
El Ministerio de Salud (Minsa) anunció que la lactancia materna exclusiva en Perú alcanzó un promedio nacional del 67,38 % en los últimos siete años, según la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar 2025. Esta cifra ubica al país por encima del promedio mundial de 42,4 % y supera la meta del 50 % establecida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el año 2025.
Según informó el Minsa, este resultado refleja una tendencia sostenida al alza y evidencia el compromiso tanto de las familias como de las autoridades sanitarias peruanas con la protección y desarrollo de la primera infancia.
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De acuerdo con el Minsa, la leche materna es el alimento recomendado para los recién nacidos durante sus primeros seis meses de vida, ya que aporta todos los nutrientes necesarios para su desarrollo. Además, contribuye a proteger a los lactantes frente a infecciones respiratorias y gastrointestinales, refuerza el sistema inmunológico y ayuda a prevenir enfermedades crónicas como la obesidad y la diabetes en etapas posteriores.

La responsable de lactancia materna del Minsa, Eleana Medina, subrayó que esta práctica también reporta beneficios para la salud de las madres.
“La lactancia materna favorece la recuperación posparto, reduce el riesgo de hemorragias y disminuye la probabilidad de presentar cáncer de mama y de ovario”, afirmó. Además, sostuvo que el amamantamiento fortalece el vínculo afectivo entre la madre y el bebé.
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La lactancia materna exclusiva consiste en alimentar al bebé únicamente con leche materna, sin incluir ningún otro alimento ni bebida, ni siquiera agua, durante los primeros seis meses de vida. Este método garantiza que el recién nacido reciba todos los nutrientes, líquidos y defensas que necesita para un desarrollo saludable y una adecuada protección frente a infecciones.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Ministerio de Salud (Minsa), se recomienda mantener la lactancia materna exclusiva hasta esta edad. A partir de ese momento, la sugerencia es continuar con la lactancia, pero combinada con alimentos complementarios adecuados para la edad del niño, hasta al menos los dos años o más.
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Por este motivo, se recomienda que los niños asistan regularmente a sus controles de salud, donde el personal médico puede evaluar su peso y talla. Estas revisiones permiten monitorear el crecimiento y desarrollo, y ofrecen información detallada sobre el proceso de alimentación y bienestar del menor.

Durante las primeras 24 horas de vida, todo recién nacido debe recibir dos vacunas fundamentales: la BCG y la vacuna contra la hepatitis B.
La BCG protege al bebé frente a las formas graves de tuberculosis hasta los cinco años, lo que reduce el riesgo de complicaciones severas asociadas a esta enfermedad. Por su parte, la vacuna contra la hepatitis B previene una infección que puede transmitirse de la madre al hijo durante el embarazo, el parto o a través del contacto con sangre y secreciones.
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Esta inmunización es clave, ya que la hepatitis B es incurable y puede derivar en daños hepáticos e incluso cáncer de hígado. En el caso de los hijos de madres portadoras del virus, se recomienda además la aplicación de inmunoglobulina anti-HBs dentro de las primeras 12 horas de vida para reforzar la protección.
Estas medidas iniciales forman parte de las estrategias más efectivas para reducir el riesgo de enfermedades graves en los recién nacidos y proteger su salud desde el inicio de la vida.