Lorena Vega: “Siempre tuve un motor bastante encendido” | El Dia

2026/08/28

Por momentos, la sensación es que Lorena Vega pasó de ser el secreto mejor guardado del under a una figura que está en todos lados. En Calle Corrientes con “Sottovoce”, de jueves a domingo en El Nacional, con Adrián Suar y Carla Peterson; en septiembre sigue con “Imprenteros de Lorena Vega y hnos” (en el Picadero), la obra de teatro documental que revisita el lugar perdido por tres hermanos, los Vega; y también vuelven los domingos de septiembre las funciones de “Las cautivas”, la obra de Mariano Tenconi Blanco que protagoniza con Laura Paredes hace un par de temporadas, siempre a sala llena (en el Teatro San Martín). Todo esto lo complementa con el rodaje de la tercera temporada de “En el barro”, en curso ahora, la serie que la llevó a la masividad junto a la psicóloga de “Envidiosa”, sus dos papeles para Netflix.

¿Agotado solo de leer? Hay más: este jueves estrenó una nueva película: “Lu y Pau”, la nueva aventura de Nicanor Loreti, que Vega coprotagoniza con Jazmín Stuart y que se puede ver todos los días a las 20.30 en el porteño Cine Gaumont.

Es otra propuesta al filo de los géneros para Loreti, que comienza cuando Jessi está a punto de ir presa por diez años. Pero Lu y Pau, su hermana y su mejor amiga, tienen un plan: asaltar tres financieras en un solo día para juntar dólares y coimear al fiscal. Un planazo. Dos mujeres, un coche, cero planes.

Es una comedia negra, también un thriller de asaltos, también una película que juega al bizarro. Y algo de eso le interesó a Vega para aceptar el papel. También, claro, que quien trajo la propuesta fue su amigo: “A Nicanor lo conozco desde antes de que hiciera su ópera prima, hemos trabajado juntos en otras películas, hemos pensado juntos cosas de sus películas… Es un amigo, cuya carrera conozco muy de cerca, somos parte de un mismo entorno. Y Nicanor me dijo que tenía que salir a filmar ya, si no, no la podía hacer, y me dijo que necesitaba una amiga para hacer uno de los papeles. Yo leí el guion, me encantó la propuesta, trabajar con Jazmín (Stuart, su coprotagonista), el guion era muy divertido, iba a conocer Misiones y podía seguir haciendo teatro… Pero yo hubiera hecho lo que me pidiera Nicanor”, cuenta Vega, en diálogo con EL DIA.

Es que la propuesta juntaba dos cuestiones que son parte de la manera en que Vega concibe el trabajo: hacer en comunidad y jugar. “Me interesa lo lúdico, y es parte de la forma en que hago las cosas. Ahora quizás se conoce más lo que hago por propuestas como ‘Envidiosa’ o ‘En el barro’, pero incluso ahí está lo lúdico también: para mi es una manera de estar, toda la vida trabajé en entornos donde hay un vínculo de amistad, de comunidad, con gente con la que tenemos ganas de trabajar juntos. Es la forma en la que yo entiendo la creación: juntarse con gente con la que tenés un mismo lenguaje o con la que querés formar un nuevo lenguaje. Creo que el mejor ejemplo son las bandas de rock: se juntan porque pueden hablar el mismo idioma a través de la música. Y con la actuación pasa algo similar”.

Jugar, dice sin embargo, es algo que no siempre fue habilitado para las mujeres. No del todo, no todos los juegos. De hecho, Loreti trabajó en su cine principalmente con figuras masculinas para sus antihéroes, aunque hace un par de filmes viene incorporando a la protagonista femenina. A Vega le interesó de su guion, de hecho, poder hacer una “buddy movie”, el género de las parejas desparejas (“hay un personaje más cerebral y otro más disparatado, y ese juego va cambiando”), pero entre mujeres. “Y esta mezcla de comedia negra, medio thriller, medio bizarro, medio guarango, tiene un montón de permisos para jugar que siempre son habilitados para los varones”. Vega dice que tal vez ella haya tenido que ver: cuando Loreti le mostró el guion de su primera película, “Diablo”, ella le pidió ser la protagonista. Pero él dijo que ya tenía a Juan Palomino para el papel, aunque, dice la actriz, quizás le quedó picando algo en la cabeza, la posibilidad de que ese protagonista hipermasculino pudiera ser también una mujer.

Un envión

La difusión del estreno de “Lu y Pau” es apenas una de las actividades en el calendario de Vega estos días de torbellino. La llaman de todos lados por su presencia en Netflix, es referente absoluta del teatro independiente, pero, de todos modos, ella dice que siempre, hasta cuando nadie la conocía, era de hacer mucho.

“Siempre tuve un motor bastante encendido, desde chica, no es nuevo estar en varias cosas a la vez”, cuenta. Y además, explica, “siempre estuvo la necesidad de trabajar. Las dos han ido bastante de la mano, entre la precarización laboral y mi predisposición… Ahora, en un momento muy difícil del mercado, a mi me está yendo bien, tengo trabajo en continuidad. Pero siempre estuve en otra situación, y por eso siempre tuve que trabajar mucho. Pero me gusta hacerlo, y siempre le di mucho espacio, aún cuando no ganaba plata, cuando en vez de combinar una obra con sueldo y una cooperativa, hacía todas en cooperativa. Y eso hacía que a veces no tuviera dinero”.

