
Ejercicios de core infravalorados pueden cambiar una rutina repetitiva y añadir trabajo útil para la zona media más allá de las planchas y los crunches. En una guía publicada por GQ, varios movimientos aparecen como opciones para fortalecer el abdomen, ganar estabilidad y desarrollar un tronco más definido.
Muchos de los ejercicios de abdominales más conocidos ocupan siempre el mismo lugar en el entrenamiento, aunque no son la única vía para trabajar esa zona. GQ plantea que introducir variedad ayuda a sostener la motivación y a estimular los músculos desde ángulos distintos, con un efecto que va más allá de la apariencia.
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La elevación de rodillas figura entre los ejercicios que más exigen al abdomen pese a su apariencia elemental. La técnica consiste en colgarse de una barra, activar los omóplatos y la zona media, y elevar las rodillas hacia el pecho con un gesto lento, sin balanceos ni impulso.
La ejecución controlada marca la diferencia, porque el objetivo no es solo completar repeticiones. Según la explicación recogida por GQ, cuanto menos participe la inercia, mayor será el trabajo real del abdomen.
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Otro movimiento de ese primer grupo es el ejercicio antirrotación con polea, una variante que busca reforzar los músculos laterales del abdomen y la estabilidad.
Para hacerlo, la polea debe quedar a la altura de los hombros y el cuerpo debe colocarse de lado respecto a la máquina, con los brazos extendidos y tensión constante.
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Desde esa posición, el ejercicio pide alejarse con pasos laterales sin perder el control del mango ni de la línea del tronco. Después toca repetir hacia el lado contrario, con el mismo cuidado para que la resistencia obligue al cuerpo a mantenerse firme.
El levantamiento turco aparece como uno de los ejercicios más complejos del grupo. Requiere una kettlebell, coordinación entre brazos, cadera y piernas, y la capacidad de mover el cuerpo como una sola unidad para reducir el riesgo de lesión.
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La secuencia empieza boca arriba, con la pesa en una mano y el brazo extendido hacia el techo. Después hay que girar hacia el lado opuesto, apoyar la mano libre, elevar la cadera, adelantar la pierna y ponerse de pie sin bajar la carga, para luego regresar al suelo en orden inverso.
El dead bug cierra este primer grupo de ejercicios. GQ lo presenta como uno de los ejercicios más eficaces para el trabajo profundo del tronco y destaca que puede adaptarse tanto a principiantes como a personas con más experiencia.
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La versión básica se hace boca arriba, con las piernas en un ángulo de 90° y los brazos apuntando hacia arriba. A partir de ahí, se baja un brazo por detrás de la cabeza mientras se estira la pierna contraria sin que toque el suelo, y luego se alterna el lado.
Si se busca mayor dificultad, el mismo patrón permite añadir mancuernas o un disco. La utilidad del movimiento no se limita al abdomen visible, porque también refuerza la estabilidad del tronco.
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Además de estos cuatro movimientos, la guía de GQ reúne otra selección de ejercicios que distintos entrenadores consideran esenciales para desarrollar un core fuerte, mejorar la estabilidad y proteger la espalda.
El criterio no se queda en el six pack, ya que un tronco sólido interviene en casi cualquier movimiento atlético y también ayuda a proteger frente a lesiones y dolor de espalda.
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La primera recomendación de ese bloque es la extensión de espalda en silla romana. Carlson recuerda que mucha gente usa “abdominales” y “core” como si fueran lo mismo, aunque la zona media incluye también la parte baja de la espalda y, en particular, los extensores lumbares.

“Todos los gimnasios del mundo tienen una silla romana para extensión de espalda, y es un ejercicio increíble”, sostiene Luke Carlson, fundador y director ejecutivo de Discover Strength. A su juicio, funciona mejor que las máquinas de extensión de espalda porque estas no ofrecen la sujeción pélvica necesaria y terminan desplazando el esfuerzo hacia los glúteos.
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Para ejecutarlo, hay que colocar las caderas sobre la almohadilla y los pies en la plataforma con los dedos juntos y los talones separados. Carlson recomienda usar una placa contra el pecho para aumentar la resistencia, hasta 11 kilogramos, aunque aclara que quien empieza puede hacerlo solo con su peso corporal.
El entrenador también propone un ajuste técnico muy concreto. “Lo ideal es que la almohadilla sobre la que descansa tu pelvis esté lo suficientemente alta como para quedar por encima de la articulación de la cadera, casi como si se te clavara en el abdomen mientras haces el ejercicio”, explica.
La segunda recomendación es el Pallof Press, un ejercicio antirrotacional para los oblicuos que puede hacerse con cable o banda. Matthew Accetta, fisiólogo del ejercicio del Hospital for Special Surgery, defiende este patrón porque obliga al cuerpo a estabilizarse frente a fuerzas rotacionales.

“Me gusta incluir un ejercicio antirrotacional, como el Pallof Press, que ayuda a tu cuerpo a estabilizarse frente a las fuerzas rotacionales”, señala Accetta.
El especialista añade que eso protege más la columna, activa los oblicuos y mejora la capacidad de mantenerse estable, también en deportes como el golf o el tenis.
La colocación parte de una polea situada un poco por debajo de los hombros y de una posición lateral a unos 90 centímetros de la máquina. Desde ahí, con ambas manos en la agarradera y los brazos al frente, el movimiento consiste en llevar el mango hacia el pecho sin perder el control de la línea media y regresar luego al punto inicial.
Accetta subraya que puede hacerse de pie o de rodillas. Según recoge GQ, esa variación permite adaptar el ejercicio a demandas físicas diferentes.
La tercera propuesta es la rotación del torso en máquina, pensada para trabajar la rotación de forma controlada y desarrollar potencia. Carlson la presenta como una vía accesible para entrenar los oblicuos internos y externos, ya que muchas salas cuentan con una máquina de este tipo.

“Tu objetivo es girar lo máximo posible sin usar los brazos”, advierte Carlson. También remarca que este movimiento no está pensado para la parte superior del cuerpo, de modo que el trabajo debe recaer en el abdomen y no en el tirón de los brazos para ganar unos grados extra.
La última estación del recorrido es el crunch en máquina, orientado de forma directa al recto abdominal. Carlson sostiene que la posibilidad de añadir carga inclina la balanza a favor de la máquina, porque permite aplicar sobrecarga progresiva y acercarse al fallo muscular.

“Yo usaría una máquina 10 de cada 10 veces”, afirma. Para concentrar mejor el esfuerzo, aconseja no apretar con fuerza las asas y empujar los codos contra las almohadillas, una indicación que GQ recoge como cierre práctico de una guía que ordena el trabajo del tronco desde varios ángulos.