A Diómedes Delgado no lo despedirán solamente en un cementerio. Su cuerpo será cremado; una parte de sus cenizas será llevada hasta el río Portoviejo (Manabí), el lugar que guarda sus raíces, y otra será esparcida en el río Guayas, en Guayaquil, la ciudad donde encontró escenarios, personajes y una parte importante de su vida artística.
La mañana del viernes 25 de septiembre se confirmó la muerte del actor y comediante ecuatoriano, recordado durante décadas por interpretar a Fresco Solo, el payaso de la compañía Sumesa que convirtió una frase publicitaria en parte de la memoria de varias generaciones. Murió de un infarto, según contó su hermano Stalin, durante una conversación telefónica.
Al otro lado de la llamada, Stalin no habla solamente del artista. Habla del hermano mayor, del hombre con quien compartió la infancia, escenarios y años de una vida que ahora intenta ordenar a través de los recuerdos.
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“Como persona, excelentísima persona”, dice Stalin. Lo repite varias veces. Parece haber encontrado la manera de resumirlo.
Después agrega: “No es porque sea mi hermano, pero tengo que decir la verdad. Excelente persona”.
Stalin recuerda primero al hombre, después al personaje
Diómedes era el mayor de cinco hermanos. Ahora quedan cuatro.
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Stalin habla de él como alguien que parecía tener siempre una sonrisa disponible. Era alegre, jovial, carismático. Pero hay algo que repite con especial énfasis: sabía conversar.
No importaba quién estuviera frente a él.
“Con toda persona que se topaba, siempre le sacaba una sonrisa”, recuerda.
Esa capacidad para acercarse a los demás terminó siendo una de las características que hicieron reconocible a Diómedes.
Pero para Stalin existe una diferencia importante: el personaje no estaba tan lejos del hombre que lo interpretaba.
“Diómedes no tenía que inventar demasiado para convertirse en aquel payaso. Él era así”, indica.
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Y vuelve sobre esa idea: “Así como usted lo veía en los comerciales, pero desmaquillado, así era”, agrega.
Fresco Solo no terminó cuando se quitaba el maquillaje
Durante doce o quince años, Diómedes mantuvo de manera constante el personaje de Fresco Solo, aunque su relación con él se extendió por más tiempo.
Había algo en ese payaso que le resultaba natural, comenta su hermano.
Diómedes era actor, pero también hacía títeres, pintura y poesía. Era, en palabras de Stalin, un hombre “multifacético en el arte”.
Por eso, Sumesa terminó encontrando en él a la persona adecuada.
“No tenía que hacer mucho esfuerzo. Él vivía lo que hacía”, cuenta Stalin.
Y eso explicaba también por qué el personaje podía cruzar la pantalla y llegar a personas que ni siquiera eran niños.
Los pequeños lo seguían, pero también los adultos.
Stalin cuenta que Diómedes podía sentarse en una esquina y comenzar una conversación con alguien que acababa de conocer. Hablaba, escuchaba y, de alguna manera, terminaba arrancándole una sonrisa.
“Tenía el don de la palabra”, dice.
El artista que Portoviejo no alcanzó a reconocer
Stalin habla desde la memoria familiar. Diómedes nació en Portoviejo, Manabí. Allí comenzó parte de su relación con el teatro y formó parte del grupo de teatro Guion, del que también fue fundador.
Stalin estuvo en algunos de esos escenarios. Los dos compartieron el teatro.
Él también hace títeres y teatro, por lo que hubo momentos en que no fueron solamente hermanos: fueron compañeros de escenario.
“Muchas veces me tocó estar en escenarios con él”, recuerda. Habla de esos momentos como algo “maravilloso, espectacular”.
Pero en medio de la despedida aparece una frase que tiene otro peso.
“Portoviejo tal vez nunca le dio la valía que él tenía”, dice Stalin.
Diómedes tuvo que marcharse a Guayaquil para buscar oportunidades y desarrollar su carrera. Allí encontró espacios para crecer como artista y terminó convirtiéndose en uno de los rostros más reconocibles de la publicidad y el entretenimiento ecuatoriano.
Las cenizas volverán al agua
Diómedes estaba siendo velado en el cementerio de la Junta de Beneficencia de Guayaquil. Allí se realizó una misa antes de la cremación prevista para este sábado.
Después vendría la última decisión.
Parte de sus cenizas regresará a Portoviejo. Será llevada hasta el río Portoviejo, cerca de la tierra donde nació. La otra parte terminará en el río Guayas, en Guayaquil, la ciudad que también formó parte de su historia. Esa fue su voluntad.
Dos ríos para despedir a un hombre que pasó buena parte de su vida entre ciudades, escenarios y personajes.
Stalin lo recuerda como quien todavía intenta acostumbrarse a la idea de que su hermano ya no está.
Habla de lo que vivieron desde niños. De las ocasiones en que trabajaron juntos. De los escenarios compartidos.
Y después imagina dónde podría estar ahora.
“Si es verdad que existe eso del más allá, entonces allá estará alegrando a los angelitos del cielo”, dice.
Es que aquí abajo hacía reír. Aquí abajo conversaba con desconocidos hasta conseguirles una sonrisa.
Aquí abajo se ponía el traje de Fresco Solo y salía a escena.
Y ahora Stalin lo imagina haciendo lo mismo en otro lugar.
“Esa era su labor acá, llevar diversión, llevar alegría”, dice.
La voz de Stalin se detiene por momentos. Hay mucho que hablar del artista, del personaje de televisión, del payaso; pero en estos momentos él está despidiendo a su hermano. (I)