‘La Odisea’: el final “macabro y misógino” original que Nolan cambió en la película para que no odiaras a Matt Damon

2026/08/04

Cuando Christopher Nolan anunció la producción de La Odisea, múltiples voces han protestado acerca de la fidelidad de la película al poema de Homero. Unas quejas que, desde del estreno del filme, no solo se centran en el reparto, sino también en si la película respeta la mentalidad que transmite el original.

Más allá de si Nolan quería o no ofrecer una adaptación literal del texto (spoiler: no quería), llevar dicho original al cine supone escollos imposibles de evitar. Entre ellos, un final inadaptable, no solo por una violencia que chocaría incluso en el día de hoy, sino también porque hace quedar a Odiseo (Matt Damon) como un personaje muy diferente de aquel que hemos visto en la pantalla. ¿En qué consiste?   

En algunas entrevistas, Nolan ha hecho referencia a esos cambios. "Hablando de decisiones en la adaptación, el final del poema es tan macabro y tan misógino que tuve que dejar algunas cosas fuera", explica. "Pero no quería descartarlo por completo, por lo que nos dice acerca de los hombres y de su forma de hacer la guerra". 

Nolan se refiere al canto XXII de la Odisea de Homero, aquel en el cual Odiseo, Telémaco (Tom Holland) y el porquerizo Eumeo (John Leguizamo) consuman su venganza contra los pretendientes después de que el rey de Ítaca supere la famosa prueba del arco propuesta por Penélope (Anne Hathaway).

Si bien el director inglés ha querido darle a este clímax la forma de un combate épico, el poema lo describe como una masacre de gente desarmada y desprevenida. Porque, como apunta con sorna el propio Homero acerca de la muerte de Antínoo (Robert Pattinson), lo último que espera uno cuando está bebiendo en un banquete es que le atraviesen la garganta de un flechazo. 

Tras haber escondido arteramente las armas de sus enemigos, Odiseo y sus aliados los masacran sin atender a explicaciones o súplicas de piedad. Pero lo peor está aún por llegar: a la hora de consumar su venganza, el rey de Ítaca piensa mostrar los mismos escrúpulos que en la caída de Troya (es decir, ninguno).

La terrible venganza de Odiseo que espeluznó a Nolan

Tras haber despachado a los pretendientes, Odiseo dicta también sentencia contra las esclavas del palacio de Ítaca. Después de que la nodriza Euriclea (Kate Fuglei) le haya indicado cuáles de estas se conchabaron con los pretendientes, el rey las obliga a limpiar los restos de la matanza y después ordena a Telémaco que las pase por la espada. 

Pero el príncipe tiene sus propios planes: en lugar de matarlas a espadazos, las hace ahorcar, una muerte considerada mucho más cruenta y deshonrosa. El destino del cabrero Melantio (Logan Marshall-Green) es aún más salvaje, porque los partidarios de Odiseo se divierten un rato torturándole y ni siquiera se molestan en rematar la faena, dejándole agonizar a las puertas del palacio. En esta clase de negocios, está visto, a los plebeyos siempre les toca lo peor.  

Tras semejante exhibición de atrocidades, Odiseo ordena purificar su salón de banquetes con fuego y azufre para después partir al reencuentro de Penélope (Anne Hathaway). Pero ni siquiera esto pone fin a tanta violencia: el último canto de la Odisea nos muestra al protagonista, a su padre Laertes y a su hijo esperando a las familias de los pretendientes, que quieren a su vez ajustarle las cuentas al rey de Ítaca.  

Menos mal que Atenea (Zendaya) interviene en el último minuto para frenar la contienda y poner fin a un ciclo de venganzas que se prometía interminable. Y la diosa no está sola: su padre Zeus, también aburrido a estas alturas, subraya la orden haciendo caer un rayo en el lugar donde ambos bandos iban a encontrarse. Y así, de manera un tanto anticlimática, es como termina la Odisea.  

'La Odisea': ¿por qué Nolan ha cambiado el final?

El final de la Odisea homérica ha despertado comentarios de todo tipo ya desde la antigüedad. Hoy en día, además, disponemos de lecturas alternativas como la de Margaret Atwood, quien dedicó su novela Penélope y las doce criadas a reinterpretar la historia desde una óptica feminista y llena de sarcasmo.

Está claro que la escala de valores en las que opera el texto de Homero choca muchísimo con la nuestra, y más aún con la interpretación de un Nolan cuyo Odiseo es un guerrero cansado y atormentado por el recuerdo de sus crímenes. De ahí que el cineasta haya omitido los aspectos más crueles del último acto... añadiendo un colofón que no se encuentra ni en Homero ni en la mayoría de adaptaciones del poema. 

Porque ese último viaje en el que se embarcan Odiseo y Penélope al final de la película tiene ecos de la profecía que el adivino Tiresias formula para el protagonista durante su encuentro en el reino de Hades. Aquella según la cual el rey de Ítaca solo podría librarse de su mal fario si viajaba muy lejos de Grecia, a un país cuyos habitantes nunca hubieran visto el mar ni supiesen lo que era un remo. 

En el original, ese destino no tiene nada que ver con escrúpulos morales ni arrepentimientos por el saqueo de Troya, sino más bien con la necesidad de apaciguar al dios Poseidón, que todavía sigue enfadado por aquello del cíclope. Aun así, Nolan ha dado en el clavo mostrándonos, en su despedida, a un Odiseo condenado a no encontrar jamás el descanso, como una reliquia de una era (la de los héroes y los mitos) que debe desaparecer para dejar paso al futuro.