Lloviendo sobre mojado

2026/09/16

Estado, empresa y sociedad

Seamos realistas, las circunstancias del país demandan además de la unidad nacional, una gran dosis de liderazgo y patriotismo de todos los sectores.

Al gobierno anterior le tocó afrontar la pandemia del COVID-19 y la guerra provocada por Rusia en Ucrania que se ha extendido hasta la fecha, pero al gobierno actual le está tocando enfrentar dos retos acumulados que, juntos, podrían llegar a tener serias consecuencias para la población y la gobernabilidad del país, dependiendo de la forma en que sean manejados y superados por los guatemaltecos y su gobierno.

Por un lado, las tensiones en Medio Oriente, por la guerra de Estados Unidos en contra de Irán, región clave para la producción y distribución de energía, especialmente carburantes, ha provocado la interrupción en el suministro de petróleo y gas, que está generando volatilidad en los mercados y la elevación de los costos de combustibles y transporte.

Por otro lado, el fenómeno de El Niño evidencia cómo el clima puede convertirse en un factor económico de primer orden, porque las sequías, inundaciones y alteraciones en los ciclos agrícolas reducen la producción de alimentos, afectan las cosechas y generan escasez y un consecuente incremento en los precios de productos básicos.

La combinación de estos fenómenos, totalmente fuera de nuestro control, alimenta la inflación desde diferentes frentes. El Niño afecta la oferta de alimentos y las tensiones con Irán inciden en los mercados energéticos, repercutiendo en el costo de vida y en la capacidad adquisitiva de los hogares.

En otro orden de ideas, DIESTRA, que desde abril de 2024 viene realizando diagnósticos de percepción entre líderes de opinión sobre la gestión del gobierno y del presidente; nos comparte la décima medición a agosto pasado, que muestra un constante deterioro gubernamental que consolida una “insatisfacción generalizada que neutraliza casi por completo cualquier percepción de avance, éxito o progreso a futuro”, en donde “el gobierno enfrenta el desafío de operar bajo un escenario de pesimismo crónico”.

En contraste, el domingo pasado, el presidente de la República en alocución dirigida al pueblo de Guatemala, en una acción necesaria aunque tardía, señaló que, ante la crisis provocada por el aumento en el precio de los combustibles, el Ejecutivo ha propuesto soluciones y ve con satisfacción que el Congreso de la República aprobó una ley de precios topes, pero que un diputado ha obstaculizado su entrada en vigencia, mientras actores políticos espurios, pandilleros en unos casos y crimen organizado en otros, aprovechándose del malestar ciudadano han provocado bloqueos y acciones violentas que buscan sembrar el caos y el desorden para intentar desestabilizar al país. Enfatizó que como nación estamos enfrentando una situación compleja derivada de condiciones internacionales fuera de nuestro control pero que la unidad en equidad y armonía “nos hace invencibles”, porque “no hay adversidad que no podamos superar”.

Mensaje optimista, pero en solitario, sobre todo si, como publicó, CB GLOBAL DATA en el ranking mensual de presidentes de América Latina a septiembre de 2026, lamentablemente el presidente de Guatemala se ubica en el último lugar de los 18 mandatarios de la región, con apenas 28.2% de aprobación.

Seamos realistas, las circunstancias del país demandan además de la unidad nacional, una gran dosis de liderazgo y patriotismo de todos los sectores y no más insensatas luchas politiqueras de poder, porque no estamos para eso; urge la participación y concertación pública y privada, dejando para el año próximo la contienda electoral que se avecina, dado que no hay tiempo que perder para afrontar exitosamente la crisis sobrevenida. En este mes de la Patria.

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