Blocus no se trata de un grupo organizado pero los Mossos d'Esquadra no descansan, dicen, hasta saber quiénes están detrás de los perfiles que lo reivindican. Esperan autorización judicial para reconstruir el origen de una convocatoria que, en menos de una semana, pasó de unos perfiles de TikTok a una noche de saqueos en el centro de Barcelona.
Según explican fuentes policiales a EL ESPAÑOL, los primeros indicios apuntan a una proliferación de grupos de WhatsApp y Telegram creados por "adolescentes", sin que por ahora se haya acreditado una estructura centralizada que dirigiera los ataques.
Esto es importante porque la principal hipótesis de estas fuentes es que una concentración convocada por internet terminó desbordándose con la incorporación de grupos de jóvenes que aprovecharon la aglomeración para asaltar comercios.
Los investigadores consideran que la convocatoria inicial reunió a jóvenes, menores de edad, que habían recibido los llamamientos por diferentes plataformas y que, una vez concentrados en los alrededores de Plaza Catalunya, comenzaron a actuar en pequeños grupos, algunos de los cuales se desplazaron hacia zonas comerciales.
La policía trata de determinar si existieron instrucciones comunes para cometer los saqueos o si buena parte de los participantes se sumaron a ellos conforme avanzaban los incidentes. En los chats examinados ya circulaban propuestas para robar antes del sábado, de modo que las pesquisas también deberán esclarecer quiénes las introdujeron y qué relación guardaban con los jóvenes que terminaron detenidos.
El perfil de los detenidos ha sorprendido a los propios agentes. El balance actualizado este lunes eleva a 130 los arrestados, de los cuales 76 son menores de edadt 54 adultos, estos últimos mayoritariamente jóvenes de una veintena de años.
Entre todos ellos, únicamente dos tenían antecedentes por desórdenes públicos, aunque otros 25 habían tenido problemas anteriores con la policía por hechos diferentes, según los datos difundidos por la comisaria jefe de los Mossos, Sílvia Catà.
Las fuentes consultadas destacan que entre los arrestados no figuran los perfiles multirreincidentes habituales en otros episodios de violencia callejera. Muchos de los adolescentes detenidos carecían de cualquier experiencia conocida en disturbios.
Los participantes procedían de diferentes puntos del área metropolitana y de localidades situadas fuera de Barcelona capital. Entre los municipios mencionados por las fuentes policiales destaca Granollers, en el Vallès Oriental, a unos treinta kilómetros de la ciudad.
Todavía debe esclarecerse cuántos de los implicados residían allí y qué vínculos mantenían con otros asistentes. La referencia resulta significativa porque, apenas veinticuatro horas después de los saqueos, los Mossos tuvieron que desplegar un dispositivo extraordinario en la plaza de la Porxada de Granollers ante una nueva convocatoria difundida bajo el nombre de Blocus.
Es importante entender qué es un "blocus". Es una palabra francesa que significa bloqueo; en el ámbito escolar de Francia se refiere tradicionalmente a la acción de obstruir las entradas de los colegios e institutos (mediante barricadas con contenedores de basura, vallas, pancartas y con cadenas humanas, como una forma tradicional de protesta estudiantil.
En Granollers, los agentes bloquearon accesos a la zona comercial, aunque finalmente la concentración no llegó a celebrarse y no se produjeron incidentes. La principal incógnita policial continúa siendo quién desencadenó la movilización.
Los investigadores han identificado a algunos menores que participaron en la creación y promoción de grupos de mensajería, pero todavía trabajan para determinar quién inició la convocatoria y si hubo adultos que desempeñaron algún papel en su difusión.
Una de las fuentes consultadas sostiene que, con los indicios disponibles, "no parece algo coordinado", al menos en el sentido de una organización que hubiera diseñado y dirigido conjuntamente toda la operación. La hipótesis que cobra fuerza es la de una movilización que creció mediante grupos pequeños y mensajes compartidos, hasta reunir a centenares de jóvenes entre los que algunos comenzaron a cometer saqueos.
