Marruecos ha asestado un golpe estratégico. No en el de la violación de la integridad territorial de España en Ceuta. Sino en el sector agrícola. Es un golpe a cámara lenta, apoyándose sobre la arena del Sáhara Occidental.
Mientras España asiste a una paralización progresiva de sus campos por el aumento de costes y la asfixia regulatoria, Rabat transforma miles de hectáreas de desierto en un vergel intensivo de alto rendimiento.
Con invernaderos de última tecnología alimentados por megaobras de desalinización y una mano de obra sin competencia, las exportaciones marroquíes están inundando los mercados europeos y arrebatando a la agricultura española la hegemonía que sostuvo durante décadas.
España era el principal proveedor de tomate de la UE y ahora lo es Marruecos. En los últimos 10 años, de 2016 a 2025, las importaciones de la UE de tomate marroquí han crecido fuertemente, un 53%, pasando de 344.094 a 526.737 toneladas.
Mientras, España las ha reducido, bajando de 763.846 toneladas a 502.449 toneladas, un 34% menos, según los datos que aporta a EL ESPAÑOL la Federación Española de Asociaciones de Productores Exportadores de Frutas, Hortalizas, Flores y Plantas Vivas (FEPEX).
Esta tendencia va a continuar, y está afectando ya a otros cultivos, como los frutos rojos, "y en concreto, la fresa", explica el secretario general de COAG, Andrés Góngora.
Todo ello sin tener en cuenta que según un informe del año 2024 de la Comisión Europea, se espera un crecimiento de la producción en el Sáhara hasta las 13.000 hectáreas, lo que supondrá un crecimiento de la producción del 1.000% en 2030 en hortalizas de exportación destinadas al mercado europeo.
"El chantaje"
"El chantaje de Marruecos a las instituciones europeas es permanente, y usan este chantaje para presionar con el comercio. Lo denunciamos así, sin rodeos", valora Góngora, que va más allá y subraya que "Marruecos no es un socio leal como escuchamos a algunos políticos. A los agricultores y a COAG no nos van a engañar".
Rabat "utiliza cualquier cosa para liberalizar el comercio sin ofrecer ninguna contraprestación cuando lo que tendría que hacer Europa es pedir que se avancen en derechos sociales, laborales y comerciales. Mientras tanto, Marruecos presiona con la inmigración y el yihadismo para salirse con la suya".
Así, el secretario general de COAG sostiene que "tenemos un acuerdo comercial que es absolutamente nefasto, pero es que además no se cumple ni lo que está en el acuerdo". Y por supuesto, "lo de las cláusulas espejo no existe con Marruecos".
¿Por ejemplo? Con los tomates. "El tope de exportación de Marruecos es de 310.000 toneladas de octubre a mayo. Hasta ese tonelaje no pagan aranceles, y todo lo que se sobrepase esa cantidad está sometido a una tasa que supone abonar hasta 40 céntimos por kilo".
Góngora alude a datos de la propia Comisión Europea, los que indican que la exportación de tomate marroquí a Europa va por 530.000 toneladas. Hay más de 200.000 toneladas que deberían haber pagado aranceles".
Desde COAG calculan que con esas toneladas exportadas deberían haber pagado "entre 13 y 15 millones de euros" en aranceles. "Y resulta que la Comisión no sabe dónde está ese dinero. Esto es una evasión de impuestos de libro".
La situación del Sáhara
El 4 de octubre de 2024, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) dictó sentencias definitivas que anularon los acuerdos de pesca y de libre comercio, relativos a la agricultura entre la Unión Europea y Marruecos en la medida en que se aplicaban al Sáhara Occidental.
"En teoría no se puede cultivar allí... pues la Unión Europea está dándole vueltas a ver cómo se cumple esa sentencia sin que moleste a Marruecos", sostiene Góngora.
Rabat "no puede producir en el Sáhara porque no existe un beneficio para la población nativa saharaui. A los que beneficia es a los inversores que se han ido allí a producir".
Mientras, en el Sáhara Occidental se construyen desaladoras, se instalan aerogeneradores y se trabaja en la ampliación del puerto de Dajhla.

