
Antes de convertirse en una de las mujeres más influyentes de la política estadounidense, fue una chica criada en el seno de una familia trabajadora, donde el esfuerzo, la disciplina y la autosuficiencia eran valores fundamentales. Desde pequeña aprendió que debía defenderse de quienes intentaran intimidarla y que la educación podía abrirle las puertas a un futuro distinto. Su madre, que nunca había tenido la oportunidad de ir a la universidad, fue determinante en la formación de su carácter.
Nació el 26 de octubre de 1947 en Chicago, Illinois. Era la primogénita de los tres hijos de Hugh y Dorothy Rodham. Su padre, propietario de un pequeño negocio de telas para cortinas, era un republicano convencido, mientras que su madre simpatizaba en secreto con los demócratas. Aunque tenían distintas ideas políticas, ambos le transmitieron el valor del trabajo, la importancia de la familia y el compromiso con los demás.
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La historia de Dorothy ayuda a entender por qué estaba tan empeñada en que su hija aprendiera a defenderse. Había tenido una infancia difícil y, a los 14 años, había abandonado su hogar para trabajar como niñera.
“Tenés que defenderte”, le dijo a su hija. “No hay lugar en esta casa para los cobardes”. Aquellas palabras no eran una simple advertencia: expresaban una manera de prepararla para afrontar las dificultades sin dejarse vencer por el miedo. Años después, al recordar la influencia de su madre, la describiría como una mujer que “nunca tuvo la oportunidad de ir a la universidad, que tuvo una infancia muy difícil, pero que me dio la convicción de que podía hacer todo lo que me propusiera”.
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Cuando tenía tres años, la familia se mudó a una casa de ladrillo de dos plantas en Park Ridge, Illinois. Allí creció junto a sus dos hermanos menores, en un entorno familiar marcado por la disciplina y el estímulo para estudiar. Participaba activamente en su iglesia metodista, sobresalía en las escuelas públicas de la localidad y disfrutaba de los deportes. También formaba parte de las Girl Scouts, integraba la Sociedad Nacional de Honor y participaba en el gobierno estudiantil.
Desde chica mostró interés por la política. A los 13 años hizo campaña puerta a puerta en el South Side de Chicago, después de la derrota electoral de Richard Nixon. En 1964, trabajó como voluntaria para la campaña presidencial de Barry Goldwater, el candidato republicano al que apoyaba su padre. En ese momento, sus convicciones todavía estaban muy cerca de las ideas con las que había crecido.
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En 1965 ingresó en Wellesley College para estudiar Ciencias Políticas. Durante su primer año llegó a presidir el Club de Jóvenes Republicanos, pero los acontecimientos de la década de 1960 comenzaron a modificar su mirada. Después de escuchar a Martin Luther King Jr. en 1962, empezó a desarrollar opiniones firmes sobre los derechos civiles, la justicia social y la guerra de Vietnam.
En 1968, sus intereses políticos se habían ampliado. Apoyó la candidatura presidencial del demócrata Eugene McCarthy, realizó prácticas de verano para la Conferencia Republicana de la Cámara de Representantes y asistió como voluntaria a la Convención Nacional Republicana para impulsar la candidatura de Nelson Rockefeller. También fue testigo de las protestas durante la Convención Nacional Demócrata en Chicago. Antes de que terminara aquel año, decidió abandonar el Partido Republicano. Más tarde, resumiría aquel cambio con una frase, que este la abandonó a ella.
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Como presidenta del gobierno estudiantil de Wellesley, buscó evitar que la conmoción provocada por el asesinato de Martin Luther King Jr. derivara en violencia. Ayudó a organizar una huelga disciplinada de dos días en el campus y trabajó como enlace para favorecer el diálogo y promover acciones concretas. En su discurso de graduación dejó una definición que anticipaba su manera de entender la actividad pública: “El desafío ahora es practicar la política como el arte de hacer posible lo que parece imposible”.
En 1969 ingresó en la Facultad de Derecho de Yale, donde profundizó su interés por la justicia social, los niños y las familias. Formó parte del consejo editorial de Yale Review of Law and Social Action, trabajó en el Centro de Estudios Infantiles de Yale, trabajó en casos de abuso infantil, fue voluntaria en los Servicios Legales de New Haven e investigó los problemas de los trabajadores migrantes.
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También fue en esa universidad donde conoció a un estudiante de Derecho que tendría un papel muy importante en su vida. El primer encuentro ocurrió en la biblioteca, en 1971. Él la miraba y ella no dudó en hablarle: “Si vas a seguir mirándome fijamente, será mejor que me presente”. La conversación dio comienzo a una relación que combinaría el amor con las campañas políticas, las ambiciones profesionales y una vida pública que terminaría exponiéndolos ante el mundo.
En 1974, mientras él regresaba a Arkansas para desarrollar su carrera política, ella se trasladó a Washington para incorporarse al equipo de investigación que asesoraba al Comité Judicial de la Cámara de Representantes durante el proceso de juicio político contra Richard Nixon. Tras la renuncia del presidente, su trabajo llegó a su fin y tomó una decisión que cambiaría su vida: mudarse a Fayetteville, Arkansas, para acompañar a su pareja. Se casaron en 1975, en una pequeña ceremonia en su casa.
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Al año siguiente, se incorporó al cuerpo docente de la Facultad de Derecho de la Universidad de Arkansas y comenzó a trabajar en un estudio jurídico. En 1978, el presidente Jimmy Carter la nombró miembro del consejo de la Corporación de Servicios Jurídicos, mientras su marido se convertía en gobernador de Arkansas. En 1980 nació su única hija.
Durante los doce años en que ejerció como primera dama de Arkansas, fundó una organización dedicada a la defensa de los niños y las familias, impulsó un programa de educación preescolar en el hogar y continuó ejerciendo la abogacía. En 1984 fue distinguida como Mujer del Año de Arkansas. Más tarde llegaría a la Casa Blanca, ocuparía un escaño en el Senado y asumiría la conducción de la política exterior de su país. En 2016 se convirtió en la primera mujer en encabezar la fórmula presidencial de uno de los dos partidos políticos mayoritarios en la historia de Estados Unidos.
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Respuesta: la niña de la foto es Hillary Rodham Clinton.