Las heridas emocionales de las personas que llegaron sin papeles: “Aquí empiezas desde cero, no eres nadie en cuestión de profesiones”

2026/07/11

"No tenía ningún pensamiento de salir". Soukaina, nacida en Marruecos, entró un día en España con lo puesto y sin planes previos tras sufrir graves episodios de violencia por haberse negado a un matrimonio forzoso. Juan, colombiano, no tenía necesidad de emigrar pero fue vigilado y perseguido por defender los derechos de la minoría LGTBIQ+. "Coges ese avión con el vacío en el pecho de que no hay punto de retorno". Su compatriota Carolina saltó el Atlántico por la extorsión de las bandas sobre su negocio y su familia. "En 15 días empaqué la maleta y me vine". Joachim se despidió de su esposa por un problema de salud cuyo tratamiento era económicamente inviable en África. "La única solución era el viaje". Ndarow, de Senegal, pronuncia dos palabras. "Somos pobres".

Todos llegaron sin papeles y viven en España, donde se encuentran en diferentes situaciones administrativas. Cuando se alude a las personas inmigrantes y solicitantes de asilo suelen olvidarse su diversidad, sus motivos, sus miedos. Un estudio de la entidad social Diaconía detallaba en 2024 que el suicidio como causa de muerte mostraba una proporcionalidad mayor entre las personas de nacionalidad extranjera que entre las españolas. La psicóloga Vilma Hidalgo, investigadora del Proyecto Zoé y coautora de ese informe, destaca el peso de la procedencia. "La muerte, la vida, el sufrimiento no tienen el mismo sentido en una cultura que en otra".

Hay migrantes africanos que tardan cuatro años en llegar a España, su puerta a Europa. Al senegalés Ndarow, 26 años, le llevó dos semanas. Navegó en un cayuco desde Mauritania. De sus cuatro días en el Atlántico recuerda la altura de las olas, la angustia al achicar agua, los llantos que pedían regresar. "Estaba con miedo porque no sé nadar". La zodiac de Joachim, 33 años, se hizo a la mar, también hacia Canarias, desde Marruecos. Antes tuvieron que recorrer a pie unos 350 kilómetros. De noche y, a partir del cuarto día, sin agua ni comida. No esperaban a quienes se descolgaban, nunca volvieron a ver a los que se perdieron, en la costa se toparon con los cadáveres que devolvía el mar. "Hay pánico general, es muy duro, puedes tener un problema de salud mental". Una embarcación que había zarpado junto a la suya fue localizada a los 19 días. Sólo siete personas seguían vivas.

"En la patera hay pánico, es muy duro, puedes tener un problema de salud mental"

Joachim

"Hay mafias, se pide rescate, esclavitud laboral, esclavitud sexual, traumas muchas veces más graves que los del país de origen", resume María Ángeles Plaza, psicóloga referente en la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). La protección internacional para personas solicitantes de asilo, los llamados refugiados, fue establecida por la ONU en 1951. En cuanto a los migrantes económicos, la Convención Internacional de 1990 recoge que todos, regulares o no, tienen unos derechos básicos. Los países de la Unión Europea no la han suscrito.

"Migrar es un derecho humano fundamental", reivindica Joseba Achotegui, psiquiatra y profesor de la Universidad de Barcelona. En 1994 abrió el primer dispensario para inmigrantes en esa ciudad. Allí ha atendido a más de 6.000 personas, allí ha sido testigo de cómo la documentación cobró importancia hacia el año 2000, cuando la UE desarrolló el control de sus fronteras.

Acaba la travesía, comienza la espera. Una semana pasó Juan casi encerrado en el aeropuerto, once duros meses permaneció Soukaina en el CETI de Ceuta. Emerge el desarraigo. "15 días después de aterrizar sentía el vacío emocional y del entorno, no tenía a quién saludar", rememora Carolina. Aparece el duelo migratorio por la pérdida de todo lo que se dejó atrás.

Juan y, enmarcados, algunos de sus diseños de moda para videojuegos

Juan y, enmarcados, algunos de sus diseños de moda para videojuegosÁngel NavarreteEL MUNDO

Joseba Achotegui definió en 2002 el síndrome de Ulises como un síndrome con estrés crónico y múltiple que afecta a los emigrantes que atraviesan situaciones muy adversas. "Soledad, miedo e indefensión generan un enorme sufrimiento", explica sobre esos casos. Llama a distinguir el duelo migratorio no grave de un trastorno mental porque "no es lo mismo pasarlo mal que estar enfermo". María Ángeles Plaza (CEAR) aporta un matiz sobre los refugiados. "Las personas migrantes tienen un proyecto, están construyendo; a las refugiadas les han roto su proyecto, tienen que reconstruir de las cenizas otro que la mayoría de las veces no va a ser ni la mitad de bueno".

