‘Tenzing’: la historia del hombre que conquistó el Everest, pero al que la historia dejó a la sombra

2026/10/16

Ivannia Salazar

16/10/2026

Actualizado 17/10/2026 - 01:37h.

El 29 de mayo de 1953, Edmund Hillary y Tenzing Norgay alcanzaron juntos la cima del Everest, a 8.848 metros de altitud, y protagonizaron una de las mayores hazañas de la historia del alpinismo. Sin embargo, mientras el nombre del neozelandés quedó asociado para siempre a aquella conquista, el de su compañero permaneció durante décadas relegado a un papel secundario, con frecuencia identificado simplemente como «el sherpa» que lo acompañó. Más de setenta años después, la directora australiana Jennifer Peedom ha querido invertir esa perspectiva y situar al montañero himalayo en el centro de su propia historia. El resultado es 'Tenzing', una película protagonizada por Genden Phuntsok y Tom Hiddleston que se estrena este viernes 16 de octubre en España a través de Apple TV. Su propio título constituye una declaración de intenciones: llamar por su nombre a quien tantas veces fue identificado únicamente por su función.

«Incluso hoy, en buena parte del periodismo occidental, se sigue diciendo que Edmund Hillary escaló el Everest con su guía sherpa y muchas veces ni siquiera se menciona su nombre», lamenta Peedom en una entrevista con ABC. «Siempre ha sido una especie de nota a pie de página de la historia, cuando, en muchos sentidos, su logro fue mucho mayor que el de cualquier otro, por todo lo que tuvo que superar para llegar siquiera a la línea de salida».

Hijo de una familia dedicada a la cría de yaks en la meseta tibetana, Tenzing tuvo que afrontar la pobreza, el desarraigo y unas rígidas jerarquías sociales antes de convertirse en uno de los alpinistas más experimentados del Himalaya. Aunque pasó a la historia como un sherpa, no había nacido dentro de esa comunidad étnica, sino que procedía del Tíbet, una circunstancia que contribuyó a que fuera considerado un extraño incluso entre los propios sherpas, con quienes trabajó y desarrolló su carrera. La distinción resulta importante porque el término «sherpa» identifica originalmente a un pueblo del Himalaya, no simplemente a quienes ejercen como guías o porteadores de montaña. Cuando participó en la expedición británica de 1953, Tenzing ya había realizado seis intentos anteriores de ascender al Everest. «Su camino hasta la montaña fue más largo y difícil que el de cualquier otro. Su historia es extraordinaria y había llegado el momento de colocarlo en el centro de su propio relato», explica la cineasta.

Noticia relacionada

Peedom conoce bien ese mundo. Durante más de veinte años ha trabajado en los Himalayas, primero como operadora de cámara en expediciones y posteriormente como documentalista, con títulos como 'Sherpa', 'Mountain' y 'River'. Esta experiencia le permite observar una contradicción que acabó por convertirse en una preocupación recurrente en su trabajo, la del protagonismo concedido a los escaladores extranjeros frente a la escasa visibilidad de los trabajadores locales que hacen posibles sus expediciones.

«Los sherpas asumen una parte desproporcionada del riesgo. Transportan las cargas, las tiendas, el oxígeno, preparan los campamentos y hacen todo lo necesario para que los extranjeros puedan alcanzar la cima, si tienen suerte», explica. «Pero sus historias siempre terminan en la sala de montaje porque no encajan en la narrativa del héroe occidental».

La directora quiso extender esta reflexión a la gran pantalla, esta vez con una figura histórica concreta y una perspectiva que trasciende la propia ascensión. La película, cuyo guion firma Luke Davies, comienza en la infancia de Tenzing, cuando contemplaba el Everest desde las tierras donde pastaban los animales de su familia, y reconstruye los acontecimientos que marcaron su vida antes de la expedición definitiva.

Newsletter

«Para mí, la infancia y la historia familiar eran esenciales porque quería entender qué era lo que lo impulsaba a subir aquella montaña», señala Peedom. «Había sufrido muchas dificultades y necesitábamos mostrar qué tuvo que sacrificar para cumplir su sueño. Además, era un extraño incluso dentro de su propia comunidad. Tenía mucho que demostrar y la gente lo subestimaba».

