
La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) incorporó por primera vez a las abejas melíferas silvestres de la Unión Europea en su Lista Roja como poblaciones “en peligro de extinción”, a partir de un estudio desarrollado por la Universidad de Hohenheim, en Stuttgart y Agroscope, en Zúrich.
La investigación publicada en Conservation Science and Practice estima que, bajo esas condiciones, las poblaciones que viven en libertad de Apis mellifera en la Unión Europea se reducirían un 56% en 10 años.
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La clasificación se refiere a las colonias que viven fuera del manejo humano, aunque pertenezcan a la misma especie que los ejemplares utilizados para producir miel y polinizar.
Según Phys.org, estas colonias construyen sus nidos en cavidades de árboles, grietas de rocas y paredes huecas. Representan cerca de 1/6 del total de abejas melíferas de Europa, pero todavía existen vacíos de información sobre su distribución, su tamaño y su evolución.

El equipo científico documentó más de 1.600 sitios de anidación en 15 países europeos. Para calcular la tendencia de los grupos, examinó datos de supervivencia obtenidos en lugares donde se monitorean nidos conocidos y proyectó qué ocurriría si las colonias no recibieran nuevos individuos procedentes de la apicultura.
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El resultado indica una situación desigual según la región: hay poblaciones bajo una amenaza importante en Europa central, mientras que en Inglaterra se han registrado colectivos estables. Aun así, el diagnóstico general es que muchas agrupaciones no se sostendrían por cuenta propia.
“Europa tiene la menor densidad de colonias de abejas silvestres del mundo”, afirmó el doctor Benjamin Rutschmann, de Agroscope, el centro de investigación agrícola de la Confederación Suiza. El investigador añadió que numerosos conjuntos dependen de la incorporación de ejemplares procedentes de colmenas gestionadas, es decir, los individuos criados y mantenidos por apicultores.

La conexión entre ambos grupos se produce de distintas formas: las reinas jóvenes criadas en apiarios pueden aparearse durante sus vuelos nupciales con zánganos de colonias que viven en libertad. Además, cuando un enjambre abandona una colmena y se instala en un hueco natural del bosque, pasa a integrar la población silvestre.
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El doctor Patrick Kohl, del Departamento de Genómica de Poblaciones Ganaderas de la Universidad de Hohenheim, explicó que la relación entre las 2 poblaciones impide una división biológica tajante. “No se puede mantener una clara separación biológica entre las abejas melíferas silvestres y las abejas melíferas criadas en cautividad”, señaló.
El estudio destaca el valor genético de los organismos que subsisten sin intervención humana. Algunas comunidades silvestres de América han desarrollado la capacidad de enfrentar al ácaro Varroa, un parásito originario de Asia que se alimenta de las abejas y puede destruir colonias enteras.

La ausencia de tratamientos químicos en esos grupos favoreció, según los investigadores, la selección natural de grupos resistentes. Esa capacidad de adaptación resulta relevante frente a enfermedades y cambios en las condiciones ambientales.
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En Europa, las agrupaciones que persisten en libertad conservan subespecies que se volvieron poco frecuentes. En Gran Bretaña, algunas colonias de abejas que viven en libertad conservan características genéticas similares a las de la abeja melífera europea, sin embargo, esta variedad recibió poca atención de la apicultura durante mucho tiempo.
Kohl sostuvo que “las abejas silvestres gozan de una enorme diversidad genética”. De acuerdo con el estudio, esa variación podría beneficiar a la actividad apícola, ya que las poblaciones manejadas pueden aprovechar características desarrolladas en libertad frente a enfermedades o condiciones del entorno.

La UICN considera silvestre a una población de una especie con ejemplares tanto cautivos como libres cuando puede evitar la extinción durante 10 años sin intervención humana. Con ese criterio, las comunidades de abejas melíferas que viven fuera de los apiarios fueron evaluadas de manera independiente en la Unión Europea.
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Los investigadores atribuyen el descenso a varios factores, entre ellos figura la pérdida continua de hábitats por el uso intensivo del suelo y la expansión urbana. La desaparición de árboles viejos, que ofrecen huecos naturales para los nidos, también limita las posibilidades de asentamiento.
La reducción de paisajes naturales disminuye, además, la disponibilidad de polen y néctar. Esa escasez dificulta la supervivencia de las colonias durante el invierno. Las abejas alojadas en apiarios cuentan con colmenas artificiales y pueden recibir alimento cuando escasean los recursos.

Los patógenos, las especies invasoras y la exposición a pesticidas también afectan la capacidad de supervivencia. El estudio señala que las prácticas vinculadas al comercio y a la cría mundial pueden reducir la adaptación genética de las poblaciones que viven en libertad.
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Aunque la situación en la Unión Europea fue clasificada como crítica, no existen datos suficientes para evaluar el conjunto del continente. Por ese motivo, la especie figura por ahora con la categoría de “datos insuficientes” en toda Europa.
Los especialistas consideran, sin embargo, que en diversas regiones las agrupaciones se han reducido o desaparecieron de forma local. “Estas colonias necesitan árboles viejos con huecos adecuados, una fuente de alimento diversa y estructuras naturales”, afirmó Rutschmann.
El equipo propone un monitoreo sistemático y medidas específicas de protección, ya que las abejas silvestres polinizan plantas forestales y se relacionan con especies que dependen de sus nidos, como el piojo de la abeja y varias mariposas pequeñas.
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