En medio de la tensión latente que sobrevuela París tras la revuelta social que dejó más de 2.000 detenidos, el fútbol dibujó una pequeña sonrisa en los aficionados del PSG. “Frissons et fièvre” (escalofríos y fiebre), tituló L’Équipe; es decir, emoción y euforia. La capital francesa celebró la autoritaria victoria ante el Barcelona, aspirante a discutirle el reinado europeo, una semana después de vencer al City. Pero la alegría duró poco: esta mañana, Luis Enrique se enteró de que no podrá contar con Kvaratskhelia en lo que resta de temporada, una lesión que se suma a las musculares de Dembélé y Marquinhos. Lo que en París se celebró como un golpe en la mesa, incluso con cierta sorna a pocos días del Balón de Oro —L’Équipe le puso un 4 a Lamine Yamal—, en el Barcelona se vivió con relativa calma. El foco no está en la Champions. Por ahora.
“Tranquilidad”, les pidió Raphinha a sus compañeros tras la derrota. El brasileño ejerció de capitán: “Ahora hay que pensar en el clásico. Esta derrota no nos puede afectar”. Sus palabras se alinean con las de Hansi Flick, que no disimuló sus intenciones: como la prioridad era el Madrid, Rodri solo jugó media hora en el Parque de los Príncipes. Preguntado por si lo había reservado pensando en el clásico, el técnico fue claro: “La respuesta fácil es sí. Jugó muchos minutos con la selección. Hablé con él esta mañana y le dije que íbamos a tomar esta decisión. Fue bueno para nosotros y para él”. No escondió su estrategia, ni tampoco su disgusto por la rocambolesca situación que vivió la expedición azulgrana tras la victoria en La Cartuja ante el Betis el pasado sábado.
“No es una excusa. No ha sido la mejor preparación para este partido, pero ahora hay que analizar y hacer cosas mejores en el futuro. Pero hoy hemos hecho cosas muy bien”, señaló Flick, todavía masticando la derrota. El Barcelona tenía previsto volar de Sevilla a Barcelona a las diez de la noche. Por problemas meteorológicos, el vuelo se retrasó hasta las doce. Fue entonces cuando Flick se reunió con los capitanes: “Esperamos”. A la una les avisaron de que no despegarían hasta las cuatro. Tras tres horas encerrados en el avión, Flick dijo basta: “Se acabó. Nos vamos a un hotel”.
El cabreo de Flick por la mala preparación de sus muchachos para visitar la casa del campeón de Europa, sumado a la cercanía del clásico, cambió sus planes. La primera decisión fue sentar a Rodri. No fue la única: para amortiguar el golpe en un grupo agotado, apostó por la juventud. Fue el once más joven del Barça en un partido de Champions fuera de casa en más de 20 años: 24,38 años de media. Según RAC1, hay que remontarse a 2004, en Donetsk, para encontrar uno más novel.
Saltaron al campo cuatro jugadores nacidos en 2007: Lamine Yamal, Xavi Espart, Marc Bernal y Pau Cubarsí. Dos marcaron (Lamine y Espart) y dos se vestirán de gala la semana próxima en la ceremonia del Balón de Oro (Lamine y Cubarsí). El Barcelona presentó seis canteranos en el once inicial: a los cuatro de 2007 se sumaron Olmo (sufre una lesión en el aductor izquierdo y se perderá el clásico) y Gerard Martín, que jugó un año en el filial. El PSG, ninguno. Un equipo campeón, hecho a golpe de talonario.
“Ha sido un partido muy exigente. Cada uno tuvo sus momentos. Los dos presionamos alto. Cuando salíamos de la presión había muchos espacios. Al final se decide en detalles y en aprovechar bien las ocasiones. Habrá que corregir lo que hemos hecho mal”, analizó Gerard Martín. El PSG remató 22 veces; el Barcelona, 18. Fue más efectivo el equipo parisino ante un Barça que ya acumula 18 partidos seguidos encajando en Europa, la peor racha de un equipo español.
“Sabíamos que iba a ser un partido muy exigente. Tienen un gran equipo. Hay que sacar cosas buenas. Pequeños detalles han decidido el partido. Nos va bien para ver qué hay que mejorar y seguir creciendo”, sostuvo Espart, este martes lateral derecho, habitualmente izquierdo y formado como mediocentro en La Masia. “Cuando lo veo jugar, me gusta mucho su confianza con la pelota. Me recuerda a Lahm, que podía jugar de 6 y de 2. Me gusta verlo con el balón y sin él”, dijo Flick, que también elogió a Marc Bernal: “Reemplazó a Rodri e hizo un buen partido”. De Lamine y de Cubarsí no le hizo falta hablar. Ya les ha dedicado todos los elogios.
La Masia, sin embargo, no pudo con el campeón de Europa en una París revuelta con el fútbol como distracción. Un PSG de fiebre y escalofríos no tuvo piedad de un Barcelona cansado tras un viaje caótico y con un Hansi Flick más pendiente de José Mourinho que de su admirado Luis Enrique.