Los desafíos de la exclusión

El equipaje vital que Soukaina, Juan, Carolina, Joachim y Ndarow trajeron a España se ha transformado. Vilma Hidalgo (Diaconía) habla de renuncias y apropiaciones culturales que "van construyendo la identidad porque no somos fragmentos, somos un todo". En sus maletas se cuelan nuevos problemas. "Si no estás empadronado o no tienes documentos, no existes. Cuando llegamos sin documentación somos un número", describe Carolina. Personas reducidas a cifras. El profesor Achotegui se inspiró en la Odisea para dar el nombre de Ulises a ese duelo migratorio grave. De la epopeya homérica rescata una frase del héroe migrante: "Nadie es mi nombre". ¿Qué siente hoy una persona sin nombre? "Que no tiene dignidad, la humillación está muy ligada también con los trastornos mentales", precisa.

Vilma Hidalgo (Diaconía) concreta que la situación irregular es un "altísimo" factor de riesgo de ideación suicida porque la desconfianza limita el acceso a la atención médica. María Ángeles Plaza subraya la "vulnerabilidad muy fuerte" de quienes ven denegada su petición de asilo. Pierden las ayudas, la consideración social -superior a la del inmigrante económico-, y reciben un mensaje desalentador. "No creemos lo que te ha pasado o no es suficientemente grave. Lo contrario a lo que se recomienda para cualquier ser humano que ha sufrido un trauma: validar, creer, no juzgar".

Migrantes y solicitantes de asilo quizá compartan el viaje, pero transitan por caminos administrativos paralelos que a veces confluyen. En 2025 España aceptó casi 18.000 resoluciones de protección internacional, el 11'2% de las presentadas. A otro 36,8% se le otorgó la protección por razones humanitarias, que es temporal y de rango inferior. La otra mitad, unas 85.000 personas, cayó al limbo de la irregularidad, a la espera de una regularización masiva como la que acaba de cerrarse.

"Una persona sin nombre siente que no tiene dignidad, la humillación está muy unida a los trastornos mentales"

Joseba Achotegui, psiquiatra

Joachim no conoce en persona a sus hijos mellizos, en octubre cumplirán tres años. La tecnología facilita el contacto pero no sortea todas las fronteras. María Ángeles Plaza llama la atención sobre la difícil infancia y adolescencia de los hijos de refugiados. "Construyen su identidad alejados de su entorno; los chavales ucranianos, con la madre aquí y el padre en el frente".

Tampoco desaparece la preocupación por la situación de la familia en el país de origen. "Voy a ganar mucho dinero", pensaba Ndarow con la intención de enviar una parte. Pero las expectativas inmediatas naufragan. Encofrador en Senegal, se ha formado en panadería y busca empleo. Joachim, sociólogo en su país, trabaja en lo que encuentra. Juan, director creativo, hizo de camarero. Carolina había estudiado diseño para la industria de la moda en el SENA colombiano y tenía experiencia como empresaria. En España vendió bollos de pan, cuidó abuelos, lavó platos, limpió aseos. "Aquí empiezas desde cero: no eres abogado, no eres médico, no eres nadie en cuestión de profesiones", recapitula.

"El suicidio es multicausal", recuerda Vilma Hidalgo, "y la pérdida de estatus es una piedra que se suma al saco y pesa mucho, porque la formación previa ha supuesto sacrificios y renuncias que pierden valor". Como ocurre con los nacidos en España, la vivienda supone otro problema casi insalvable. Ndarow pasó varias noches en la calle. Hoy, al igual que Joachim, pernocta en las dependencias de una parroquia de la Mesa de la Hospitalidad promovida por el Arzobispado de Madrid. Entidades del ámbito religioso se han unido a esta iniciativa para responder a la emergencia social, la acogida y la integración. Una línea de actuación bendecida por León XVI en su visita a España. Y es que la precarización incrementa la posibilidad de un deterioro de la salud mental.

