La Alhóndiga de Granaditas baila al ritmo de la música balcánica en el 54 Festival Internacional Cervantino

2026/10/17

"Esto es música ucraniana, esto es música alemana, esto es música mexicana", afirma Mark Marczyk, fundador de la Lemon Bucket Orkestra, que ayer en la noche se presentó en la explanada de la Alhóndiga de Granaditas, en el último fin de semana del 54 Festival Internacional Cervantino.

"México, déjame escucharte", dice durante la interpretación de una canción que recuerda a una danza tradicional y se abre paso hacia el punk y el ska para luego transitar hacia el jazz, mientras hielo seco envuelve el escenario y el público baila de pie, levantando un puño y otro hacia el aire.

El percusionista Óscar Lambarri, integrante mexicano de la banda conformada en Canadá, explica que el setlist se improvisó sobre la marcha. "Nunca tenemos preparado bien exactamente qué es lo que vamos a hacer cada noche", detalla.

"A nosotros nos gusta alimentarnos un poco de la energía del público y darles lo que nos están pidiendo. Si sentimos que el público quiere algo rápido y fuerte, hacemos eso. Y si quieren algo un poco más romántico, más tranquilo, también podemos hacer eso. Todos los conciertos se basan en cómo nos vamos sintiendo".

Foto: Hugo Salvador/EL UNIVERSAL.

Foto: Hugo Salvador/EL UNIVERSAL.

Además, en el repertorio se incluyeron canciones nuevas que dan cuenta de sus influencias plurales: klezmer, jazz, samba, punk, metal, brass de Nueva Orleans, música de banda mexicana, cumbia... Es inevitable ignorar la conexión entre los metales de la polka y la música mexicana y es inevitable no sentir el impulso de bailar mientras toman el escenario.

Lambarri continúa: "Me he dedicado a enseñarles nuestra música bonita de México, desde el son jarocho hasta el mariachi y la música de banda, también en Oaxaca hay una música preciosa. He estado tratando poco a poco de llenar sus influencias con mis raíces. Estamos muy emocionados por empezar a descubrir un poco más estos rangos mexicanos y empezarlos a integrar también en nuestra música".

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Es la primera vez que todos, salvo Lambarri, están en México. Y él recuerda que cuando era muy pequeño, durante el Cervantino, caminaba por las calles con guitarras y tambores.

Foto: Hugo Salvador/EL UNIVERSAL.

Foto: Hugo Salvador/EL UNIVERSAL.

En la entrevista dice que a veces, al viajar, es sorprendente ver "que en algunos países donde se habla una lengua totalmente diferente y comen una comida que no es nuestra fabulosa comida mexicana, después de estar escuchando la música te das cuenta que hay más cosas que nos hacen similares que las que nos separan. Por ejemplo, el mariachi se parece mucho a la música de Serbia".

La Lemon Bucket Orkestra tiene algo de canto tradicional, de una canción que ha transitado de generación en generación, y para ello, como señala Lambarri, no es necesario hablar la misma lengua que el espectador. Algo de canción ancestral que repunta, asciende y es tomada por el punk y la polka; algo de clima heroico, como si invocaran la memoria de hordas de familias sentadas a la mesa, preparándose para salir e iniciar un festín que se alargará hasta la madrugada. La prueba de que la música tiene la capacidad de abrirle las puertas a la reivindicación cultural sin la gravedad de las fronteras.

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Foto: Hugo Salvador/EL UNIVERSAL.

Foto: Hugo Salvador/EL UNIVERSAL.

"Todos aquí pelean por la paz", son algunas palabras de Marczyk al público que se conectan con lo que horas atrás le dijo a la prensa:

"El país con el que estoy alineado y con el que hemos estado alineados en los últimos 10 años ha sido Ucrania porque tiene una posición muy particular, a nivel global, como la que está al frente de la lucha por la democracia. Es algo con lo que muchas personas en el mundo se conectaron. No hay muchas situaciones políticas en las que las cosas sean negras y blancas, pero en este escenario son muy negras y muy blancas, hay un agresor claro, un ataque claro, y asesinatos claros, motivados por hambre, manipulación, tiranía. Y deciden que están luchando por la libertad de sus pueblos para existir en su tierra en paz".

"En ese sentido, es muy fácil para nosotros tomar una posición política, pero no es tan fácil para todas las diferentes culturas que dibujamos (...) Creo que el mensaje final es que todos nosotros queremos unirnos bajo cielos pacíficos, celebrar, empoderarnos. Incluso, cuando vivimos eventos terribles, dolorosos y traumáticos en nuestras vidas, todavía tenemos la opción de unirnos, celebrar y sentirnos empoderados por nuestra coexistencia en el planeta", concluye.

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