Netflix ha estrenado Monster: La historia de Lizzie Borden, la cuarta temporada de la antología creada por Ryan Murphy e Ian Brennan, que recupera un doble asesinato sin resolver ocurrido en 1892 y convierte de nuevo a la acusada, absuelta por un jurado, en una figura central del terror estadounidense.
El caso de Lizzie Borden sigue atrayendo atención porque fue la única acusada por los asesinatos a hachazos de Andrew y Abby Borden y, pese a que el jurado masculino la absolvió tras deliberar apenas 40 minutos en junio de 1893, ninguna otra persona fue juzgada por las muertes.
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La serie sitúa a Ella Beatty en el papel de Borden, con Charlie Hunnam como su padre, Andrew; Rebecca Hall como Abby Borden; Vicky Krieps como la criada Bridget “Maggie” Sullivan, y Billie Lourd como Emma Borden. Sarah Paulson interpreta a la asesina en serie Aileen Wuornos y Krieps encarna también a la condesa Elizabeth Báthory.
Lizzie Borden nació en 1860 en Fall River, Massachusetts, en una familia acomodada. Su padre había obtenido su fortuna en la fabricación de muebles y ataúdes, la promoción inmobiliaria, varias fábricas textiles y la presidencia del Union Savings Bank, aunque mantenía a sus hijas en una vivienda sin fontanería interior y alejada de los barrios de las familias más ricas.
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La madre de Lizzie murió en 1863 y Andrew Borden se casó tres años después con Abby Durfee Gray. Lizzie y Emma nunca aceptaron a su madrastra, a la que llamaban “señora Borden”, y reprochaban a su padre que ayudase económicamente a la familia de su segunda esposa mediante operaciones inmobiliarias.

La tensión se agravó durante el verano de 1892. Las dos hermanas se habían marchado de vacaciones a New Bedford y regresaron a Fall River una semana antes de los asesinatos. Los miembros de la casa llevaban además varios días enfermos después de consumir carne de cordero guardada en la cocina; Abby llegó a temer que pudieran haber sido envenenados.
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La mañana del 4 de agosto, Abby subió a hacer las camas entre las nueve y las diez y media. El forense situó en ese intervalo su muerte: recibió 18 golpes de hacha, el primero en la cabeza. Andrew regresó a la vivienda a las diez y media y preguntó por su esposa; Lizzie respondió que había ido a visitar a una amiga enferma.
Bridget Sullivan declaró que ayudó a Andrew a quitarse las botas y le llevó unas zapatillas antes de que se tumbara en el sofá, aunque las fotografías mostraban al hombre con las botas puestas. A las 11.10 horas, la criada oyó gritar a Lizzie: “¡Maggie, ven rápido! Papá ha muerto. Alguien ha entrado y lo ha matado”. Andrew había recibido entre 10 y 11 hachazos y su rostro era irreconocible.
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El crimen se cometió a plena luz del día en una casa próxima a una vía transitada por carruajes y rodeada de comercios. Nadie afirmó haber visto u oído al agresor.
Cuando llegó la Policía, Lizzie aseguró que había estado en un cobertizo trasero y que no había escuchado nada. También afirmó que Abby había recibido una nota de una amiga enferma que le pedía una visita. Al subir a buscarla, Sullivan encontró el cadáver de la madrastra.
Los investigadores sospecharon desde el principio de Borden, a la que describieron como tranquila y serena. En el sótano hallaron la cabeza de un hacha con el mango roto, cubierta de ceniza y polvo, y un cubo con prendas aparentemente manchadas de sangre. Lizzie atribuyó esas manchas a la menstruación y la Policía no examinó la ropa.
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En la audiencia de instrucción del 8 de agosto, la acusada ofreció relatos cambiantes sobre lo que hacía aquella mañana. Dijo que leía una revista en la cocina, que planchaba en el comedor y que bajaba las escaleras; después vinculó aquellas declaraciones a las dosis regulares de morfina que le habían administrado para calmar los nervios.
La orden de arresto se emitió el 11 de agosto de 1892. La acusación formal por ambos asesinatos llegó el 2 de diciembre, tras meses de atención mediática en Estados Unidos. Durante el proceso también se conoció que Lizzie había comprado ácido cianhídrico diluido el día antes de los crímenes; su defensa sostuvo que quería emplearlo para limpiar abrigos de piel.
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La fiscalía no logró demostrar que el hacha hallada fuese el arma homicida, no conservó las prendas manchadas y tampoco pudo establecer dónde se encontraba Lizzie durante los asesinatos. Su actividad en la Iglesia Congregacional Central de Fall River, donde daba clases de religión, y la consideración social de su familia influyeron en la percepción de un jurado integrado solo por hombres.

Tras la absolución, las hermanas heredaron la fortuna y se mudaron a una casa moderna de un barrio más distinguido de Fall River. Lizzie pasó a utilizar el nombre de Lizbeth A. Borden, pero fue apartada por la alta sociedad local; Emma abandonó la vivienda en 1905 después de una discusión por una fiesta organizada para la actriz Nance O’Neil.
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Lizzie Borden murió de neumonía el 1 de junio de 1927, con 66 años. Emma falleció nueve días después en una residencia de Newmarket, Nueva Hampshire, y ambas fueron enterradas en la parcela familiar del cementerio Oak Grove, en Fall River.