La red de grupos
Para comprender cómo se produjo aquella concentración hay que regresar a los días 18 y 19 de octubre, cuando comenzaron a aparecer en TikTok perfiles identificados con el nombre de Blocus. La palabra, tomada del francés, remite a los bloqueos de institutos protagonizados por estudiantes en aquel país.
Los primeros carteles invitaban a los jóvenes españoles a reproducir aquellas protestas, supuestamente para reclamar mejoras educativas, y los dirigían mediante códigos QR y enlaces a grupos de WhatsApp y Telegram.
La campaña creció rápidamente. Newtral identificó antes de los disturbios más de veinte perfiles vinculados a la convocatoria, algunos creados apenas unos días antes. Una cuenta llegó a publicar 59 contenidos en 48 horas, mientras que los principales grupos de WhatsApp de Barcelona y Madrid reunían alrededor de 700 participantes cada uno.
En aquellos espacios se difundían instrucciones para acudir vestidos de negro, cubrirse el rostro y llevar determinados objetos. También comenzaron a circular propuestas para saquear establecimientos, con referencias a grandes superficies comerciales y recomendaciones para evitar la intervención policial.
Según las fuentes policiales consultadas por este periódico, los investigadores han constatado que los llamamientos al robo aparecían en las conversaciones antes de que se produjeran los altercados. De ahí que los Mossos contemplen que algunos participantes acudieran ya con intención de cometer delitos, mientras otros pudieron incorporarse a los ataques una vez iniciados.

Un joven golpea de una patada los cristales de una marquesina de autobús durante los disturbios registrados en la plaza de Cataluña de Barcelona la noche del 24 de octubre de 2026.
EFE / Alberto Estevez.
La reivindicación educativa utilizada en los carteles ha quedado relegada en las pesquisas, centradas ahora en establecer quién promovió los actos violentos y cómo se propagaron las instrucciones entre los diferentes grupos.
La propia comisaria Catà ha descrito un fenómeno protagonizado por individuos que se agrupaban en pequeños núcleos para causar daños y cometer robos, sin pertenecer necesariamente a organizaciones criminales.
La consellera de Interior, Núria Parlon, ha ido más lejos y ha defendido que la finalidad de los llamamientos era provocar disturbios y saqueos, descartando que existiera una manifestación reivindicativa en sentido estricto.
Las fuentes consultadas por EL ESPAÑOL insisten, sin embargo, en la importancia de diferenciar el acto de convocatoria de la evolución de los incidentes: la concentración pudo servir de punto de encuentro para jóvenes con motivaciones distintas y facilitar después la actuación de quienes pretendían robar.
El problema para los investigadores es determinar quién escribió cada mensaje y qué influencia tuvo sobre los participantes. La presencia de numerosas cuentas con nombres similares, administradores distintos y usuarios que podían pertenecer simultáneamente a varios grupos dificulta reconstruir una cadena de responsabilidades.
De ahí la importancia de las autorizaciones judiciales que Interior ha anunciado que solicitará para acceder a información de las plataformas e identificar a los responsables de las cuentas. La Generalitat también pretende reclamar el cierre de aquellos canales utilizados para incitar a la violencia.
La policía distingue entre quienes crearon los grupos, quienes difundieron instrucciones para cometer delitos y quienes finalmente participaron en los saqueos. La identificación de algunos promotores menores de edad constituye un primer avance, aunque todavía está pendiente conocer su relación con los detenidos en la calle.
Tampoco se ha acreditado hasta ahora la intervención de una organización política, una estructura criminal o una dirección extranjera. Las fuentes consultadas consideran que el fenómeno reproduce modelos de movilización observados en Francia, cuya estética y formas de difusión se trasladaron a España a través de las redes sociales.

Dos jóvenes encapuchados caminan junto a una barricada de bicicletas y contenedores en llamas durante los disturbios registrados en el centro de Barcelona la noche del 24 de octubre de 2026.
EFE / Alberto Estevez.
