Cada noche, cuando Benjamín y Max Cordero cierran su oficina, quedan cuatro computadores trabajando. Uno indexa lo que ocurre en su comunidad. Otro rastrea tendencias cada hora. Un tercero revisa qué contenido quedó obsoleto, y el cuarto construye lo que le dejaron encargado. A la mañana siguiente, los hermanos revisan los resultados, aprueban o corrigen y preparan la lista de tareas del día.
“Trabajamos hartas horas todavía, pero de otra manera: ya casi no operamos, dirigimos”, dice Max.
Esa rutina resume lo que enseñan en Imperio Agéntico, su comunidad en español con cerca de 3.800 miembros: cómo encargarles tareas a programas de inteligencia artificial y supervisar lo que hacen.
Son los llamados agentes de IA: sistemas que combinan un modelo de lenguaje, como los que están detrás de ChatGPT o Claude, con acceso a herramientas para actuar sobre un correo, una planilla o un sitio web. Según su configuración, pueden organizar un encargo en pasos, ejecutarlos y comprobar resultados.
“Antes le preguntabas cosas a la IA y te devolvía texto. El trabajo seguía siendo tuyo. Con esta generación le encargas trabajo”, dice Benjamín, de 26 años. Entre sus ejemplos están revisar correos y agendar reuniones, preparar una cotización o construir y publicar una página. “Es pasar de tener un diccionario a tener un empleado”.

La comunidad funciona en Skool, una plataforma estadounidense donde se pueden crear grupos y cobrar una membresía. También organiza los Skool Games, una competencia trimestral cuyo ranking se calcula a partir del aumento de los ingresos mensuales recurrentes que aportan los nuevos miembros.
“Salimos número 1 en la categoría de IA y tecnología, ganándole a más de 2.000 comunidades, casi todas en inglés. Partimos octavos en el mundo y en dos semanas pasamos a todos”, cuenta Benjamín. El resultado les valió una invitación a Los Ángeles para octubre, según relatan.
Durante esas semanas revisaban la tabla de posiciones varias veces al día. “Nos llamábamos a cualquier hora para ver cuánto nos faltaba para el primero. Era trabajar con el marcador encima”, dice Max. Según las cifras que entregan, en un mes la comunidad pasó de 1.514 a 2.945 miembros.
Del ebook sin ventas a la comunidad de pago

El camino empezó cuando Benjamín tenía 12 años y miraba a Max, su hermano mayor, armar blogs y negocios en Internet. Quiso hacer lo mismo y escribió un ebook en inglés sobre cómo ganar plata online. No vendió ninguna copia.
La llegada de ChatGPT le dio un tema para compartir lo que iba aprendiendo. “Cuando apareció ChatGPT empecé a subir videos, y cuando uno llegaba a 50 visitas me imaginaba una sala de clases entera escuchándome”, recuerda.
Los tutoriales también le mostraron las dificultades de quienes intentaban aplicar esas instrucciones por su cuenta. “Ver un tutorial puede entusiasmarte, pero cuando intentas hacerlo aparecen preguntas, errores y problemas propios de tu negocio”, dice.
En 2023, los hermanos abrieron una comunidad de pago llamada Imperio Digital. Partieron con un solo miembro. Durante los primeros meses perdían plata y Max ponía de su bolsillo para pagarle a la primera persona que incorporaron al equipo.
“Nunca tuvimos inversionistas: todo lo que creció, creció con lo que pagaban los miembros”, dice Benjamín.
Hoy, según las cifras que comparten, su canal de YouTube tiene 230 mil suscriptores y su video más visto es una guía gratuita de seis horas sobre Claude Code, una herramienta de programación con IA, que se acerca al millón de reproducciones.
Este año cambiaron el nombre a Imperio Agéntico para concentrarse en esos sistemas capaces de ejecutar encargos. Aprender a usarlos, dice Benjamín, exige aprender también a supervisarlos.
“Eso sí, sin humo: no es magia. Hay que aprender a dirigirlos, igual que se aprende a delegar en un empleado nuevo”.
Qué reciben quienes pagan la membresía
La membresía cuesta US$59 al mes o US$597 al año. Incluye sesiones en vivo durante la semana, donde construyen proyectos junto a los participantes, plantillas de agentes para adaptar y soporte técnico cuando algo falla. La meta que plantea el equipo es que cada miembro tenga su primer agente funcionando durante la primera semana.
El material se actualiza de manera permanente. “Lo que enseñábamos en enero, en junio ya estaba viejo. Por eso no tiene sentido aprenderse una herramienta de memoria: lo que hay que aprender es a delegar”, dice Benjamín.
Los usos varían según quién entra. De acuerdo con una encuesta interna a 1.228 miembros, el 28% busca automatizar tareas de su propio trabajo y otro 29% quiere crear un negocio vendiendo agentes a otras empresas. Los ejemplos que mencionan los hermanos son concretos: una clínica que necesita responder consultas por WhatsApp durante la noche o una barbería que quiere agendar horas sin atender el teléfono.
También conviven personas con distintos oficios y edades. Benjamín menciona contadores, kinesiólogos, adolescentes de 16 años y personas de 60 que publican sus avances y se ayudan entre sí.
En esa comunidad dedicada a la inteligencia artificial, además, está prohibido publicar mensajes escritos con ella. “Usamos agentes para operar casi todo, pero la conversación entre miembros tiene que ser entre personas. Si alguien pega una respuesta de ChatGPT para sumar puntos, se nota y se la borramos”, dice Max.
Los errores al empezar con inteligencia artificial

Max identifica dos tropiezos frecuentes entre quienes quieren emprender con estas herramientas. El primero es quedarse estudiando sin llegar a ofrecer algo.
“La gente colecciona tutoriales seis meses esperando ‘estar lista’, y el que le ganó salió en la semana dos a ofrecerle un agente a la peluquería de la esquina con algo imperfecto, que iba arreglando en el camino”, dice.
El segundo aparece cuando la herramienta ocupa el lugar del problema que se quiere resolver. “El segundo es partir por la tecnología y no por el dolor: nadie compra ‘un agente con IA’, compran ‘no perder más pacientes por WhatsApp’”.
Benjamín cree que la facilidad para construir vuelve más importante el criterio con que se elige un proyecto. “Hoy cualquiera puede hacer una app en una tarde. Lo que no te da la IA es saber qué problema vale la pena resolver, con qué criterio y cuándo algo quedó bien. Esa parte sigue siendo tuya”, dice.
En la oficina, que tiene salas llamadas Crea, Piensa y Graba, está el trofeo de los Skool Games junto a una pizarra que los hermanos borran cada mañana para ordenar el día. Para Benjamín, ese ejercicio de revisar y repartir tareas también sirve para pensar en el trabajo propio.
“La IA no compite con personas, compite con tareas. Deja de defender tu cargo y pregúntate qué parte de tu pega es de tarea y qué parte es de persona. La parte de la tarea, delégala tú primero, antes de que la delegue tu jefe”.