Cómo la crianza autoritaria puede afectar a los niños

2026/10/05

A todos los padres les pasa: le piden al niño que haga algo y, para no obedecer, este hace como si no hubiese entendido. En algún momento, el pulso de los padres llega a 180 y empiezan los gritos. No es agradable, pero ocurre.

Se vuelve problemático cuando el estilo de crianza está marcado principalmente por este tipo de interacciones negativas. Un estudio reciente realizado en China concluye que una crianza dura y autoritaria aumenta el riesgo de síntomas depresivos y comportamiento agresivo en los niños. Con ello, los investigadores confirman algo que también observan otros expertos.

Una crianza dura y autoritaria es más que perder los estribos ocasionalmente. Se trata, más bien, de "diferentes formas de violencia, disciplina y control", afirma el psiquiatra y psicólogo Stephan Bender.

La crianza violenta aumenta el riesgo de depresión

Los golpes o el uso de la fuerza física para que el menor obedezca son solo una forma de violencia. La otra es de naturaleza psicológica: críticas hirientes, lenguaje agresivo, manipulación o privación del afecto. Es posible que los niños obedezcan inmediatamente, pero esta obediencia impulsada por el miedo tiene un precio.

"Una crianza violenta fomenta situaciones de impotencia y estas son un importante factor de riesgo para la depresión", dice Bender en entrevista con DW. "Una crianza excesivamente dura y crónica puede constituir un trauma crónico", advierte.

Los niños que experimentan una y otra vez que sus sentimientos no son tomados en cuenta pueden tener más dificultades para percibir y regular sus emociones. Quien es criado con violencia y sin libertades tampoco se percibe como capaz de influir sobre su propia vida. La autoeficacia se refiere a la convicción de que, gracias a las propias capacidades, se pueden superar desafíos y alcanzar objetivos.

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Para que esta convicción pueda desarrollarse, los niños tienen que aprender que pueden afrontar los problemas de manera autónoma y con éxito. La autoeficacia es importante para aprender a manejar las emociones y controlar el propio comportamiento, así como para desarrollar confianza en uno mismo. Una crianza basada en la violencia y la coerción lo impide, según Bender, quien dirige la Clínica y Policlínica de Psiquiatría, Medicina Psicosomática y Psicoterapia de Niños y Adolescentes del Hospital Universitario de Colonia, en Alemania.

Esto puede tener consecuencias muy diferentes para los niños. En su trabajo clínico, Bender observa que los niños varones tienden más a la llamada externalización: el sufrimiento que sienten se exterioriza y se manifiesta con mayor frecuencia en un comportamiento social alterado, que puede llegar incluso a conductas delictivas.

Las niñas, en cambio, tienden más a internalizar, afirma el experto: "Es decir, desarrollan problemas emocionales, depresión, trastornos de ansiedad o también trastornos alimentarios, sobre todo a partir de la pubertad”.

Indicios de cambios epigenéticos por una crianza autoritaria

Evelien van Assche, psiquiatra y médica jefa de la Clínica de Salud Mental del Hospital Universitario de Münster, encontró indicios de que una crianza autoritaria puede quedar registrada en el ADN y aumentar así el riesgo de una depresión posterior.

Como parte de su doctorado, la psiquiatra investigó si una crianza autoritaria se refleja en la epigenética de los menores participantes. La epigenética estudia la relación entre las influencias ambientales y el ADN: determina, entre otras cosas, cuándo se activan o desactivan determinados genes. Esto ocurre, entre otros mecanismos, mediante la llamada metilación de los genes. Se trata de una regulación genética que influye en qué características físicas o psicológicas se expresan.

La base del estudio de Van Assche fueron investigaciones anteriores con gemelos idénticos, uno de los cuales tenía depresión. Dos grupos independientes descubrieron que el gemelo con depresión presentaba una mayor variedad de metilación del ADN que el gemelo sano. "Repetimos este análisis con nuestra muestra", explicó Van Assche a DW.

El resultado fue similar: los adolescentes que describieron su hogar como más violento también mostraron una mayor variación en la metilación. La propia Van Assche afirma que sus investigaciones proporcionan indicios, nada más. Sin embargo, son indicios que coinciden con los resultados de otras investigaciones.

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¿Qué necesitan los niños: cercanía, reglas claras y límites?

Van Assche afirma que es fundamental que los padres estén emocionalmente disponibles: escuchar a los niños y tomarse en serio sus preocupaciones y miedos. "Si, en principio, tengo una buena relación, entonces los episodios aislados de estar molestos naturalmente tienen otro peso".

Además de la validación emocional del niño, las reglas y los límites también son importantes para ellos, afirma la psiquiatra. Estas expectativas deben comunicarse de manera abierta y clara y, cuando se sobrepasan los límites, deben aplicarse consecuencias adecuadas.

"Cuanto más pequeños son los niños, mayor es el papel que desempeñan los padres”, opina el experto Bender. Por eso, su equipo ha diseñado programas de formación en los que los padres aprenden cómo apoyar mejor a sus hijos en diferentes situaciones.

Para Evelien van Assche, es importante destacar que la mayoría de los padres hacen muchas cosas bien. Pero lo decisivo para la salud mental de los niños sería la relación con sus padres. Una razón más para prestar más atención a los hijos.

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(ct/rml)