Invernaderos en Dahjla, en el Sáhara occidental.
EE
En paralelo, el Gobierno de España apoya desde este año la construcción de la planta desaladora de Casablanca (Marruecos) con un respaldo financiero público, en forma de préstamo, de cerca de 340 millones de euros.
Será la mayor de África, con 838.000 metros cúbicos diarios y 300 hectómetros cúbicos anuales de capacidad.
No son las únicas grandes infraestructuras. La Autopista Presidente Donald J. Trump, bautizada así en julio por Mohamed VI, recorre 1.055 kilómetros por la costa desde Tiznit, en el sur de Marruecos, con el futuro Puerto Atlántico de Dajla, en el Sáhara Occidental.
El director de FEPEX, Ignacio Antequera, sostiene que aparte de las estadísticas que señalan un incremento, "la competencia de Marruecos trasciende a lo que exporta hacia la Unión Europea, sino también en Reino Unido donde ha sido capaz de desplazar al tomate español".
El acuerdo de la asociación entre la Unión Europea y Marruecos "les da preferencias arancelarias y actualmente gracias a un acuerdo entre el Consejo Europeo y Marruecos está entrando tomate del Sáhara Occidental".
Parten de condiciones ventajosas con respecto a lo que se cultiva en Europa. "Para empezar, porque asumen la décima parte de los costes laborales, y porque hacen uso de determinados tratamientos fitosanitarios que aquí no están permitidos", explica Antequera.
Algunos de los que sí permite y utiliza Marruecos y no se pueden usar en la agricultura europea son el Dimetoato, prohibido en la UE en 2019 y permitido en Marruecos hasta 2028; el Metribuzin, retirado en Europa en 2024 y en Marruecos permitido hasta 2027; el Indoxacarb, cuyo uso se desterró en la Unión Europea en 2021 y en Marruecos puede utilizarse hasta 2031, y el Limidacloprid, erradicado en Europa hace 6 años y permitido en Marruecos hasta 2030.
"Nos encontramos a una desventaja competitiva por precio, porque al final no podemos competir. Nosotros incorporamos diferentes métodos de producción que son más sostenibles y avanzados, basados en la investigación, y desgraciadamente hay cierta parte del mercado que valora comprar a precio más bajo, algo frecuente dada la situación económica de las familias, por encima de valorar este esfuerzo en una producción más sostenible".
Esta competencia ha supuesto ya "una merma de un treinta por ciento en las hectáreas dedicadas al cultivo, por ejemplo en Almería. Como el tomate además se ha perdido, se cultiva el pimiento y el pepino".
Perdida ya la guerra del tomate, que prácticamente ha desaparecido en Canarias, la batalla comercial se libra actualmente en los frutos rojos. "Básicamente en cultivos que requieren mucha mano de obra y es donde ahora mismo están compitiendo con nosotros".
Por su parte, Andrés Góngora afirma que "con los frutos rojos además es que coinciden en el calendario con Huelva: en invierno. Ahora nos está haciendo mucho daño la fresa. Su nuevo reto son los arándanos y las frambuesas".
Luis Ramírez, secretario general de ASAJA-Cádiz, advierte que "el Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y Marruecos ha dejado de ser un instrumento de cooperación para convertirse en una herramienta que socava los intereses del campo español y europeo".
Porque, continúa, "bajo el pretexto de facilitar el comercio, está permitiendo una entrada masiva de productos agrícolas marroquíes que no cumplen las exigencias normativas, sociales ni medioambientales impuestas a los productores europeos".
La situación del Sáhara Occidental "se votará en el Parlamento Europeo pero todavía no sabemos cuándo", ultima el secretario general de COAG. "Llevamos varias semanas preguntando que cuándo se va a votar, sabemos que tiene que ser antes de fin de año, y de momento nadie lo sabe".
Lo que sí se sabe es la europarlamentaria que será la ponente: la irlandesa Lynn Boylan, del Sinn Fèin, que ejerce como ponente permanente en asuntos del Magreb. "Va a tirar más por la independencia del Sáhara de Marruecos que por el asunto agrario", estima Góngora. "Ya nos hemos entrevistado con ella a través de una asociación agraria de Irlanda".