Luis Gallegos Chiriboga: La guerra colombiana | Columnistas | Opinión

2026/08/15

15 de agosto, 2026 - 07h00

En 1948 fue asesinado Jorge Eliécer Gaitán en Bogotá, provocando el estallido conocido como “el Bogotazo”. No solo fue un magnicidio, sino uno de los principales detonantes de la confrontación entre liberales y conservadores. Colombia caería en el abismo de La violencia (1948-1958), un periodo que marcaría a la Colombia moderna y en el que ambos bandos cometieron atrocidades: asesinatos, masacres, persecución política, destrucción de propiedades y terrorismo.

Diversas estimaciones sitúan en 300.000 el número de muertos y hablan de millones de desplazados. Gaitán representaba un liberalismo popular que movilizaba a campesinos, obreros y clase media. Su asesinato frustró, para amplios sectores, la esperanza de impulsar reformas vía electoral.

Muchos se sumaron a las autodefensas de donde surgirían las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). El Ejército de Liberación Nacional (ELN) tendría un origen ideológico distinto. Colombia no volvió a ser la misma.

Las élites liberales y conservadoras negociaron pactos para frenar el baño de sangre. El Pacto de Sitges, firmado en España en 1957, sentó las bases del Frente Nacional, que estableció la alternancia presidencial entre los dos partidos durante 16 años, restringiendo la participación de otras fuerzas políticas.

La violencia política y el conflicto armado han marcado la historia contemporánea de Colombia. Las FARC pasaron de centenares de combatientes a decenas de miles. Distintas organizaciones armadas encontraron en la economía de la coca una de sus principales fuentes de financiamiento, particularmente en Putumayo, Caquetá y Nariño, próximos a la frontera con Ecuador. El Estado colombiano combatió e intentó negociar la paz, sin lograr poner fin al conflicto armado.

Para la mayoría de los ecuatorianos, esta historia es desconocida. Hemos convivido con la violencia armada en nuestra frontera norte durante décadas, pero hoy la realidad es más grave.

El nuevo presidente colombiano, Abelardo de la Espriella, ofreció un combate sin tregua contra los grupos armados vinculados al narcotráfico.

La dimensión del desafío es enorme: según el informe de la ONU, la producción potencial de cocaína en Sudamérica alcanzó un récord en 2024, estimado en 4.700 toneladas. Colombia fue el principal país de salida de cocaína, gran parte se dirige a través de Ecuador. El Estado colombiano ha fracasado en ejercer un control efectivo sobre su territorio, facilitando la expansión de grupos armados, organizaciones criminales transnacionales y economías ilícitas.

Ecuador se ha convertido en un país de tránsito hacia los mercados internacionales, dinámica que ha fortalecido a las organizaciones criminales y ha contribuido a convertir al país en uno de los más violentos del mundo.

Una mayor presión sobre estos grupos desde el norte, con Ecuador como pinza desde el sur, podría provocar que el conflicto haga metástasis en nuestro país, con consecuencias funestas. Es urgente sellar la frontera y dotar a nuestras Fuerzas Armadas de equipos necesarios para esta guerra que con seguridad se nos viene. (O)