
En el altar mayor del Santuario de las Nazarenas, en el Centro de Lima, se conserva la pintura que dio origen a la devoción al Señor de los Milagros. A diferencia de la imagen que recorre las calles durante las procesiones de octubre, esta obra permanece en el lugar donde comenzó a ser venerada hace más de tres siglos, cuando Pachacamilla era un sector de la Lima virreinal habitado también por comunidades afrodescendientes.
El muro de adobe con la imagen del Señor de los Milagros permaneció en pie después de dos terremotos que sacudieron Lima y Callao: el 13 de noviembre de 1655 y el 20 de octubre de 1687, según la Biblioteca Nacional del Perú (BNP). Entre ambos acontecimientos, en 1671, las autoridades autorizaron el culto al Cristo de Pachacamilla y se celebró la primera misa en su honor. Tras el segundo sismo, Sebastián de Antuñano impulsó la salida de una copia de la pintura por las calles de Lima, dando origen a la tradición procesional.
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La pintura, sin embargo, no ha permanecido exactamente igual desde entonces. A la representación de Jesús crucificado se incorporaron y modificaron otros elementos religiosos y, durante el siglo XX, especialistas realizaron intervenciones para protegerla del deterioro. Una de las restauraciones más importantes incluso obligó a reemplazar el antiguo muro de adobe que sostenía la obra.

La versión más conocida sobre el origen del Señor de los Milagros señala que la imagen fue realizada por un hombre africano esclavizado, procedente de Angola, que vivía en el antiguo barrio de Pachacamilla.
Hacia mediados del siglo XVII, integrantes de esta comunidad se reunían en una cofradía religiosa. En una de las paredes de adobe de aquel espacio apareció una representación de Jesucristo crucificado que, según la tradición, fue pintada por uno de sus miembros.
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La Biblioteca Nacional del Perú señala que existen registros de la imagen desde 1651, de acuerdo con las investigaciones del sacerdote jesuita e historiador Rubén Vargas Ugarte. No obstante, la identidad del autor sigue siendo objeto de distintas versiones.
Algunas narraciones lo identifican como Pedro Dalcón, conocido también como Benito. Aunque estos nombres aparecen en reconstrucciones históricas y relatos religiosos, no existe documentación concluyente que permita confirmar quién realizó la pintura.

La procedencia africana atribuida al autor tiene especial importancia para comprender el nacimiento de esta devoción. La imagen surgió en un espacio vinculado a personas sometidas a esclavitud, en una sociedad colonial donde la población afrodescendiente enfrentaba profundas desigualdades y restricciones.
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Con los años, el Cristo de Pachacamilla comenzó a recibir la visita de personas de distintos sectores sociales. Su veneración se extendió más allá de la comunidad donde había surgido y terminó convirtiéndose en una de las principales expresiones religiosas de Lima.
El primer terremoto que marcó la historia del Señor de los Milagros ocurrió en noviembre de 1655. El movimiento sísmico provocó graves daños en Lima y Callao, donde numerosas viviendas y construcciones religiosas quedaron destruidas.
Según los relatos históricos recogidos por la Biblioteca Nacional del Perú, las paredes de la edificación donde se encontraba la imagen resultaron afectadas, excepto aquella que contenía la representación de Cristo crucificado. Los habitantes de Pachacamilla interpretaron lo ocurrido como un milagro y comenzaron a reunirse para rezar frente a la pintura.
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Sin embargo, el crecimiento de la devoción despertó resistencia entre algunas autoridades religiosas, que cuestionaban las reuniones realizadas alrededor del mural.
En 1671 se solicitó al virrey Pedro Fernández de Castro, conde de Lemos, que ordenara borrar la imagen y prohibiera las concentraciones de fieles. La tradición sostiene que se realizaron varios intentos para eliminarla, pero ninguno llegó a concretarse.
Finalmente, las autoridades permitieron su veneración y el 14 de septiembre de 1671 se celebró la primera misa ante el Cristo de Pachacamilla, en la ermita construida para proteger la imagen.
Treinta y dos años después del primer gran terremoto, otro movimiento sísmico volvió a causar graves daños en la capital. La ermita sufrió destrozos, pero el mural permaneció en pie, según los testimonios históricos difundidos por la BNP y la Conferencia Episcopal Peruana.
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Este segundo acontecimiento impulsó una nueva manifestación de la devoción. Sebastián de Antuñano, uno de los principales promotores del culto, dispuso que una reproducción de la imagen fuera trasladada por las calles de Lima. Aquella salida es considerada el antecedente de las procesiones que actualmente se realizan durante octubre.
La historia religiosa del Cristo Moreno también está relacionada con un tercer terremoto, ocurrido el 28 de octubre de 1746, uno de los más devastadores de la época virreinal. Según la tradición, la imagen volvió a permanecer en pie y los fieles recurrieron a ella en busca de protección.
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El episodio contribuyó a reforzar la importancia del 28 de octubre dentro del calendario religioso limeño, fecha en la que cada año se realiza uno de los principales recorridos procesionales del Señor de los Milagros.

