
La mermelada es uno de los productos más comunes en los desayunos de los españoles. De fresa, melocotón, albaricoque o frutos rojos, estas conservas dulces aparecen en tostadas, bizcochos, yogures y otras muchas delicias, bocados dulces perfectos para empezar el día con buen pie. Sin embargo, lo que muchos consideran un producto saludable por el simple hecho de contener fruta es a veces todo lo contrario.
En muchas ocasiones, estas conservas se elaboran con una elevada cantidad de jarabes y aditivos artificiales, por no hablar de la presencia innecesaria de edulcorantes y la notable ausencia de fruta fresca real. Por todo ello, saber leer la letra pequeña del etiquetado de nuestras mermeladas es clave para diferenciar una opción interesante de una prescindible.
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Los expertos de Pazo de Vilane, una granja de Antas de Ulla, Lugo, dedicada a la elaboración de confituras artesanales, analizan las trampas más comunes del etiquetado y nos comparten una guía esencial para identificar la mejor opción en el supermercado, tanto para nuestra salud como para nuestro paladar. Estas son las cinco claves que debes tener en cuenta al añadir mermelada a nuestra cesta de la compra.
“No todos los endulzantes son iguales”, avisan desde Pazo de Vilane. Lo ideal es evitar los productos que listan ‘azúcares’ en plural en sus ingredientes, ya que este término suele camuflar jarabe de maíz de alta fructosa, glucosa u otros derivados procesados que alteran los niveles de glucosa en sangre. “La opción correcta debe especificar el uso de azúcar tradicional, en un porcentaje lógico, o, mejor aún, el propio azúcar natural de la fruta”, aseguran.
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Leer en el etiquetado el término “extra” nos hace suponer que estamos ante un reclamo de marketing, pero nada más lejos de la realidad. Esta palabra es “una categoría legal estricta”, y los productos que la contienen deben cumplir una serie de características. “Mientras que la mermelada extra exige un mínimo del 50% de fruta por cada kilo de producto terminado, en la estándar solo se garantiza un 30% de fruta, el mínimo legal permitido”.
La regla del 70%: la fruta debe mandar
Fijarnos bien en la lista de ingredientes es imprescindible para elegir una mermelada que se adecúe a nuestros gustos y necesidades. Como ya sabemos, el orden de los ingredientes en la etiqueta indica su cantidad, de mayor a menor; por tanto, “la fruta debe aparecer siempre en primer lugar”. Aunque la ley es permisiva con los mínimos, los lineales ya ofrecen confituras que superan el 70% de fruta de temporada, reduciendo drásticamente la necesidad de azúcares añadidos.
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En el ámbito de la nutrición y la gastronomía, “el “menos es más es una regla de oro”. En opinión de los expertos de Pazo de Vilane, una mermelada de calidad no debe incluir nada más que fruta, una cantidad mínima de azúcar y espesantes naturales como la pectina (presente en la propia fruta). Ocasionalmente, puede incorporar zumo de limón como conservante natural. Si detectas colorantes o conservantes artificiales, descártala.
Elegir una mermelada elaborada con frutas nacionales garantiza que el cultivo ha seguido las normativas de seguridad alimentaria locales y europeas. “Apostar por el kilómetro cero no solo beneficia al organismo al consumir materia prima recolectada en su punto óptimo, sino que favorece el desarrollo de las zonas rurales y reduce la huella de carbono derivada del transporte”, aseguran desde la granja gallega. No es fácil encontrar mermeladas en las que estos datos se muestren de forma específica; si encontramos alguna que así lo haga, será una buena señal.
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