativos de retorno habría generado una situación mucho más prolongada y difícil de gestionar", advierte. "Muchos procedimientos podrían haberse bloqueado durante meses o años, saturando Ceuta, Melilla y el sistema de acogida peninsular", concluye.