
Más del 50% de las empresas prevé reducir sus ofertas para perfiles junior, aunque sin recurrir a despidos directos. La inteligencia artificial está cambiando así las reglas del mercado laboral: los puestos existentes se mantienen, pero hay menos oportunidades para quienes buscan su primer empleo. “La inteligencia artificial no está echando a nadie, pero sí está estrechando la puerta de entrada”, explica Gloria Martínez, Global Head of Marketing en Tendios, plataforma española especializada en licitaciones públicas con IA.
Una de las razones detrás de este fenómeno es que reducir nuevas contrataciones resulta más sencillo que despedir. “Para una empresa es bastante más fácil no abrir una vacante que despedir a alguien”, señala Martínez, que recuerda los costes económicos, legales y reputacionales de un despido. En cambio, dejar de contratar pasa más desapercibido, aunque limita progresivamente el acceso al mercado laboral.
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Además, las empresas tienden a retener a sus profesionales experimentados, que conocen el negocio, los clientes y los procesos internos. La IA puede automatizar tareas, pero todavía no sustituye fácilmente ese conocimiento. Un estudio de Stanford y el King’s College de Londres, basado en datos de 41 países, sitúa a España entre los mercados donde, en multinacionales que adoptan IA, disminuye el peso relativo de los puestos junior, aunque el empleo total siga creciendo.
Según sus resultados, la adopción de IA generativa se asocia con un aumento del 3,3% del empleo total, pero con una caída del 2,5% en el empleo junior y un crecimiento del 6,7% en los puestos sénior. La IA, por tanto, no reduce necesariamente el tamaño de las plantillas, pero puede cambiar quién tiene más oportunidades de entrar en ellas.
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Qué trabajos están cambiando con la inteligencia artificial
Giulia Miazzo, HRBP Manager en PayFit, matiza que no todos los empleos junior están desapareciendo: están cambiando aquellos que concentran tareas automatizables. En general, la transformación depende menos de la antigüedad del profesional que de las funciones que desempeña.
En ingeniería, por ejemplo, la IA ya genera buena parte del código. El trabajo evoluciona hacia el diseño de sistemas y la integración de herramientas. En recursos humanos, la automatización de documentos permite dedicar más tiempo a las personas y a las relaciones laborales.
La atención al cliente es uno de los ámbitos donde el cambio puede reducir directamente la necesidad de personal. Miazzo lo explica con un ejemplo: si una IA responde a las primeras consultas y solo deriva los casos complejos a los especialistas, “eso te reduce la necesidad de personas que trabajen en ello”.
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David de Falguera, abogado especialista en IA y Derecho Digital, analiza el desfase entre la rápida evolución de la inteligencia artificial y la lentitud de la normativa. Explica la necesidad de establecer reglas para proteger los derechos digitales de los ciudadanos sin ahogar la innovación tecnológica.
El cambio también se refleja en las habilidades que buscan las empresas. El Barómetro de Talento Digital 2026 sitúa el pensamiento crítico y el criterio profesional como prioridades para el 39,6% de las organizaciones encuestadas, frente al 2,4% que menciona la programación. En paralelo, el Foro Económico Mundial señala que el 69% de los empleadores consultados planea contratar profesionales con competencias para diseñar y mejorar herramientas de IA. El reto para los jóvenes será combinar conocimientos técnicos con capacidad para interpretar, cuestionar y validar los resultados de estas herramientas.
Tres perfiles profesionales que ganan demanda
En paralelo a los puestos tradicionalmente relacionados con primeros empleos que pierden peso relativo, Martínez identifica tres perfiles con oportunidades crecientes. Los primeros son los ingenieros de inteligencia artificial, profesionales que implementan e integran IA en los procesos empresariales. “La demanda realmente está por encima de la oferta de estos perfiles”, afirma, debido a lo reciente de esta especialización.
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Además, ganan terreno los go-to-market engineers, que son especialistas que aplican IA a ventas, marketing y atención al cliente para automatizar tareas comerciales, mejorar la prospección y personalizar las comunicaciones. Por último, destaca a los expertos jurídicos en inteligencia artificial: perfiles que ayudan a las empresas a adaptarse a la regulación europea, incluido el Reglamento de IA de la UE (EU AI Act).
La programación tampoco desaparece, pero evoluciona. Según Martínez, las empresas no contratarán necesariamente grandes cantidades de nuevos programadores: esperarán que los profesionales sepan verificar y supervisar el código generado por IA.
El modelo tradicional de empezar con tareas repetitivas para ganar experiencia pierde fuerza a medida que esas funciones se automatizan. “Lo típico del empiezo por abajo ahora no nos va a valer con la IA”, advierte Martínez.
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Su propuesta es que los perfiles junior aprendan a supervisar estas herramientas junto a profesionales sénior. Para ello, las empresas deben considerar su contratación una inversión, no solo un coste. “Si realmente cortamos la base, dentro de diez años no tendremos los seniors que necesitamos”, alerta, al comparar el desarrollo del talento con una cantera deportiva. La formación también cambia de valor. Martínez cuestiona que acumular títulos sea suficiente y destaca la combinación de conocimiento sectorial, relación con los clientes y dominio práctico de la tecnología.