La historia de Ático Danzas y Verónica Morales: 21 años formando talento en Ecuador

2026/08/10

Publicidad

10 de agosto, 2026 - 13h24

Lo que comenzó como un pequeño grupo de ocho alumnas en el ático de una casa se convirtió, dos décadas después, en una de las academias de danza con mayor trayectoria en Guayaquil. Hoy, Ático Danzas cuenta con siete sedes y más de 40 colaboradores, además de un historial de títulos nacionales e internacionales que la han llevado a representar al Ecuador en competencias alrededor del mundo.

Detrás de ese crecimiento está Verónica Morales, su fundadora, quien asegura que el origen del proyecto se remonta mucho antes de abrir la academia. “Yo creo que nació cuando tenía 4 años”, recuerda. Desde niña descubrió su pasión por el baile cuando sus padres la inscribieron en clases de ballet y jazz.

Con el paso de los años no solo se formó como bailarina profesional y se especializó en danza en la UEES, sino que también encontró una vocación por la enseñanza. Incluso, antes de graduarse, ya ayudaba a los profesores de la academia donde estudiaba y posteriormente fue contratada como asistente.

Publicidad

Fue a los 18 años comenzó a impartir clases en el ático de su casa, espacio que dio origen al nombre de la academia. Lo que inicialmente parecía un pasatiempo empezó a tomar forma cuando las primeras ocho alumnas y sus familias comenzaron a crear una comunidad alrededor del proyecto.

El crecimiento llegó de forma progresiva. La primera sucursal abrió en el centro comercial Polaris y, con la buena acogida, llegaron nuevas sedes en otros sectores. Actualmente tienen espacios en Ceibos, Puerto Azul, Tenis Club Samborondón, Ciudad Celeste, Plaza Diamante (La Joya), Polaris y el Colegio Menor, además de su sede en Manta, ubicada en el sector de Barbasquillo.

Los primeros años estuvieron marcados por el trabajo de una sola persona. Con el tiempo la institución consolidó una estructura empresarial que hoy incluye departamentos financiero, contable, de marketing y docente, además de un directorio. En 2025 cerró el año con alrededor de 800 alumnas activas.

Publicidad

Publicidad

La oferta académica también evolucionó. Al principio únicamente se impartían ballet y jazz, pero la demanda llevó a incorporar nuevos estilos hasta conformar un programa que incluye hip hop, flamenco, danza lírica, contemporánea y otras materias complementarias.

Más allá de la formación técnica, la academia sostiene que su principal diferencia está en el ambiente que busca construir para sus estudiantes. Bajo el lema “Ático, my happy place”, la prioridad es que cada alumno encuentre un espacio seguro donde aprender.

“Sí quiero sacar los mejores bailarines del país, pero si el proceso no va a ser divertido para ellos, realmente no me interesa. No quiero que el camino hacia el éxito sea a través del sufrimiento”, explica.

La directora sostiene que la danza tiene un impacto que va más allá del escenario. Según cuenta, varias familias les han compartido cómo la actividad ayudó a sus hijos a enfrentar momentos difíciles.

En materia de inclusión, trabajan con estudiantes con condiciones como trastorno del espectro autista o síndrome de Down bajo el mismo proceso que cualquier otro alumno. Cuando es necesario, la institución coordina con las familias apoyos adicionales, como clases de refuerzo o maestras sombra.

El trabajo con las familias es otro de los pilares del proyecto. Los representantes participan activamente en presentaciones, competencias, ensayos y viajes, formando lo que la academia denomina la “Familia Ático”.

Publicidad

En el ámbito académico, la academia graduará este año a su cuarta promoción de alumnas. Las estudiantes reciben un diploma de la academia y una certificación internacional del Consejo Internacional de la Danza (CID), documento que puede facilitar postulaciones a universidades y programas de becas. Asimismo, existe un convenio con la UEES mediante el cual las graduadas que deseen estudiar carreras artísticas pueden acceder a un descuento del 50 %.

A pocos meses de cumplir 40 años de edad, Verónica mira hacia atrás y reconoce que haber comenzado a emprender a los 18 fue una ventaja que le permitió consolidar el proyecto antes de formar una familia. Hoy combina la dirección de una academia con tres hijos y considera que la organización y una red de apoyo han sido claves para mantener ambos roles. (E)