En primer lugar corresponde aclarar que estas líneas se escriben de modo absolutamente personal, como cualquier columnista que hace su aporte en medio del vendaval de emociones casi desesperantes a las que nos ha sometido este Mundial y esta Selección Argentina.
Dicha tal cosa desarrollo la tesis. La Argentina pudo caer derrotada ante Cabo Verde. Habría sido un papelón. El Campeón del Mundo dejando la Copa ante un rival debutante en estas lides, conformado por componentes pescados de otras latitudes, hasta por redes sociales, con un defensor muy eficaz, Roberto Lopes, que fue convocado por Linkedin. Era entonces un mamarracho, volveríamos muy tristes, pensando que la renovación generacional necesaria no se había producido, que ya no generamos futbolistas de élite, y que Lionel Scaloni debió hacer tal o cual cambio, tristes.
El equipo nacional pudo haber quedado afuera con Egipto. De hecho casi es tentador decir "debió". A falta de 12 minutos perdía 2 a 0 y a los jinetes de camellos les habían anulado un gol por una jugada que en el fútbol local, para que te la den, tenés que jugar para Barracas. La valentía, el coraje, la jerarquía individual, trocó el destino en el descuento, y pasamos. Nos hubiésemos vuelto enojados.
Pero la Selección también pudo caer con Suiza, un equipo menor, de segundo o tercer nivel en Europa. Si el asedio seguía después del empate de los hacedores de quesos, si no se producía la estúpida expulsión a la que un suizo llamado Embolo se expuso solito, quien sabe como terminaba la cosa. Y si después de eso, con Argentina ya en ataque la pelotita no entraba, teníamos penales. ¿Sabés cuantas veces no entra cuando debió entrar?. Y en los penales ya sabemos, cualquier cosa puede pasar. Nos hubiésemos vuelto, los hinchas del Mundial que no ven fútbol en otro momento insultando al Dibu, los que miran un poco más a Scaloni, porque la defensa por la derecha es un flan sin remedio. Pero bueno, era volverse enojados y ya.
Hago un alto aquí porque lo creo necesario. Leí por ahí declaraciones del doctor Facundo Manes en las que afirma que "no deberíamos convertir el sufrimiento en identidad nacional". Ciertamente, poco podría discutirle sobre neurociencia a un profesional de su calibre. Atrevido. Pero neurociencia no es sociología, eso es claro. El fútbol es sufrimiento y el fútbol es identidad nacional. Aplique nomás la propiedad transitiva.
Y el fútbol es sufrimiento amigo. Nadie disfruta demasiado cuando va ganando 5 a 0 en los primeros 20 minutos. Se para a aplaudir, se traslada a un teatro, habla de nimiedades con amigos. Se sufre hasta cuando se gana, porque las victorias valiosas son las épicas y en esas, se padece hasta el minuto final y se disfruta luego.
Pero volviendo al tema que nos ocupaba antes mi dispersión estéril, el destino jugó sus cartas, en ninguna de esas nos volvimos y ahora ya no podemos. Porque tocaron los ingleses. Y sencillamente no es posible. Es decir, futbolísticamente lo es, pero anímicamente este pueblo golpeado no está en condiciones de digerirlo. El entrenador argentino le bajó el tono a la cosa: "es un partido de fútbol no busquen nada más", dijo. Seguramente en su rol era lo que tenía que decir. Pero no es así. Yo se que no es así, muchos, casi todos sabemos que no es así, los jugadores saben que no es así.
Palmito la vio. Cuando compuso "La Cuarta Estrella" el tema que canta todo el mundo mientras espera que se haga miércoles, puso en el papel "Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo". ¿Que tenía que ver Malvinas cuando diseñó el hit?. Y ahora tiene que ver.
Me van a tener que disculpar, diría Eduardo Sacheri, pero no es lo mismo que la semi con Croacia, no es. En el pecho de cada uno de nosotros no lo es. Todos somos gente racional, y sabemos que estos pibes ingleses que saldrán a la cancha no han tenido nada que ver, que seguramente sean buenos muchachos, pero les tocó (otra vez el destino) defender el mismo emblema, el mismo himno, el mismo sistema, que a los soldados ingleses que desembarcaron en Malvinas, muchos de los cuales seguramente tampoco sabían que hacían ahí y no querían estar ahí.
Pero se dio así. Nosotros sentimos esto y ellos representan aquello. Y no será solamente un partido de fútbol. Cualquiera sea el resultado, la alegría o el pesar no serán como la semi de Qatar frente a los amables croatas que no utilizan parches en sus ojos. Guste o no, todo va a ser distinto.
De modo que, bien por Scaloni, eso debía decir, pero nadie me venga con que es un partido más, llegamos a un intríngulis siniestro, por no perder antes, en el que ahora ya no se puede. Lo sabemos todos.