La alerta previa
Los Mossos conocían la convocatoria antes del sábado. La circulación de los mensajes había sido detectada una semana antes y el viernes 23 ya existían advertencias públicas sobre la posibilidad de incidentes. Sin embargo, la primera evaluación policial quedó muy por debajo de lo que terminaría ocurriendo.
Según publicó El País citando fuentes del cuerpo, se esperaba la presencia de unas 300 personas y un escenario de altercados leves. La policía había seguido las conversaciones, pero la magnitud de la violencia sorprendió a los responsables del dispositivo.
A las cuatro de la tarde comenzó el despliegue conjunto de 524 efectivos, entre 295 mossos y 229 agentes de la Guardia Urbana. Durante las primeras horas se practicaron centenares de identificaciones y se intervinieron objetos que podían utilizarse durante los altercados.
Hacia las seis, grupos de jóvenes encapuchados comenzaron a lanzar objetos contra los agentes, incendiar contenedores y asaltar establecimientos de los alrededores de plaza Catalunya. Los ataques se extendieron por las calles comerciales mientras los participantes se dispersaban en pequeños grupos. Los incidentes se prolongaron aproximadamente hasta las diez de la noche.
Ese desarrollo constituye uno de los principales elementos que ahora examina la policía. La concentración había sido anunciada y vigilada, pero los actos vandálicos terminaron desbordando las previsiones iniciales, en buena medida por la movilidad de los participantes y la aparición de focos simultáneos.
Los investigadores quieren establecer hasta qué punto los robos respondieron a mensajes previos y qué proporción de los asistentes se incorporó a ellos sin instrucciones concretas. La ausencia de una dirección única identificada y el escaso historial por disturbios de los arrestados refuerzan la necesidad de reconstruir individualmente las conductas.
El último balance policial sitúa en una treintena los comercios afectados por daños o saqueos. Los bomberos realizaron 33 intervenciones por incendios y ardieron 31 contenedores, mientras que los agentes levantaron 68 actas por decomisos de armas blancas, aerosoles, material pirotécnico y otros objetos.

Tres agentes antidisturbios de los Mossos d’Esquadra inspeccionan un establecimiento comercial con los escaparates destrozados y cristales esparcidos por la acera tras los disturbios registrados en Barcelona la noche del 24 de octubre de 2026.
EFE / Quique García.
Quince policías resultaron heridos, cuatro de ellos de gravedad, y el Ayuntamiento ha calculado inicialmente en 36.000 euros los daños en mobiliario urbano, una cantidad que no incluye las pérdidas económicas de los establecimientos comerciales.
La respuesta judicial ha comenzado también a concretarse. De los 54 adultos detenidos, 49 han pasado este lunes a disposición judicial. En el caso de los menores, la Fiscalía ha solicitado seis medidas de internamiento y más de veinte de libertad vigilada, acompañadas de la prohibición de asistir o aproximarse a menos de un kilómetro a reuniones y manifestaciones.
La investigación continúa ahora por dos caminos: esclarecer la responsabilidad individual de quienes participaron en los incidentes e identificar a los promotores digitales que favorecieron la movilización. Los agentes analizan imágenes, declaraciones y registros de las identificaciones practicadas el sábado, mientras esperan poder profundizar en los datos de las cuentas que difundieron los llamamientos.
También deberán comprobar si los establecimientos atacados coincidían con los objetivos mencionados previamente en las conversaciones.
La preocupación inmediata de Interior se ha desplazado al próximo sábado 31 de octubre, cuando diferentes perfiles vinculados al nombre de Blocus han vuelto a convocar concentraciones aprovechando Halloween. Se han detectado llamamientos en Barcelona, Madrid y otras ciudades, aunque con horarios y puntos de encuentro contradictorios que dificultan determinar su capacidad real de movilización.
Mientras, los investigadores de los Mossos aguardan las autorizaciones judiciales que les permitan reconstruir quién puso en marcha una movilización que terminó con 130 detenidos en Barcelona.