“Hoy estoy en proyectos que son muy buenos, y por eso duran en el tiempo: son obras queridas por el público, siguen en pie porque la gente las va a ver”, agrega. “Y en este último tiempo, la popularidad que gané en las series hizo que el público se renovara, eso generó un nuevo envión”.

- Es un momento complicado para muchos, y también para los actores, como decías. Pero el teatro sigue vivo, llevando mucha gente cada fin de semana, con propuestas muy importantes.

- El teatro está vivo, está en movimiento, pero sucede hace muchos años: el teatro independiente tiene una actividad muy poderosa, que ya ahora cuenta con varias generaciones. Y lo que pone eso en evidencia es la cantidad de actores más populares haciendo teatro. Eso tiene varias explicaciones, pero una es la falta de oportunidades en el audiovisual: ya sabemos que se redujo a lo que hacen las plataformas, que los concursos del INCAA son acotados y toda esa producción de cine nacional que teníamos, que era una rueda girando, se detuvo. Y cuando empezás a hacer teatro, te enganchás y querés continuar, porque es un espacio de encuentro muy poderoso. Y eso también discute con la actualidad, estamos muy revisando la falta de comunicación, la comunicación intervenida por los dispositivos, si los que escuchamos son realmente los que hablan o es IA… El teatro tiene ese espacio, un poco como el fútbol: un lugar que es a tracción sangre, es contundente y se mueve otra fibra que es irreemplazable. Yo creo en eso.

Para mí la creación es juntarse con gente con la que tenés un mismo lenguaje o con la que querés formar un nuevo lenguaje”

Lorena Vega, actriz

- Como alguien que ha transitado el cine, después de estos años de parálisis, ¿el cine nacional puede resurgir?

- Se ha destruido mucho, sí. Va a costar, también. Pero yo apuesto a que esto cambie, que no siga esta gestión con su propuesta de mercado y de total ausencia del Estado generando impulso, generando apoyo a todo aquello que de otra manera no puede funcionar. Ahora, si solo fomentás lo que llena la sala… no es que sean malos, pero ahí hay una sola manera, un discurso. Si no ampliás el discurso, se cuenta una sola historia, y hay diferentes maneras de narrar el mundo en que vivimos. Y si narramos de una sola manera, se piensa que hay una sola manera de estar en el mundo: eso es lo que me parece importante de la diversidad. El teatro permite más esa diversidad porque tiene otros costos, aunque costos tiene, pero en el cine es más difícil la iniciativa independiente.

- Para desfinanciar el cine se instaló la idea de que nadie lo ve. Pero en paralelo hubo muchísimas series y películas argentinas exitosas en plataformas…

- Hay que ver quién lo dice y desde dónde, eso de que no hay público. Es una tarea dar a conocer lo que se hace, difundir por fuera de las grandes empresas de multimedios, y si no tenés ese aparato de difusión hay que encontrar la manera de llegar: estoy segura de que si algunas películas argentinas tuvieran ese apoyo, en la difusión, en la creación de espacios de exhibición, de circuitos, para que todas las comunidades puedan llegar al cine, seguramente habría más público. Pero todo eso requiere de recursos, organización, y de una idea de que eso es importante: detrás de eso está la idea de mundo que uno tiene. Es pensar al cine como un producto de mercado o como un bien cultural, esa es la diferencia. No lo digo como una idea hippie: pienso que aunque una sala no esté llena, si fueron 100 personas, son 100 personas valiosas, es importante que hayan podido ver una propuesta artística. No me parece que la cuenta tenga que ver con la cantidad de gente, y seguramente si hay más difusión habrá más cantidad de gente.

- Hablando de cantidad de gente, pasaste de ser una referente del under a una actriz de proyectos de gran masividad en las plataformas. ¿Cómo te llevás con esa masividad?

- Creo que desde afuera hay ideas, o la gente se imagina cosas que no son tan así… Supongo que alimentan cierta hipótesis de glamour, no sé (risas). Pero yo hago bastante lo mismo que antes, te diría que peor, porque estoy más exigida, tengo más pedidos, más requerimientos, no doy abasto… Pero la verdad, más que que me pidan una foto, o que me griten cosas por la calle, que me gusta mucho, o que los diseñadores de ropa me ofrezcan con mucho amor sus creaciones para cuando tengo que dar a conocer alguna serie, no hay mucho cambio. Es más la exigencia que otra cosa. Yo, aunque llego corriendo voy y hago mi función, trato de irme a dormir temprano para cuidar la garganta para filmar al otro día… Y cada tanto trato de ir a un cumpleaños porque si no, no es vida: me encanta trabajar pero también necesito recargar cartuchos de otra índole. Todo es alimento, lo espiritual, la comunidad, la risa también es alimento, así que trato de darme esos espacios cuando puedo.

- ¿Y por que ante esa exigencia que atravesó elegís seguir sosteniendo trabajos independientes, donde todo es más a pulmón?

- Bueno, porque es mi lugar de pertenencia, es donde me identifico, donde están las obras que hablan de mi manera de crear, de la forma que yo pienso que hay que hacer las cosas.

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