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Los límites de la resiliencia

Pese a lo anterior, los expertos consultados coinciden en que los migrantes y los solicitantes de asilo constituyen en general un colectivo resiliente gracias precisamente a su propósito de abrirse paso. "El emigrante a veces lo pasa tan mal que se olvida hasta de sus emociones", apunta el psiquiatra Achotegui. Pero la suma de traumas en su equipaje vital erosiona esa coraza. Un problema personal le hizo ver a Carolina que arrastraba una depresión desde años atrás. "Decía 'no aguanto más, no quiero vivir'". La atención profesional y una terapia de grupo le ayudaron a salir a flote.

"En la vida de un solicitante de protección internacional todo es incertidumbre", señala María Ángeles Plaza (CEAR), y eso puede conducir a "profundos estados de desesperanza". A Soukaina, paradójicamente, los papeles nunca le importaron. "Lo que buscaba era un lugar donde ser libre, sentirme segura". Sí confiesa que tuvo miedo a alcanzar su límite emocional, a tocar fondo, a no poder más. La sentían, cuenta, "seca como una piedra". La psicóloga Laura Rosa Martínez y la trabajadora social Zainab El Kjiji, de CEAR, trabajaron con ella el vínculo y la integración para rescatarla de la depresión y de una posible ideación suicida.

"Lo que buscaba era un lugar donde ser libre, sentirme segura"

Soukaina

Juan enfrenta un nuevo proceso judicial y administrativo que lo mantiene en seguimiento psicológico y psiquiátrico porque en España ha sufrido, otra vez, "una vulneración de derechos fundamentales" por la que ha demandado a su última empresa. "Es un proceso constante de ruptura y de volver a reconstruirse, microprocesos que hacen parte de lo que llamamos vida", describe. Laura Carrillo, la psicóloga de CEAR que le ha acompañado, lo corrobora. "Trabajamos mucho con la idea de que ese proceso no es lineal, sino dinámico".

El primer asidero, dice Juan, es encontrar una red de apoyo, alguien a quien llamar si te asalta la ansiedad. Vilma Hidalgo, de Diaconía, apela a que todos formemos esas redes y las asocia a otros dos conceptos: permitir participación, generar pertenencia. Las estructuras, añade, tienen que facilitarlo puesto que la inclusión y la exclusión son bidireccionales y recíprocas. "En la medida en que me excluyen, no me siento parte y me separo. En la medida en que me incluyen, me acerco".

La psicóloga María Ángeles Plaza, de CEAR, también acentúa el valor del apoyo percibido por el migrante y recomienda los grupos de autoayuda para compartir experiencias o denunciar discriminaciones. Sostiene que la integración de los refugiados pasa por la "verdad" de escuchar su testimonio, la "justicia" que reequilibre sus creencias sobre el mundo y la "reparación" de unas políticas más amables.

A partir de su amplísima experiencia, Joseba Achotegui invita a la sociedad a evitar que el inmigrante se aísle. A dejarle hacer porque eso eleva su autoestima. Y a reforzar sus motivaciones. "Las personas necesitan un sentido, y más cuando sufren mucho, eso evita la desesperanza".

Sueños renovados

"Mi sueño es ayudar a mi familia", asegura Ndarow. Joachim ansía conocer a sus hijos, vivir en familia, y planea escribir un libro sobre este viaje que define como "una lucha". Defraudado por la falta de integración real en su última empresa, Juan crea un proyecto para llevar la moda a los videojuegos mientras trabaja su reconstrucción personal. "He aprendido a tener un diálogo interno muy coherente para no hundirme, aprendí a abrazar mi vulnerabilidad", concluye.

El negocio que Carolina desmontó en Colombia renace en España gracias al programa 'Relanzados', de Diaconía, para convertir ideas en proyectos empresariales. La emprendedora que nunca dejó de aprender ha desarrollado Ferraro Trending, un atelier de sastrería, diseño textil, estampados y producción. "Estoy en la mitad del camino", apunta, porque aspira a crear una asociación que abarque todas las necesidades que ella tuvo al llegar.

Soukaina, por último, ha aprendido que es una persona más fuerte de lo que esperaba, capaz de "llorar y reír con los demás". Llegó con lo puesto y ha enriquecido su equipaje de vida con una enseñanza. "Hay que creer en uno mismo y tener sueños para poder avanzar. Si no sueñas, no puedes seguir adelante".

Este reportaje forma parte del proyecto 'Once vidas' impulsado por EL MUNDO para la prevención del suicidio, del que forman parte Rafael Álvarez, Yaiza Perera, Rebeca Yanke y Santiago Saiz.