Pero existe otra diferencia fundamental entre la mirada de Tenzing y la de quienes llegaban desde Occidente. Para los expedicionarios británicos, el Everest representaba una cima que debía conquistarse, un desafío frente al que demostrar la capacidad del ser humano para imponerse a la naturaleza; para Tenzing, aquella montaña tenía otro nombre y otro significado. Era Chomolungma, la 'Diosa Madre del Mundo', una presencia sagrada inseparable de su propia existencia. Allí donde unos aspiraban a conquistar una cumbre, él buscaba regresar al regazo de la diosa que había venerado desde niño.

«La espiritualidad del pueblo sherpa está intrínsecamente vinculada al paisaje que le proporciona su sustento. No puedes separar ambas cosas», explica la directora, que recuerda una frase de la película: «Las montañas son los huesos y nosotros somos la sangre». «Para muchos pueblos indígenas no existe esa separación entre las personas y la naturaleza. Las montañas, los ríos y los lagos son divinidades que merecen veneración».

Esa relación determina también el lenguaje visual de la película, donde la montaña adquiere una presencia que supera su condición de escenario. «La relación principal de la película es, en realidad, la de Tenzing con Chomolungma. No es un enemigo al que deba derrotar, sino un lugar y una divinidad que merece respeto», sostiene Peedom. «Quería mostrar otra forma de acercarnos a la naturaleza, una en la que podemos vivir en armonía con ella sin necesidad de combatirla».

La directora considera que esa mirada resulta especialmente pertinente ante la transformación del Everest en un destino turístico de masas. «Ahora está masificado y eso es problemático por muchas razones», advierte. «Quedarse atrapado en un atasco por encima de los 8.000 metros es extremadamente peligroso. Si se agota el oxígeno porque no puedes descender, las consecuencias pueden ser graves». Además, «el cambio climático está haciendo que la montaña sea más peligrosa, los glaciares se desplazan y se derriten, y habrá más desprendimientos de hielo». A ello se añade, denuncia, una industria turística insuficientemente regulada, de la que dependen numerosos empleos locales, pero en la que persiste la explotación.

La película también recupera a dos mujeres cuyo papel fue decisivo: Dawa, esposa de Tenzing, interpretada por Thinley Lhamo, y Jill Henderson, encarnada por Caitríona Balfe, quien contribuyó a convencerlo de que participara en la expedición británica de 1953.

Peedom recuerda sus conversaciones con Pen Pen, hija de Tenzing y Dawa. «Me contó cuánto echaba de menos a su madre y cómo su padre, poco antes de morir, todavía hablaba de cuánto la añoraba. Ella nunca tuvo una fotografía de su madre y yo quería devolverle la vida y reconocer todo el apoyo que le había dado».

Sobre Henderson, la directora destaca que «fue una heroína para los sherpas» y que desempeñó un papel fundamental para incorporar a Tenzing a la expedición. «Él había escalado con los suizos el año anterior y les tenía mucha lealtad. No estaba necesariamente interesado en ir con los británicos, pero ella lo convenció de que había llegado su momento».

Con Norbu Tenzing, hijo del alpinista, como productor ejecutivo, la película reconstruye aquella hazaña desde una perspectiva distinta, que reconoce a Hillary el lugar que le corresponde en la historia, mientras reivindica también el protagonismo del que fuera su compañero de proeza y amigo por el resto de la vida.

«Como directora, observo ese mundo masculino de machos alfa desde otra perspectiva», concluye Peedom. «Me interesan menos las ideas tradicionales del éxito y por eso abordo estas historias desde un ángulo espiritual e incorporo también a las mujeres».

Para Tenzing, alcanzar la cumbre no significaba únicamente llegar al punto más alto del planeta. Como explica la cineasta, suponía regresar al lugar que había marcado su infancia. «Era como un niño que vuelve al regazo de su madre».