19/10/2026
Actualizado a las 01:28h.
Hubo un tiempo en que la jornada tenía una última cita pendiente. Después del trabajo, de la cena y de las obligaciones de cada día, millones de españoles esperaban la llegada de la noche para sentarse frente al televisor. Era el momento de descubrir quién abandonaba un concurso, seguir las aventuras de los protagonistas de su serie favorita o comentar al día siguiente las últimas peripecias de los concursantes de un 'reality'.
El 'prime time' era una de las grandes citas colectivas del día, una franja capaz de congregar a dos o tres millones de espectadores frente a un mismo programa y de superar esas cifras cuando la ocasión lo merecía. Pero aquella televisión que marcaba los horarios de buena parte del país parece cada vez más lejana.
La nueva temporada ha dejado una fotografía bastante distinta de aquella y, en septiembre, la mayoría de los grandes formatos del horario estelar se quedaron por debajo del millón de espectadores, aunque sus cuotas de pantalla se mantienen en niveles competitivos. La audiencia sigue, pero es menor y cada vez está más repartida y resulta más difícil reunirla frente a una misma emisión.
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'La Voz' fue una de las excepciones, con 1.033.000 espectadores y un 13,1% de cuota de pantalla, pero otros formatos consolidados, sin embargo, no alcanzaron la barrera del millón. 'La isla de las tentaciones' se quedó en 807.000 espectadores; 'Supervivientes', en 788.000; 'MasterChef Celebrity Legends', en 624.000, y 'Las hijas de la criada', en 810.000. Al margen de acontecimientos puntuales, como las retransmisiones futbolísticas y otras emisiones especiales, superar el millón de espectadores se ha convertido en un objetivo cada vez más difícil para buena parte de la oferta nocturna.
El fenómeno no se explica únicamente por las decisiones de programación de las cadenas ni por el rendimiento de sus formatos. Para entenderlo hay que mirar también a una transformación en la forma en que los espectadores consumen contenidos audiovisuales.
La irrupción de las plataformas ha cambiado las reglas del juego. Frente a una televisión que durante décadas organizó su oferta alrededor de horarios fijos, el espectador dispone ahora de catálogos infinitos a los que acceder cuando quiera, desde el dispositivo que prefiera y sin necesidad de adaptar su rutina a la programación. De modo que la cita con la televisión ha dejado de ser una obligación cotidiana para convertirse en una elección entre muchas otras. El resultado es una audiencia más fragmentada. Antes, un estreno o una final podían convertirse en acontecimientos compartidos por millones de personas. Ahora, una parte de ese público se reparte entre las plataformas, los contenidos bajo demanda, incluyendo los de las propias cadenas, las redes sociales y otras formas de entretenimiento.
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A este cambio de hábitos se suma una particularidad de la televisión española: la prolongación cada vez mayor del horario de acceso al 'prime time', el llamado 'access prime time' como 'El Hormiguero' o 'La Revuelta'. Si antes los espectadores podían sentarse a las 22.30 para ver el comienzo de un concurso o un 'reality', ahora es habitual que los grandes formatos arranquen después de las 23.00. Las cadenas han ido alargando ese tramo previo con programas que concentran una parte importante de la audiencia para mantener al espectador en el canal y trasladarlo después al siguiente espacio de la parrilla. El problema es que ese relevo se produce cada vez más tarde, cuando una parte del público ya ha abandonado el televisor o no está dispuesta a prolongar la noche.
Queda una tercera variable y es el desgaste de los formatos. Las cadenas continúan estrenando programas y renovando su oferta, pero la presencia de novedades en la parrilla no garantiza que estas consigan movilizar a una audiencia masiva. Algunos de los títulos que tradicionalmente han funcionado como grandes apuestas de la televisión española acumulan ya numerosas ediciones, mientras que los 'realities', concursos y 'talent shows' compiten por un público que dispone de más alternativas que nunca.
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