La pintura original del Señor de los Milagros representa una escena de la crucifixión de Jesucristo. Su composición actual reúne distintas figuras y símbolos de la tradición católica, aunque no todos los elementos corresponden necesariamente a la misma etapa de ejecución.
En el centro aparece Cristo crucificado, con la cabeza inclinada y un paño que cubre su cintura. La imagen fue realizada sobre una superficie preparada en el muro mediante una técnica de pintura al temple, de acuerdo con los estudios efectuados durante sus restauraciones.
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A los lados se encuentran la Virgen María y María Magdalena. La primera aparece de pie, en actitud de dolor y recogimiento, mientras que María Magdalena es representada arrodillada cerca de la cruz.
En la parte superior se observa a Dios Padre, acompañado por el Espíritu Santo en forma de paloma. También figuran el sol y la luna, elementos relacionados con los relatos cristianos sobre la muerte de Jesús.

Sobre la cruz aparece la inscripción INRI, abreviatura de la expresión latina Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum, que significa Jesús Nazareno, Rey de los Judíos.
La composición fue modificada durante el periodo virreinal. De acuerdo con la investigación El Señor de los Milagros: historia, devoción e identidad, publicada por el Fondo Editorial del Banco de Crédito del Perú (BCP), en 1671 el pintor José de la Parra intervino en la parte superior del mural por disposición del conde de Lemos.
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A esta etapa se atribuyen la incorporación de la inscripción INRI y las representaciones de Dios Padre y el Espíritu Santo. También se efectuaron trabajos para reparar una parte deteriorada de la figura de Cristo.
Los estudios de conservación señalan, además, que las imágenes de la Virgen y María Magdalena podrían haber sido pintadas en la misma época que Cristo o poco después, aunque posteriormente fueron reconstruidas y repintadas al óleo.
Estas intervenciones explican las diferencias técnicas y estilísticas que presenta la obra. El mural conservado en Las Nazarenas reúne elementos de distintas etapas artísticas, con la figura original del crucificado como centro de la composición.
La permanencia de la pintura durante más de tres siglos no significa que haya estado libre de daños. Los movimientos sísmicos, la humedad y el deterioro de sus materiales hicieron necesarias distintas intervenciones para garantizar su conservación.
Uno de los trabajos más importantes se realizó después del terremoto de 1940, que afectó el Santuario de las Nazarenas y agravó los problemas estructurales de la construcción.

En 1955, dos especialistas italianos efectuaron una restauración que modificó el soporte original de la pintura. Para ello utilizaron una técnica conocida como stacco, que permite desprender una pintura mural junto con parte de su preparación y trasladarla a otra superficie.
El procedimiento requirió reforzar la capa pictórica con telas especiales. Posteriormente, el antiguo muro de adobe fue reemplazado por una estructura de ladrillo sobre la cual se instaló nuevamente la imagen.
Este detalle resulta fundamental para comprender el estado actual de la obra: la pintura histórica se conserva, pero el soporte sobre el que permanece instalada ya no es el mismo muro de adobe que resistió los terremotos del siglo XVII.
Casi dos décadas después, en 1974, el entonces Instituto Nacional de Cultura realizó una segunda intervención. Los especialistas detectaron hongos y problemas de humedad, por lo que retiraron el vidrio que protegía la pintura y efectuaron trabajos de limpieza y consolidación.

En estas labores participaron los restauradores Fernando Saldías, Rodolfo Vallín y Vladimira Zupán. Las tareas incluyeron tratamientos para estabilizar la capa pictórica y proteger el mural de nuevas filtraciones.
La tercera gran restauración documentada se realizó entre febrero y junio de 1993, con participación del Museo Pedro de Osma y el auspicio del Banco de Crédito del Perú, a solicitud de la comunidad de las Nazarenas Carmelitas Descalzas.
El equipo, en el que participó la especialista Liliana Canessa, revisó las condiciones del mural, corrigió desprendimientos y realizó trabajos para recuperar sectores afectados por el paso del tiempo y las intervenciones anteriores.
Las restauraciones permitieron conservar una obra que no solo tiene importancia religiosa, sino también histórica y artística. Su estudio ha servido para conocer los materiales empleados en la Lima virreinal y las modificaciones realizadas a lo largo de los siglos.

La pintura original se encuentra en el altar mayor del Santuario y Monasterio de las Nazarenas, ubicado en la avenida Tacna, cerca de su intersección con el jirón Huancavelica, en el Centro Histórico de Lima.
A diferencia de las imágenes procesionales, el mural permanece instalado en el interior del templo y puede ser contemplado por los fieles que acuden a las celebraciones religiosas o realizan visitas de oración.
El santuario recibe visitantes durante todo el año, aunque en octubre registra una mayor afluencia debido a las actividades dedicadas al Señor de los Milagros. Los horarios de ingreso pueden variar durante las celebraciones litúrgicas y los recorridos procesionales, por lo que se recomienda consultar la programación del templo antes de acudir.

Quienes deseen conocer otros aspectos de esta historia también pueden visitar el Museo del Señor de los Milagros, situado en el jirón Huancavelica 583, a pocos metros del santuario.
Este espacio conserva objetos religiosos, documentos y piezas vinculadas con la celebración. También exhibe una reproducción a tamaño real del mural histórico, además de materiales relacionados con las restauraciones y la evolución del culto.
Es importante distinguir los tres elementos: la pintura original permanece en el altar mayor, el museo exhibe una reproducción y la imagen que recorre las calles de Lima es un lienzo utilizado para las procesiones.
La obra conservada en Las Nazarenas permite conocer el origen de una devoción nacida en Pachacamilla que, pese a los terremotos y las modificaciones de su soporte, mantiene su lugar en la historia religiosa y artística del Perú.